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Iglesia greco-melquita católica

La Iglesia greco-melquita católica es una Iglesia oriental sui iuris-es decir, una Iglesia autónoma dentro de la comunión católica- que conserva la tradición antioquena y la liturgia bizantina. Su sede patriarcal está vinculada históricamente a Antioquía, mientras que su patrimonio espiritual hunde sus raíces en las antiguas comunidades cristianas de Antioquía, Alejandría y Jerusalén. Su vida eclesial combina la plena comunión con el obispo de Roma, la herencia teológica de los primeros concilios y una identidad litúrgica y cultural particularmente vinculada al mundo árabe y al cristianismo oriental.

Melkite Greek Catholic Church, Damascus 01
Ver información de la imagenNuestra Señora de la Dormición, Catedral Patriarcal Greco-Católica Melquita, Damasco, Siria, c. 2010. Original, Bernard Gagnon, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreIglesia greco-melquita católica
CategoríaLugar sagrado
DescripciónOrigen en la tradición antioquena; división del Patriarcado de Antioquía en 1724; reconocimiento papal de Cirilo VI en 1729; reconocimiento jurídico otomano en 1848.
Fecha de Fundación1724
Autoridad EclesiásticaYoussef Absi
Contexto HistóricoDivisión interna del patriarcado en el siglo XVIII; influencia bizantina y adaptación al árabe; diáspora del siglo XX.
DirecciónDamasco
DocumentosBulas Demandatum (1743) e Inter gravissima (1746) de Benedicto XIV; Omnibus compertum (1900) de León XIII.
ImportanciaEjemplo de unidad católica con diversidad litúrgica y cultural; mantiene el rito bizantino y la tradición antioquena.
InfluenciaParticipación en diálogos ecuménicos con la Iglesia grecoortodoxa de Antioquía; presencia histórica en Oriente Próximo y expansión en la diáspora mundial.
LugarAntioquía
PaísSiria, Líbano, Israel, Palestina, Jordania
TipoIglesia, Iglesia oriental católica sui iuris, grecomelquita

Tabla de contenido

Denominación y significado del nombre

La Iglesia recibe distintas denominaciones: Iglesia greco-melquita católica, Iglesia melquita griega católica e Iglesia católica melquita. En el ámbito canónico, la forma más precisa en español es Iglesia greco-melquita católica, porque reúne tres elementos de su identidad:

  • Iglesia: posee jerarquía propia, disciplina particular, tradición litúrgica y patrimonio espiritual.
  • Greco: alude a su pertenencia a la tradición bizantina, aunque la mayoría de sus fieles tenga actualmente el árabe como lengua cultural y litúrgica principal.
  • Melquita: designa históricamente a los cristianos de los patriarcados de Antioquía, Alejandría y Jerusalén que aceptaron el Concilio de Calcedonia del año 451.

El término melquita procede de la raíz semítica mlk, relacionada con rey o emperador. El nombre aludía originalmente a quienes aceptaban la doctrina de Calcedonia, concilio reconocido por el emperador bizantino. Por ello, la palabra significaba en su origen «partidario del emperador» o «imperial». Con el tiempo, la denominación pasó a identificar particularmente a la tradición calcedoniana de Antioquía y, desde el siglo XVIII, a la Iglesia católica oriental que mantiene esa tradición en comunión con Roma.1

La palabra no equivale simplemente a «griego». La identidad melquita nació en un entorno cultural plurilingüe, en el que convivían el griego y diversas formas del arameo, especialmente el siríaco. La tradición antioquena fue incorporando progresivamente elementos bizantinos, sin perder por ello su carácter histórico propio.1

Naturaleza eclesial

La Iglesia greco-melquita católica pertenece a las Iglesias orientales católicas. Profesa la misma fe católica que la Iglesia latina y las demás Iglesias católicas orientales, reconoce la autoridad universal del papa y participa plenamente en la comunión sacramental de la Iglesia católica.

