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Iglesia católica bizantina ítalo albanesa

La Iglesia católica bizantina ítalo-albanesa reúne las comunidades católicas de tradición bizantina vinculadas históricamente con los arbëreshë-los albaneses establecidos en el sur de Italia y Sicilia- y con la antigua presencia greco-bizantina italiana. Su realidad eclesial comprende principalmente las eparquías de Lungro y Piana de los Albaneses, además del Exarcado monástico de Grottaferrata, aunque estas entidades no forman una única Iglesia sui iuris en sentido jurídico estricto.1,2

La Cattedrale di Lungro costruita nel 1721
Ver información de la imagenEn honor de San Nicolás de Mira, santo patrón de Lungro, la catedral es la principal iglesia del pueblo, así como la catedral de la eparquía de Lungro, c. 2015. Original, DJVinc, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreIglesia católica bizantina ítalo albanesa
CategoríaLugar sagrado
DescripciónAgrupa a las comunidades católicas de tradición bizantinista vinculadas a los arbëreshë del sur de Italia y Sicilia, incluyendo las eparquías de Lungro y Piana de los Albaneses y el exarcado monástico de Grottaferrata, sin constituir una Iglesia sui iuris
Fecha de Aparición1993
Importancia EclesialRepresenta una de las expresiones más significativas de la presencia oriental católica en Europa occidental, mostrando la posibilidad de unidad con diversidad litúrgica y cultural.
Lugar
  • Eparquía de Lungro
  • Eparquía de Piana de los Albaneses
  • Exarcado monástico de Grottaferrata
PaísItalia
TipoIglesia, Iglesia católica de rito bizantino, comunidades italoalbanesas, Sur de Italia y Sicilia

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza eclesial

La expresión «Iglesia católica bizantina ítalo-albanesa» apareció como denominación conjunta en el Annuario Pontificio de 1993. El nombre agrupa dos realidades históricas diferentes:

  • Las comunidades propiamente ítalo-albanesas, organizadas principalmente en las eparquías de Lungro y Piana de los Albaneses.
  • La tradición ítalo-bizantina monástica de la abadía territorial de Grottaferrata, situada cerca de Roma.1

Esta agrupación facilita la descripción de la presencia católica bizantina en Italia, pero no debe confundirse con una sola Iglesia oriental autónoma dotada de una jerarquía común. Las eparquías y el exarcado tienen historias, estructuras y fundamentos jurídicos distintos.

Iglesia sui iuris

El Código de los Cánones de las Iglesias Orientales define una Iglesia sui iuris como una comunidad de fieles unida por una jerarquía conforme al derecho y reconocida expresa o tácitamente como autónoma por la autoridad suprema de la Iglesia. Esa realidad se sitúa entre las eparquías particulares, gobernadas por sus obispos, y la Iglesia universal presidida por el Romano Pontífice.2

El término rito posee un sentido más amplio que el de una simple lengua litúrgica o una costumbre ceremonial. Designa un patrimonio litúrgico, teológico, espiritual y disciplinar, configurado también por la cultura y la historia de un pueblo. Por ello, bizantino describe principalmente una tradición eclesial, mientras que albanés identifica una herencia histórica, cultural y lingüística. Ambos elementos pueden coincidir, pero no son idénticos ni inseparables.3

Tradición bizantina e identidad albanesa

El significado de «bizantino»

La tradición bizantina procede de la herencia cristiana vinculada a Constantinopla y comprende formas propias de celebración, espiritualidad, teología y disciplina. En las comunidades ítalo-albanesas, la liturgia conserva el patrimonio constantinopolitano, aunque la práctica histórica incorporó en algunos lugares elementos latinos.

La tradición bizantina no pertenece exclusivamente a una nación concreta. Existen comunidades bizantinas de diversas lenguas y orígenes étnicos. Del mismo modo, una persona de ascendencia albanesa puede conservar la identidad arbëreshe sin utilizar ya la lengua albanesa ni pertenecer a una comunidad bizantina. La Iglesia ítalo-albanesa nació de la unión histórica de ambos factores, pero no los convierte en una realidad única.

