Antecedentes bizantinos en el Reino de Hungría
La presencia de cristianos de tradición bizantina en los territorios vinculados históricamente a Hungría tiene raíces medievales. Diversas poblaciones griegas, rutenas, serbias, eslovacas y rumanas llegaron a convivir en el espacio del antiguo Reino de Hungría, especialmente en las regiones orientales y septentrionales.
Durante los siglos XVI y XVII, la expansión de la Reforma protestante y las iniciativas de la Contrarreforma católica transformaron profundamente el mapa religioso de Europa central. En ese contexto, distintos grupos ortodoxos entraron en comunión con la Iglesia católica conservando su liturgia y su patrimonio espiritual oriental. Entre los acontecimientos más relevantes figuraron la unión de Užgorod, relacionada con los rutenos, en 1646, y las uniones de comunidades rumanas y serbias en otros territorios de la región.
La unión de Užgorod tuvo consecuencias especialmente importantes para la organización de los católicos de tradición bizantina en el ámbito húngaro. En 1664 tuvo lugar una unión en Munkács que afectó a comunidades ortodoxas de la Transcarpatia y a grupos vinculados posteriormente a la diócesis de Hajdúdorog.
Durante un largo periodo, los católicos rutenos dependieron de estructuras latinas. El obispo de Munkács ejerció durante más de un siglo como vicario ritual del obispo latino de Eger. La situación cambió en 1771, cuando el papa Clemente XIV erigió canónicamente la eparquía rutena de Munkács y la hizo sufragánea del primado de Hungría.
La aparición de una identidad greco-católica húngara
La población católica de tradición bizantina no formaba un bloque étnico uniforme. Muchas parroquias utilizaban el eslavo eclesiástico, el griego, el rumano o el eslovaco, según la procedencia de sus fieles. Con el tiempo, numerosos católicos bizantinos de lengua húngara dejaron de comprender las lenguas litúrgicas tradicionales y reclamaron el uso del húngaro en la celebración.
Las primeras traducciones húngaras de textos litúrgicos aparecieron a finales del siglo XVIII. La primera traducción conocida de la Liturgia de san Juan Crisóstomo data de 1793, mientras que una traducción oficial apareció en 1882. En 1900, un grupo de católicos greco-húngaros peregrinó a Roma y presentó una petición para obtener el reconocimiento del húngaro como lengua litúrgica y para crear una diócesis propia.
La cuestión lingüística provocó tensiones. La Santa Sede deseaba proteger la tradición bizantina y, al mismo tiempo, debía discernir si el uso del húngaro correspondía a la naturaleza litúrgica de aquella comunidad. Durante un periodo, Roma prescribió el griego antiguo para la liturgia y contempló una etapa de transición. La Primera Guerra Mundial impidió aplicar plenamente aquel proyecto, y los libros litúrgicos publicados en 1920 presentaron el húngaro y el griego en páginas paralelas.
Erección de la diócesis de Hajdúdorog
El papa san Pío X erigió la diócesis de Hajdúdorog el 8 de junio de 1912 mediante la bula Christifideles graeci. La nueva diócesis nació para atender pastoralmente a los católicos de tradición bizantina que utilizaban el húngaro y que reclamaban una organización eclesial propia.
La diócesis recibió parroquias procedentes de varias circunscripciones greco-católicas anteriores, entre ellas Munkács, Prešov, Făgăraș, Oradea y Gherla. También quedó incluida la parroquia greco-católica de Budapest. En el momento de su creación contaba con 162 parroquias.
La creación de Hajdúdorog tuvo también una dimensión territorial y cultural. La nueva diócesis no equivalía a todas las comunidades de tradición bizantina presentes en el Reino de Hungría, pues continuaron existiendo comunidades rutenas, rumanas y serbias con sus propias estructuras. La diócesis respondía principalmente a la consolidación de una comunidad católica bizantina de identidad húngara.
La extensión territorial en el siglo XX
Después de la reorganización política de Europa central tras la Primera Guerra Mundial, la diócesis de Hajdúdorog quedó vinculada a la Hungría reducida territorialmente. El desplazamiento de población y la emigración interior llevaron a muchos fieles de tradición bizantina a vivir fuera del territorio histórico de la diócesis.
En 1980, el papa san Juan Pablo II amplió la jurisdicción de los obispos de Hajdúdorog a todo el territorio de la Hungría contemporánea. La decisión respondió a la dispersión de los fieles y a la necesidad de garantizar su atención pastoral en las distintas regiones del país.
Durante el periodo comunista, la Iglesia greco-católica húngara continuó existiendo, aunque sufrió las dificultades generales impuestas a las comunidades religiosas. Tras la caída del comunismo, desarrolló con mayor libertad su vida institucional, pastoral y cultural.
El obispo Imre Timkó, titular de Hajdúdorog entre 1975 y 1988, contribuyó notablemente al estudio y a la recuperación de la tradición oriental de esta Iglesia. Su trabajo ayudó a superar formas de latinización y favoreció una comprensión más consciente de la identidad bizantina.