La comunión con Roma no convierte a la Iglesia melquita en una Iglesia latina ni elimina su patrimonio oriental. La tradición católica reconoce que la unidad de la Iglesia puede expresarse mediante una pluralidad legítima de liturgias, disciplinas, espiritualidades y formas de gobierno. Juan Pablo II recordó a los fieles melquitas que la diversidad de las tradiciones no perjudica la unidad eclesial, sino que manifiesta con mayor riqueza su catolicidad.2

La Iglesia posee el estatuto de Iglesia sui iuris. Esta expresión latina significa literalmente «de derecho propio» y describe una Iglesia oriental que conserva su propia organización jerárquica, su disciplina canónica, su tradición litúrgica y sus instituciones, siempre dentro de la unidad de la Iglesia católica.

Origen histórico

La antigua tradición de Antioquía

La Iglesia melquita hunde sus raíces en el cristianismo antiguo de Antioquía, una de las grandes sedes apostólicas de Oriente. Antioquía ocupó un lugar decisivo en la expansión inicial del cristianismo y en la reflexión teológica de los primeros siglos. La tradición melquita vincula su memoria eclesial con la predicación apostólica y con la sucesión patriarcal antioquena.

La Iglesia antigua de Antioquía compartía con otras comunidades cristianas de la región una tradición litúrgica propia y una realidad cultural bilingüe. El griego desempeñaba un papel importante en la teología y en la liturgia, mientras que el arameo y el siríaco formaban parte del entorno lingüístico cotidiano.1

Calcedonia y la identidad melquita

El Concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451, enseñó que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, una sola persona en dos naturalezas, divina y humana, sin confusión ni división. Las comunidades que aceptaron el concilio recibieron en determinados contextos el nombre de melquitas.

La palabra designaba entonces una realidad más amplia que la actual Iglesia greco-melquita católica. Incluía a los cristianos calcedonianos de los patriarcados de Antioquía, Alejandría y Jerusalén. La evolución histórica posterior dio lugar a distintas comunidades y jurisdicciones, entre ellas el actual Patriarcado greco-melquita católico y el Patriarcado greco-ortodoxo de Antioquía, ambos herederos de una tradición antioquena común.1

Bizantinización de la liturgia

La tradición antioquena experimentó durante la Edad Media una progresiva influencia de Constantinopla. El proceso condujo a la adopción generalizada de la liturgia bizantina, aunque la evolución no ocurrió de manera instantánea ni idéntica en todos los territorios.

La historia litúrgica melquita atravesó varias etapas. Primero existieron usos antioquenos antiguos, expresados en griego y en las lenguas locales. Después aumentó la influencia bizantina, hasta que la liturgia de Constantinopla llegó a ocupar una posición predominante. Más tarde, las comunidades árabes utilizaron cada vez más el árabe en la celebración, mientras el griego permanecía en determinadas fórmulas, himnos o celebraciones solemnes.3

Este proceso explica una característica fundamental de la Iglesia melquita: su liturgia pertenece al rito bizantino, pero su sensibilidad histórica conserva elementos propios de la tradición antioquena y de la cultura árabe cristiana.

Nacimiento de la Iglesia greco-melquita católica

La división de 1724

La Iglesia greco-melquita católica surgió institucionalmente en el contexto de una división dentro del Patriarcado de Antioquía durante el siglo XVIII. A comienzos de ese siglo, el patriarcado estaba dividido entre grupos con distintas orientaciones eclesiales y políticas. Damasco acogía a numerosos partidarios de la comunión con Roma, mientras Alepo constituía un centro de oposición a esa orientación.4

Tras la muerte del patriarca Atanasio III Dabbas, el grupo de Damasco eligió como patriarca a Serafín Tanas, que tomó el nombre de Cirilo VI. Poco después, el patriarca de Constantinopla ordenó a Silvestre, monje de origen chipriota, como candidato rival para la sede antioquena. La elección de dos patriarcas rivales formalizó la ruptura entre ambas partes.4

En 1729, el papa Benedicto XIII reconoció a Cirilo VI como patriarca de Antioquía en comunión con Roma. La Iglesia melquita católica considera este acontecimiento el comienzo de su existencia institucional diferenciada. Cirilo VI recibió el palio en 1744, signo de su comunión con la sede romana.4

La fecha de 1724 describe el comienzo de la separación visible dentro del Patriarcado de Antioquía; 1729 recuerda el reconocimiento pontificio de la línea patriarcal católica. La tradición melquita no interpreta su origen como la creación de una Iglesia sin pasado, sino como la continuidad católica de una antigua Iglesia patriarcal antioquena.