Los arbëreshë

Los arbëreshë descienden en buena medida de poblaciones cristianas albanesas procedentes de Albania, Epiro y Morea. Sus migraciones hacia el sur de Italia ocurrieron en varias etapas entre los siglos XV y XVIII. Estas comunidades fundaron o repoblaron localidades de Abruzos, Molise, Apulia, Basilicata, Calabria y Sicilia.1

La emigración estuvo relacionada con las guerras, la expansión otomana y la búsqueda de protección para poblaciones cristianas. La tradición católica recuerda especialmente la figura de Jorge Kastriota, llamado Escanderbeg, cuya resistencia frente a los otomanos marcó profundamente la memoria histórica albanesa. Los emigrantes conservaron costumbres, devociones, formas musicales y elementos lingüísticos propios, junto con la celebración según la tradición bizantina.4

Con el paso de los siglos, muchas comunidades adoptaron progresivamente la lengua italiana y algunas perdieron el uso habitual del albanés. La asimilación cultural también provocó la latinización completa de determinadas localidades. La continuidad de la tradición bizantina dependió, por tanto, de factores religiosos, demográficos y culturales, no únicamente de la ascendencia étnica.5

Antecedentes históricos

La antigua presencia griega y bizantina

El sur de Italia mantuvo durante la Antigüedad y la Alta Edad Media una intensa relación con el mundo griego. En los primeros siglos cristianos, buena parte de la población seguía formas de vida eclesial vinculadas a la tradición bizantina. La región pertenecía al Patriarcado de Roma, pero experimentó una fuerte influencia cultural y litúrgica oriental.1

Durante el siglo VIII, el emperador León III incorporó la región a la jurisdicción de Constantinopla. Las invasiones normandas del siglo XI favorecieron el retorno de esos territorios al ámbito del Patriarcado de Roma. A partir de entonces, la tradición latina avanzó de manera constante y el patrimonio bizantino perdió presencia en numerosas localidades.1

El monasterio de Grottaferrata permaneció como uno de los principales centros de continuidad de la tradición greco-bizantina en Italia. Su existencia permitió conservar una cultura cristiana particular, una liturgia propia y una memoria espiritual vinculada al Oriente cristiano.1

Llegada de las comunidades albanesas

Las comunidades albanesas llegaron a Italia en sucesivas oleadas. Antes del Concilio de Trento, dependían en la práctica del Patriarcado de Constantinopla, que enviaba ocasionalmente obispos para atender sus necesidades pastorales y conferir las órdenes sagradas.1

A partir de la segunda mitad del siglo XVI, la aplicación de las disposiciones tridentinas sobre la unidad de jurisdicción llevó a considerar a los ítalo-albaneses como fieles de rito griego -es decir, de tradición bizantina- integrados en las diócesis latinas donde residían. Esta solución administrativa no equivalió a la creación de una Iglesia albanesa autónoma dentro de la comunión católica.1

La Santa Sede creó posteriormente estructuras destinadas a garantizar la ordenación de sacerdotes para estas comunidades. En 1579 surgió en Roma la figura de un obispo ordenante sin jurisdicción territorial, vinculado al Colegio Griego. Más tarde aparecieron responsables semejantes para Calabria, en 1735, y para Sicilia, en 1787.1

Latinización y resistencia de las comunidades orientales

La política de latinización

La latinización designa la progresiva introducción de usos, normas y formas litúrgicas propias de la Iglesia latina en comunidades orientales. En el sur de Italia, ese proceso tuvo raíces medievales y se intensificó después de la reincorporación de las regiones meridionales al ámbito romano.

Tras el Concilio de Trento, las comunidades bizantinas quedaron integradas administrativamente en diócesis latinas. Diversos sínodos diocesanos promulgaron normas que favorecían la adopción de prácticas latinas. La Perbrevis instructio de Clemente VIII, publicada en 1595, se dirigió también a los ítalo-albaneses y reflejó el esfuerzo de ordenar su vida eclesial dentro de un marco predominantemente latino.1

La latinización no consistió siempre en una sustitución inmediata y completa del rito bizantino. En algunos lugares afectó a la organización parroquial, la formación del clero, la administración de los sacramentos, el calendario, la arquitectura y las devociones. En otros, produjo la desaparición gradual de la liturgia bizantina y la incorporación plena al rito romano.

