La Iglesia católica bizantina rusa pertenece a la tradición litúrgica bizantino-eslava, también llamada en documentos pontificios rito eslavo-bizantino. Su patrimonio comprende la liturgia de san Juan Crisóstomo y de san Basilio el Grande, el uso tradicional del eslavo eclesiástico, la espiritualidad hesicasta, la veneración de los iconos, el canto litúrgico ruso y las formas de vida cristiana desarrolladas históricamente en la Rus de Kiev y en Rusia.
La palabra rusa posee aquí un sentido principalmente litúrgico, histórico y cultural. No identifica a todos los católicos de rito bizantino procedentes de territorios rusos ni equivale a la Iglesia ortodoxa rusa. Tampoco debe confundirse con las Iglesias greco-católicas ucraniana y bielorrusa, que cuentan con historias institucionales propias y con una identidad eclesial y nacional distinta.
La Iglesia católica reconoce diversas Iglesias orientales católicas, cada una con su propio patrimonio litúrgico, disciplinar, teológico y espiritual. Sin embargo, la existencia de una comunidad católica que utiliza una tradición litúrgica determinada no implica automáticamente la existencia de una Iglesia sui iuris plenamente constituida. La Iglesia católica bizantina rusa constituye precisamente un caso en el que conviene distinguir entre:
- Una tradición litúrgica católica rusa, conservada por comunidades y centros de formación.
- Una estructura histórica de jurisdicción, especialmente el Exarcado apostólico de Rusia.
- Una Iglesia sui iuris con jerarquía propia, realidad que la comunidad rusa bizantina católica no posee actualmente de forma estable.
La Santa Sede organizó en el siglo XX una sección específica para los fieles que practicaban el rito eslavo-bizantino en cualquier parte del mundo, para proteger la variedad legítima de las tradiciones orientales dentro de la unidad católica.1