Reconocimiento y consolidación

En 1772, la jurisdicción del patriarca melquita se extendió a los fieles católicos de tradición melquita residentes dentro de los territorios asociados a los patriarcados ortodoxos de Jerusalén y Alejandría. En 1838, el patriarca melquita recibió también los títulos de Alejandría y Jerusalén, que forman parte de su titulatura patriarcal histórica.4

El patriarca Máximo III Mazlum trasladó la sede patriarcal a Damasco, ciudad que continúa vinculada a la sede del Patriarcado greco-melquita católico. El Gobierno otomano reconoció jurídicamente a la Iglesia melquita católica el 7 de enero de 1848.4

Entre los documentos pontificios que marcaron la organización de la Iglesia figuran las bulas Demandatum de Benedicto XIV, de 1743; Inter gravissima, también de Benedicto XIV, de 1746; y Omnibus compertum, de León XIII, de 1900.4

Organización jerárquica

El patriarcado

La cabeza de la Iglesia es el patriarca de Antioquía de los greco-melquitas católicos, que utiliza también los títulos tradicionales de Alejandría y Jerusalén. La sede fundamental del patriarcado es Antioquía, mientras Damasco ocupa un lugar central en la vida administrativa y pastoral contemporánea.

La sucesión patriarcal pertenece a la dinámica propia de la Iglesia oriental. El patriarca es elegido conforme al derecho propio de la Iglesia y ejerce su ministerio en comunión con el papa. La elección y la confirmación pontificia deben distinguirse cuidadosamente: la primera corresponde al procedimiento sinodal de la Iglesia melquita; la segunda expresa la plena comunión eclesial con la sede de Roma.

Actualmente, el patriarca es Youssef Absi, elegido para la sede de Antioquía de los greco-melquitas católicos en 2017.

Obispos, eparquías y parroquias

La organización territorial de la Iglesia utiliza principalmente la eparquía, equivalente oriental de la diócesis. Las eparquías melquitas dependen del patriarcado o forman parte de estructuras establecidas en los países donde existe una presencia significativa de fieles.

La emigración desde Oriente Próximo llevó a la creación de eparquías y comunidades en diversos países. Existen comunidades melquitas en América Latina, América del Norte, Australia y otras regiones. Entre los países con presencia melquita figuran Brasil, Estados Unidos, Canadá, México, Venezuela y Australia.4

La diáspora no constituye una realidad marginal respecto de la Iglesia madre. Las comunidades emigradas conservan la liturgia, la espiritualidad, la memoria familiar y la vinculación con el patriarcado. Juan Pablo II exhortó a los melquitas dispersos por el mundo a mantener viva la herencia de su Iglesia, fortalecer la solidaridad entre las comunidades y conservar el vínculo con la región de origen.2

Liturgia

Pertenencia al rito bizantino

La Iglesia greco-melquita católica celebra según el rito bizantino, compartido por distintas Iglesias católicas orientales y por las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina. Este rito incluye principalmente la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo y la Divina Liturgia de san Basilio Magno, junto con un amplio ciclo de oficios, himnos y celebraciones.

El rito bizantino no identifica por sí solo a la Iglesia melquita. Varias Iglesias católicas orientales utilizan este rito, pero cada una lo vive desde su historia, lengua, calendario, música, espiritualidad y tradición pastoral. La Iglesia melquita pertenece al mundo bizantino, pero lo expresa desde la herencia antioquena y desde la experiencia histórica de los cristianos árabes de Oriente Próximo.