Formas de resistencia

Las comunidades ítalo-albanesas defendieron durante siglos sus usos religiosos como parte de su identidad colectiva. La conservación del rito bizantino no significaba una oposición a la comunión con Roma. Para estas poblaciones, la fidelidad al papa y la conservación de la tradición constantinopolitana podían coexistir.

La resistencia adoptó formas concretas:

  • Preservación de la liturgia bizantina.
  • Mantenimiento de sacerdotes formados en la tradición oriental.
  • Transmisión de himnos, fiestas y devociones propias.
  • Conservación del albanés en la catequesis y en la vida comunitaria.
  • Defensa de iglesias, cofradías y costumbres diferenciadas.

La historia produjo también tensiones internas. La falta de obispos propios, la dependencia de autoridades latinas y la escasez de clero formado en el rito bizantino favorecieron la asimilación. Algunas comunidades conservaron la liturgia oriental, mientras otras adoptaron el rito latino o mezclaron prácticas de ambas tradiciones. Las fuentes históricas describen, además, localidades que con el tiempo quedaron completamente latinizadas.5

Renovación contemporánea

La renovación del siglo XX impulsó una valoración más positiva de las Iglesias orientales católicas y de sus tradiciones propias. El Concilio Vaticano II y el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales proporcionaron referencias teológicas y jurídicas para fortalecer la identidad oriental sin romper la comunión con la Iglesia latina ni con el Romano Pontífice.6

Juan Pablo II alentó a las eparquías ítalo-albanesas a formar al clero y a los miembros de los institutos de vida consagrada en la tradición oriental. También vinculó la renovación pastoral con la catequesis, la mistagogia -la explicación espiritual de los misterios celebrados- y la defensa de una identidad cristiana capaz de responder a la secularización.6

Organización eclesiástica

Eparquía de Lungro

La Eparquía de Lungro atiende a las comunidades ítalo-albanesas de Calabria. Su creación respondió a la necesidad de proporcionar una estructura episcopal estable a los fieles bizantinos de la región, después de siglos de dependencia de diócesis latinas y de soluciones administrativas parciales.

La eparquía reúne parroquias y comunidades que conservan la liturgia bizantina y diversos elementos de la tradición arbëreshe. Su misión incluye la celebración sacramental, la formación del clero, la transmisión de la identidad cultural y la cooperación con las diócesis latinas vecinas.

Eparquía de Piana de los Albaneses

La Eparquía de Piana de los Albaneses, en Sicilia, constituye otro centro principal de la vida ítalo-albanesa. Su sede histórica está en Piana degli Albanesi, localidad conocida también por su patrimonio religioso, artístico y lingüístico.

La catedral y las parroquias de la eparquía expresan la unión de tres dimensiones:

  1. La comunión católica bajo el sucesor de Pedro.
  2. La tradición litúrgica bizantina.
  3. La herencia histórica y cultural albanesa.

Juan Pablo II visitó la comunidad ítalo-albanesa reunida en la iglesia catedralicia de la Martorana, en Palermo, y reconoció su función como puente espiritual entre Oriente y Occidente.7

Abadía territorial de Grottaferrata

La abadía territorial de Santa María de Grottaferrata pertenece a la tradición ítalo-bizantina, pero no equivale a una eparquía ítalo-albanesa. Su carácter monástico y su régimen de abadía territorial la distinguen de las estructuras eparquiales.

Una abadía territorial exenta gobierna, dentro de un territorio determinado, de manera semejante a una diócesis, pero su origen y su configuración dependen de una comunidad monástica y de su abad. Una Iglesia sui iuris, en cambio, constituye una comunidad eclesial oriental reconocida jurídicamente y articulada por una jerarquía propia. Por ello, no resulta correcto presentar Grottaferrata como si fuera simplemente una tercera eparquía ítalo-albanesa.

La abadía conserva la liturgia bizantina, la espiritualidad monástica oriental y el patrimonio de la presencia griega en Italia. Juan Pablo II celebró allí la liturgia bizantina y relacionó la abadía con la memoria religiosa de Albania y de las comunidades ítalo-albanesas, sin borrar la diferencia entre ambas tradiciones históricas.8

Liturgia y vida sacramental

La Divina Liturgia

Las comunidades ítalo-albanesas celebran principalmente la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo y, en determinadas ocasiones, la de san Basilio el Grande. La celebración pertenece a la tradición constantinopolitana y posee una estructura teológica y espiritual propia.

