Transmisión de la fe
La familia es un ámbito inicial para conocer y practicar la fe. Los padres ejercen una responsabilidad educativa que no se reduce a explicar contenidos religiosos: también transmiten la fe mediante su ejemplo, sus decisiones y el modo de tratarse entre sí y a los demás. La vida ordinaria puede ofrecer a los hijos sus primeras experiencias de oración, de alabanza a Dios y de apertura al prójimo.
Esta educación no reemplaza la catequesis parroquial ni la incorporación progresiva de los hijos a la comunidad eclesial. La formación familiar se orienta a que participen de manera activa y responsable en la vida de la Iglesia y en la sociedad.,
Oración y vida cristiana cotidiana
La oración en común, la celebración de las fiestas cristianas y los gestos cotidianos de gratitud y perdón pueden dar forma a la vida espiritual del hogar. La tradición teológica ha descrito la casa cristiana como un lugar de oración y alabanza, además de espacio de convivencia familiar.,
La Iglesia doméstica no se limita, sin embargo, al culto dentro de la casa. También se expresa en el trabajo, la educación, la acogida, la reconciliación y el servicio a quienes necesitan ayuda. La vida familiar participa de la misión cristiana mediante acciones ordinarias y relaciones concretas.,
Testimonio y servicio
Los miembros de la familia pueden ser testigos de la fe unos para otros. Los esposos se ayudan mutuamente en la vida cristiana y, junto con los demás familiares, cooperan en la formación y el crecimiento de quienes integran el hogar. La vocación familiar incluye también acompañar con prudencia el discernimiento de la vocación de los hijos.
La dimensión misionera de la Iglesia doméstica se manifiesta también fuera del hogar. Una familia cristiana puede ofrecer un testimonio de acogida, solidaridad y esperanza a quienes entran en contacto con ella. Su misión no la aparta de la comunidad eclesial: es una participación concreta en la vida y en la misión de la Iglesia.,