Las Iglesias bizantinas aceptan los siete primeros concilios ecuménicos y comparten una forma litúrgica fundamental, aunque cada Iglesia particular conserva usos propios.5

La tradición antioquena

La tradición antioquena constituye el sustrato histórico de la liturgia melquita. Antes de la adopción generalizada del rito bizantino, el Patriarcado de Antioquía utilizaba diversos formularios litúrgicos vinculados a la antigua familia antioquena. Entre ellos figuraban la liturgia de las Constituciones apostólicas, la liturgia griega de Santiago, la liturgia siríaca de Santiago y otras anáforas siríacas.6

La liturgia de Santiago ocupa un lugar especialmente significativo en la memoria antioquena. Aunque la celebración ordinaria de la Iglesia melquita utiliza las liturgias bizantinas, la tradición de Santiago ayuda a comprender su fisonomía teológica y su conexión con la Iglesia antigua de Jerusalén y Antioquía.

La distinción puede resumirse así:

  • Rito bizantino: estructura litúrgica ordinaria que la Iglesia melquita comparte con otras Iglesias bizantinas.
  • Tradición antioquena melquita: herencia histórica, teológica, lingüística y espiritual que da a ese rito una expresión propia.
  • Uso melquita contemporáneo: celebración bizantina adaptada a la historia, a las lenguas y a la sensibilidad pastoral de las comunidades melquitas.

Lenguas litúrgicas

El árabe constituye hoy la principal lengua litúrgica de muchas comunidades melquitas, especialmente en Oriente Próximo y en la diáspora árabe. El griego conserva un lugar simbólico y litúrgico, sobre todo en determinadas expresiones tradicionales, himnos, aclamaciones y celebraciones solemnes.

La evolución lingüística refleja la historia de la Iglesia. Las comunidades antiguas utilizaron el griego y las lenguas arameas; después, el árabe adquirió una importancia creciente. La liturgia melquita actual puede incorporar también la lengua del país donde vive la comunidad, sin abandonar necesariamente el árabe, el griego o las fórmulas tradicionales.

Teología y espiritualidad

Cristología calcedoniana

La teología melquita se fundamenta en la fe de la Iglesia antigua y en la doctrina del Concilio de Calcedonia. La Iglesia confiesa a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre, una única persona divina en la que subsisten íntegramente la naturaleza divina y la naturaleza humana.

La espiritualidad melquita contempla el misterio de Cristo desde la liturgia, la proclamación de la Palabra, los iconos y la participación sacramental. La teología no aparece separada de la oración: la doctrina cristológica se convierte en alabanza, contemplación y vida eclesial.

La comunión como expresión de la Iglesia

La Divina Liturgia ocupa el centro de la vida espiritual. En ella, la Iglesia manifiesta simultáneamente su identidad oriental y su comunión católica universal. Juan Pablo II presentó la celebración eucarística con el patriarca melquita como signo de la plenitud de la comunión eclesial y de la unidad visible de la Iglesia.7

La espiritualidad melquita acentúa la dimensión cósmica y comunitaria de la liturgia. El culto reúne a la Iglesia peregrina, a los santos, a los ángeles y a toda la creación en la alabanza de la Santísima Trinidad. La celebración no consiste únicamente en una devoción privada, sino en la entrada sacramental de la comunidad en el misterio pascual de Cristo.

La divinización

Como en el conjunto de la tradición cristiana oriental, la espiritualidad melquita concede un lugar importante a la divinización o theosis. Este término describe la participación del ser humano en la vida de Dios por la gracia. No significa que la criatura deje de ser criatura, sino que recibe la transformación interior que procede de la unión con Cristo y de la acción del Espíritu Santo.

La vida cristiana tiende así a la configuración con Cristo, a la purificación del corazón y a la comunión con Dios. La oración litúrgica, los sacramentos, el ayuno, la caridad y la contemplación forman un único camino espiritual.

Iconos y contemplación

Los iconos forman parte esencial del espacio litúrgico melquita. El icono no funciona como una simple ilustración religiosa. Presenta sacramentalmente a la persona representada y orienta la mirada hacia el misterio de la Encarnación.