Entre sus rasgos habituales figuran:

  • La centralidad de la proclamación del Evangelio.
  • El uso de iconos.
  • La presencia tradicional del iconostasio.
  • El canto litúrgico.
  • La participación de diáconos y sacerdotes en un espacio sagrado organizado según la tradición oriental.
  • La invocación del Espíritu Santo sobre los dones eucarísticos.
  • La distribución de la comunión bajo las especies de pan y vino.

La lengua litúrgica histórica fue el griego. Con el tiempo, las comunidades introdujeron el albanés y el italiano según las necesidades pastorales. La lengua, sin embargo, no define por sí sola el rito: una celebración en italiano puede conservar plenamente la tradición bizantina, mientras que una celebración en griego no convierte automáticamente a una comunidad en albanesa.

Calendario y prácticas

Las comunidades ítalo-albanesas desarrollaron algunas prácticas distintas de las observadas por otras Iglesias bizantinas. La evolución histórica provocó diferencias en el calendario, en la arquitectura y en la administración de ciertos sacramentos. Descripciones antiguas registran, por ejemplo, parroquias sin iconostasio y usos diferentes respecto a la crismación.9

Estas variaciones no eliminan la pertenencia a la tradición bizantina, pero muestran la influencia de siglos de convivencia con la Iglesia latina. La renovación contemporánea procura recuperar la coherencia del patrimonio oriental, evitando tanto la latinización innecesaria como una reconstrucción artificial desligada de la historia concreta de las comunidades.

Formación del clero e instituciones educativas

La supervivencia de las comunidades bizantinas dependió en gran medida de la formación de sacerdotes capaces de celebrar y enseñar según la tradición oriental. La falta de clero propio favoreció en varias épocas la dependencia de las diócesis latinas y aceleró la asimilación.

En Roma, el Colegio Griego de San Atanasio desempeñó una función relevante en la formación de clérigos destinados a comunidades griegas y albanesas. En Sicilia surgieron también instituciones destinadas a preparar sacerdotes y preservar la herencia bizantina. La tradición educativa incluyó seminarios, colegios y monasterios vinculados a Calabria y Sicilia.5

La formación actual necesita integrar varios elementos:

  • Teología católica.
  • Liturgia bizantina.
  • Espiritualidad oriental.
  • Lengua italiana y, cuando corresponde, albanesa.
  • Historia de las comunidades arbëreshe.
  • Capacidad pastoral en contextos marcados por la secularización y la emigración.

Patrimonio cultural y artístico

La Iglesia ítalo-albanesa ha contribuido de manera notable al patrimonio religioso del sur de Italia. Sus iglesias conservan iconos, frescos, manuscritos, ornamentos, cantos y formas arquitectónicas relacionadas con la tradición bizantina.

La cultura arbëreshe integra elementos religiosos y civiles. Las fiestas patronales, las procesiones, los cantos, los trajes tradicionales y el uso ceremonial de la lengua albanesa forman parte de una memoria colectiva transmitida durante generaciones.

Este patrimonio no tiene únicamente valor folclórico. Expresa una forma concreta de vivir la fe católica dentro de una tradición oriental y muestra la posibilidad de una comunión eclesial que no exige uniformidad litúrgica, cultural o lingüística.

Dimensión ecuménica

La ubicación de las comunidades ítalo-albanesas entre el Mediterráneo occidental y el mundo balcánico les confiere una dimensión ecuménica particular. Su liturgia y su espiritualidad poseen numerosos puntos de contacto con las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina, mientras que su comunión plena con Roma las vincula a la Iglesia católica universal.

Juan Pablo II describió a los ítalo-albaneses como una presencia llamada a desempeñar una función entre Oriente y Occidente, dentro del camino hacia la plena comunión entre los cristianos.7

La dimensión ecuménica no consiste en diluir la identidad católica ni en presentar las diferencias doctrinales como irrelevantes. Consiste en mostrar, mediante la vida litúrgica y pastoral, que la diversidad de tradiciones puede existir dentro de la comunión de la Iglesia y servir al diálogo con las Iglesias orientales separadas de Roma.

