Orígenes bizantinos en Italia
Desde la Antigüedad la región meridional de Italia estuvo bajo fuerte influencia cultural y eclesial bizantina. En el siglo VIII el emperador León III trasladó la jurisdicción de la zona al Patriarca de Constantinopla, lo que favoreció la hellenización y la práctica del rito greco‑bizantino2. Con la llegada de los normandos en el siglo XI la zona volvió al Patriarcado romano, iniciándose un proceso de latinización que casi desapareció la tradición oriental hasta la llegada de los albaneses.
Migración albanesa (siglos XV‑XVIII)
Los albaneses ortodoxos, perseguidos por los otomanos, emigraron en varias oleadas (entre 1467‑1470, bajo el sultán Selim II y alrededor de 1740) estableciéndose en Calabria, Sicilia y otras regiones del sur de Italia2. Conservando su idioma albanés y sus costumbres litúrgicas, fundaron comunidades que practicaban el rito bizantino bajo la protección papal, como se recuerda en el discurso de Juan Pablo II (1982), que menciona el año 1448 como «genético» de la Iglesia albanesa de rito bizantino en Sicilia3.
Reconocimiento y creación de eparquías
A finales del siglo XIX y principios del XX, la comunidad obtuvo reconocimiento canónico: la eparquía de Lungro (Calabria) se estableció en 1919 y la eparquía de Piana degli Albanesi (Sicilia) en 19371. En 1993 el Annuario Pontificio incluyó formalmente a la Iglesia ítalo‑albanesa como una entidad sui iuris, integrando también el Exarcado monástico de Grottaferrata como parte de su estructura eclesial1.
Concilio Vaticano II y documentos papales
El Concilio Vaticano II afirmó la dignidad de los patrimonios orientales, declarando que las Iglesias orientales son «patrimonio de toda la Iglesia de Cristo» (Orientalium Ecclesiarum, 5)3. Posteriormente, Juan Pablo II subrayó el papel ecuménico de los italo‑albaneses, describiendo su rito y lengua como una «oasis de vida y espiritualidad oriental genuina» en el corazón del Occidente3. La constitución Etsi Pastoralis de Benedicto XIV ya había defendido la igualdad de los ritos orientales, prohibiendo la pretensión de superioridad del rito latino4.