La veneración de los iconos expresa la fe en que el Hijo de Dios asumió una verdadera naturaleza humana. Porque Dios se hizo visible en Jesucristo, la Iglesia puede representar a Cristo, a la Virgen María y a los santos con imágenes sagradas. El iconostasio organiza visualmente el espacio litúrgico y manifiesta la unión entre la Iglesia celestial y la Iglesia que peregrina en la historia.

María y los santos

La devoción a la Virgen María ocupa un lugar central. La liturgia melquita la aclama como Madre de Dios, título cristológico que protege la verdad de la Encarnación: quien nació de María es verdaderamente el Hijo eterno de Dios hecho hombre.

La Iglesia honra también a los santos de Antioquía, Siria, Palestina, Egipto y todo Oriente. Entre ellos destacan figuras como san Ignacio de Antioquía, san Juan Damasceno y numerosos mártires y ascetas de la tradición oriental. La memoria de los santos une las raíces apostólicas de la Iglesia con la vida concreta de las comunidades contemporáneas.

Disciplina y vida eclesial

La Iglesia melquita conserva una disciplina propia dentro del marco común de la Iglesia católica. Sus fuentes históricas incluyen los concilios ecuménicos, los sínodos locales, las decisiones patriarcales, las costumbres recibidas y las disposiciones de la Santa Sede aplicables a los melquitas.4

Los sínodos melquitas celebrados desde el siglo XVIII desempeñaron un papel decisivo en la configuración de su derecho particular. Entre ellos figuran los sínodos de San Salvador, Qarqafe, Ain-Traz y Jerusalén. El sínodo de Ain-Traz de 1835 recibió aprobación de la autoridad romana, mientras el sínodo de Qarqafe de 1806 fue condenado por Gregorio XVI.4

La tradición melquita reconoce la importancia de las elecciones patriarcales, de las ordenanzas de los patriarcas y de las costumbres particulares de la Iglesia. Estas fuentes expresan una concepción oriental de la vida eclesial, en la que el patriarca, el sínodo y las comunidades locales colaboran en la custodia del patrimonio recibido.4

Como en otras Iglesias católicas orientales, la Iglesia melquita ha conservado históricamente la ordenación de hombres casados al presbiterado en determinados contextos, mientras los obispos proceden normalmente del estado célibe. La disciplina concreta depende del derecho oriental vigente y de las disposiciones del patriarcado y de la Santa Sede.

Relaciones con la Iglesia greco-ortodoxa de Antioquía

La Iglesia greco-melquita católica y el Patriarcado greco-ortodoxo de Antioquía comparten una tradición histórica anterior a la división de 1724. Ambas comunidades reclaman continuidad con la antigua Iglesia antioquena calcedoniana, aunque pertenecen actualmente a comuniones eclesiales distintas.1

Desde finales del siglo XX, ambas Iglesias han impulsado iniciativas de diálogo. En 1995 constituyeron una comisión bilateral orientada a estudiar la superación de la división histórica. Las conversaciones buscan sanar la ruptura de 1724 y promover una colaboración más estrecha, sin confundir la identidad de cada Iglesia.4

El diálogo ecuménico forma parte de la misión melquita. La presencia de esta Iglesia en Oriente Próximo, donde conviven diversas Iglesias y comunidades cristianas, la sitúa en una posición especialmente apta para el encuentro, la comprensión mutua y la cooperación. Juan Pablo II describió a los melquitas como constructores de diálogo, comprensión y paz, especialmente en Oriente Medio.2

La Iglesia melquita en Oriente Próximo y en la diáspora

La Iglesia mantiene una presencia histórica en Siria, Líbano, Israel, Palestina, Jordania y otros territorios de Oriente Próximo. Damasco y Beirut han desempeñado un papel relevante en su organización patriarcal, en la formación del clero y en la vida intelectual y pastoral.

Las guerras, las crisis políticas, la emigración y las dificultades económicas han dispersado a numerosas familias melquitas. Esta dispersión ha generado nuevas comunidades en América, Europa y Oceanía. La diáspora afronta el reto de transmitir la lengua árabe, la liturgia bizantina y la memoria antioquena a generaciones nacidas fuera de Oriente Próximo.