Relación entre identidad, lengua y pertenencia eclesial

La pertenencia a una comunidad ítalo-albanesa puede comprender varios grados:

  • Personas que conservan la lengua albanesa y participan en la liturgia bizantina.
  • Familias que mantienen costumbres arbëreshe aunque utilicen principalmente el italiano.
  • Fieles de ascendencia albanesa que pertenecen a parroquias latinas.
  • Comunidades de tradición bizantina cuya identidad cultural ya no coincide plenamente con la albanesa.

Esta diversidad impide reducir la Iglesia ítalo-albanesa a una institución étnica. La identidad albanesa constituye una herencia histórica decisiva, pero la Iglesia católica bizantina no depende exclusivamente de la sangre, la lengua o la nacionalidad. La tradición litúrgica, la comunión eclesial y la pertenencia concreta a una comunidad desempeñan también un papel fundamental.

Situación y desafíos actuales

Las eparquías y comunidades bizantinas afrontan desafíos semejantes a los de muchas Iglesias locales europeas:

  • Disminución de la práctica religiosa.
  • Envejecimiento de la población.
  • Emigración juvenil.
  • Pérdida progresiva de la lengua albanesa.
  • Escasez de vocaciones.
  • Reducción del número de comunidades capaces de sostener una vida litúrgica completa.
  • Riesgo de convertir la tradición en una mera expresión cultural.

La respuesta pastoral exige conservar el patrimonio sin encerrarlo en una visión puramente étnica. La catequesis debe explicar el significado de la liturgia bizantina; la formación debe preparar ministros familiarizados con la tradición oriental; y la celebración debe mantener una relación viva con la comunidad concreta.

La renovación promovida por las eparquías ítalo-albanesas ha relacionado la catequesis, la mistagogia, la formación sacerdotal y la defensa de la identidad oriental.6

Importancia histórica y eclesial

La Iglesia católica bizantina ítalo-albanesa representa una de las expresiones más significativas de la presencia oriental católica en Europa occidental. Su historia reúne:

  • La antigua herencia griega del sur de Italia.
  • La llegada de comunidades albanesas cristianas.
  • La expansión histórica de la jurisdicción latina.
  • La resistencia de las comunidades frente a la pérdida de sus tradiciones.
  • La recuperación contemporánea de la conciencia oriental.
  • La cooperación entre católicos de tradición bizantina y latina.

Su existencia recuerda que la unidad católica no exige uniformidad de rito, lengua o cultura. Al mismo tiempo, su historia muestra que la diversidad necesita estructuras jurídicas, formación adecuada y una defensa pastoral constante para evitar la desaparición de las tradiciones minoritarias.

La denominación ítalo-albanesa describe, en definitiva, una realidad histórica compleja: albanesa por su origen comunitario, bizantina por su patrimonio litúrgico y católica por su plena comunión con la Sede de Roma.

Citas y referencias

  1. Iglesia italo-albanesa, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia italo-albanesa (2015). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Iglesia sui iuris, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia sui iuris (2015). 2
  3. Péter Erdő. La coexistencia de diferentes Iglesias particulares y sui iuris en el mismo territorio dentro del marco de la plena comunión. Realidad y perspectivas. Notas sobre posibles formas del ejercicio de la primacía del gobierno, 2002, Número 1, pp. 63-85, XII (2002).
  4. Papa Juan Pablo II. A los miembros de la comunidad italo-griega y albanesa reunidos en la procatedral de la Martorana en Palermo (21 de noviembre de 1982) - Discurso, II (1982).
  5. Italo-griegos. Enciclopedia católica, Italo-griegos (1913). 2 3
  6. Papa Juan Pablo II. A los participantes del sínodo interepiscopal de las eparquías italo-albanesas (11 de enero de 2005) - Discurso, II (2005). 2 3
  7. Papa Juan Pablo II. A los miembros de la comunidad italo-griega y albanesa reunidos en la procatedral de la Martorana en Palermo (21 de noviembre de 1982) - Discurso, I (1982). 2
  8. Papa Juan Pablo II. 7 de septiembre de 1987: Liturgia bizantina en la abadía griega de Grottaferrata (Italia) - Homilía, IV (1987).
  9. Católicos griegos en América. Enciclopedia católica, Católicos griegos en América (1913).
Modificado el 12 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.04Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/hjh9749x2

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