El sentido de «sacramento»
En la teología católica, un sacramento constituye un signo visible que comunica eficazmente una realidad invisible de gracia. La realidad visible no funciona como un simple símbolo externo: Cristo actúa mediante ella y el Espíritu Santo comunica la vida divina que el signo expresa. En los siete sacramentos, la Iglesia administra visiblemente los signos sagrados, mientras el Espíritu Santo obra interiormente como dador invisible de la gracia.3
La palabra sacramento aplicada a la Iglesia no significa que la Iglesia forme parte de los siete sacramentos instituidos por Cristo. La Iglesia no es un sacramento más junto al Bautismo, la Confirmación o la Eucaristía. La expresión describe su función global dentro del plan de la salvación: la Iglesia manifiesta a Cristo y sirve como instrumento de su acción salvadora.4,5
La Iglesia como signo e instrumento
La doctrina conciliar reúne dos dimensiones inseparables:
- Signo, porque la Iglesia hace visible en la historia la presencia, la vida y la misión de Cristo.
- Instrumento, porque Cristo actúa por medio de ella para llamar a los seres humanos a la comunión con Dios y para reunirlos en la unidad.
La Iglesia no posee la salvación como una propiedad autónoma. Cristo constituye la fuente, el autor y el único mediador de la salvación; la Iglesia participa en esa obra como su Cuerpo y como instrumento histórico de su presencia.4,6
El Concilio Vaticano II define la Iglesia como «sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano». Esta formulación pertenece a la constitución dogmática Lumen gentium y proporciona la definición teológica fundamental de la Iglesia como sacramento.1