La Iglesia considera la emigración una realidad dolorosa, pero también una oportunidad misionera. Los fieles melquitas participan plenamente en las sociedades que los acogen, al mismo tiempo que mantienen la riqueza de su tradición litúrgica y espiritual.2

Identidad católica y oriental

La Iglesia greco-melquita católica no constituye una Iglesia latina con ceremonias exóticas, ni una Iglesia ortodoxa administrativamente vinculada a Roma. Es una Iglesia oriental católica plena, con identidad propia y con una tradición que integra:

  • La sucesión apostólica de Antioquía.
  • La fe cristológica de Calcedonia.
  • La herencia litúrgica antioquena.
  • La forma celebrativa bizantina.
  • La cultura árabe cristiana.
  • La comunión con el obispo de Roma.
  • La organización patriarcal y sinodal oriental.

Esta identidad explica su contribución específica a la Iglesia universal. La tradición melquita manifiesta que la catolicidad no exige uniformidad ritual o cultural. La unidad se fundamenta en la misma fe, en los mismos sacramentos y en la comunión eclesial, mientras las legítimas tradiciones orientales enriquecen la vida de toda la Iglesia.

Véase histórico de los principales acontecimientos

  • 451: Celebración del Concilio de Calcedonia y consolidación de la identidad calcedoniana de los patriarcados de Antioquía, Alejandría y Jerusalén.
  • Edad Media: progresiva incorporación de la liturgia bizantina en las comunidades melquitas.
  • 1724: Elección de dos patriarcas rivales en Antioquía y formalización de la división.
  • 1729: Reconocimiento pontificio de Cirilo VI como patriarca melquita católico de Antioquía.
  • 1744: Recepción del palio patriarcal por Cirilo VI.
  • 1772: Extensión de la jurisdicción del patriarca melquita a los fieles de tradición melquita en los territorios de Jerusalén y Alejandría.
  • 1838: Incorporación de los títulos de Alejandría y Jerusalén a la titulatura patriarcal.
  • 1848: Reconocimiento jurídico de la Iglesia melquita católica por el Gobierno otomano.
  • 1995: Creación de una comisión bilateral de diálogo con el Patriarcado greco-ortodoxo de Antioquía.
  • 2017: Elección de Youssef Absi como patriarca de Antioquía de los greco-melquitas católicos.4

Síntesis

La Iglesia greco-melquita católica es una Iglesia oriental católica de tradición antioquena y rito bizantino. Nació institucionalmente de la división patriarcal de 1724, pero hunde sus raíces en la antigua Iglesia calcedoniana de Antioquía. Su comunión con Roma convive con una identidad litúrgica, espiritual, lingüística y jurídica propia.

La Divina Liturgia, la veneración de los iconos, la espiritualidad de la divinización, la memoria de Antioquía y la misión de diálogo en Oriente Próximo constituyen rasgos esenciales de su vida. Su existencia manifiesta la unidad católica en la diversidad de las tradiciones apostólicas orientales.

Citas y referencias

  1. Iglesia melquita del patriarcado de Antioquía, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia melquita del Patriarcado de Antioquía (2015). 2 3 4 5
  2. Juan Pablo II. A los delegados de la Unión Mundial de los greco-católicos melquitas (10 de octubre de 1987) - Discurso, 1 (1987). 2 3 4
  3. Melquitas, Enciclopedia católica, Melquitas (1913).
  4. Iglesia greco-católica melquita, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia greco-católica melquita (2015). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  5. V. Iglesias bizantinas, Instituto Pontificio de Liturgia. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen I), 133 (1999).
  6. Liturgia antioquena, Enciclopedia católica, Liturgia antioquena (1913).
  7. Juan Pablo II. A Su Beatitud Gregorio III, Patriarca de Antioquía para los greco-melkitas - Siria (12 de febrero de 2001) - Discurso, 1 (2001).
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