Orígenes y la Unión de Brest (1595‑1596)
En el contexto de la Unión de Brest, los obispos de la provincia metropolitana de Kiev acordaron restablecer la comunión con Roma sin abandonar su liturgia bizantina ni sus costumbres propias. El acta de unión, firmada el 18 de octubre de 1596, declaraba la intención de permanecer bajo la autoridad del Papa como «una sola roca» y de evitar el cisma que dividía a los cristianos orientales1. La mayor parte de los fieles bielorrusos se adhirieron a este movimiento, formando la base de la futura Iglesia greco‑católica bielorrusa.
Supresión y persecución bajo el dominio ruso
Tras la partición de la Mancomunidad de Polonia‑Lituania, la mayor parte del territorio bielorruso quedó bajo el Imperio ruso. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, la autoridad rusa impulsó la incorporación masiva de los greco‑católicos al Patriarcado ruso, provocando la pérdida de miles de parroquias y sacerdotes. Muchos fieles continuaron practicando su fe en secreto, arriesgándose a la represión estatal y eclesiástica1.
Renacimiento en el siglo XX
El decreto de libertad de culto de 1903 permitió a algunos bielorrusos buscar la unión con Roma, aunque el gobierno ruso siguió negando el reconocimiento de una comunidad bizantinista. Tras la Primera Guerra Mundial y la ocupación polaca de partes de Bielorrusia, surgieron nuevas parroquias greco‑católicas que celebraban la liturgia en eslavo eclesiástico. La Segunda Guerra Mundial y la posterior anexión soviética suprimieron nuevamente la Iglesia, que quedó relegada a la clandestinidad.
Con la caída del bloque soviético y la independencia de Bielorrusia en 1991, la Iglesia greco‑católica resurgió. En 1993 el arcipreste Sergiusz Gajek fue nombrado visitador apostólico, organizando las parroquias en dos decanatos. El 30 de marzo de 2023 la Santa Sede erigió la Administración Apostólica para los fieles de rito bizantino en Bielorrusia, designando a Gajek como su primer administrador1.
Situación actual
En la actualidad la Iglesia cuenta con 16 sacerdotes, 9 seminaristas y alrededor de 3 000 fieles que asisten regularmente a sus 20 parroquias, además de unos 4 000 que forman comunidades informales. Está dividida en los decanatos Beato Mikalay (centro‑occidental) y San Jozafat (oriental), y sigue dependiente de la Congregación para las Iglesias Orientales1.
