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Cruz

Iglesia militante

La Iglesia militante es uno de los tres estados o partes en que la tradición católica divide místicamente a la Iglesia de Cristo: junto a la Iglesia triunfante (los bienaventurados en el cielo) y la Iglesia purgante o expectante (las almas en el purgatorio). Representa a todos los fieles bautizados que peregrinan en la tierra, luchando por su salvación eterna mediante la gracia de Dios y la práctica de las virtudes. Este concepto, arraigado en la Escritura, los Padres de la Iglesia y el Magisterio, subraya la dimensión combativa de la vida cristiana contra el pecado, el mundo y el demonio, invitando a una existencia de oración, sacramentos y obras de caridad hasta alcanzar la unión plena con Dios.1,2

Tabla de contenido

Origen y definición teológica

El término Iglesia militante (en latín, Ecclesia militans) surge en la patrística y se consolida en la teología medieval para describir la condición de los cristianos en el mundo presente. San Pablo lo anticipa en sus epístolas, como en Efesios 6:12: «Porque no tenemos que luchar contra sangre y carne, sino contra los Principios, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo de tinieblas». Esta imagen de combate espiritual se desarrolla en autores como San Agustín, quien en La ciudad de Dios contrapone la Ciudad de Dios (Iglesia) a la Ciudad terrena, en constante tensión.

En la Edad Media, Santo Tomás de Aquino sistematiza la doctrina en la Suma Teológica, vinculándola a la virtud de la fortaleza (fortitudo), que se ejerce en la batalla por el bien común y la salvación personal.3 El Catecismo del Concilio de Trento ofrece una definición clásica: «La Iglesia militante es la sociedad de todos los fieles aún habitantes en la tierra. Se llama militante porque libra guerra eterna con aquellos enemigos implacables: el mundo, la carne y el demonio».1 Esta lucha no es meramente metafórica, sino una realidad cotidiana que exige vigilancia y dependencia de la gracia divina.

Las tres partes de la Iglesia

La doctrina católica contempla la Iglesia como un solo cuerpo místico con tres dimensiones interconectadas, unidas por la comunión de los santos:

Iglesia triunfante

Consta de los santos en la gloria celestial, que gozan de la visión beatífica. Interceden por la Iglesia militante mediante sus oraciones.

Iglesia purgante o expectante

Incluye las almas del purgatorio, purificadas por el fuego expiatorio antes de entrar en el cielo. Reciben el auxílio de la militante a través de sufragios (misas, oraciones, indulgencias).

Iglesia militante

Los vivos en gracia, llamados a la santidad mediante la fe, esperanza y caridad. Su misión es extender el Reino de Dios hasta el fin de los tiempos.

Papa Juan XXIII, en su discurso preparatorio al Concilio Vaticano II, exaltó esta triple manifestación: «¡Qué misterio de verdad, de gracia y de salvación es la Santa Iglesia Católica en su triple manifestación de vitalidad divina y humana: Iglesia militante, purgante, triunfante!».2 Esta unidad trasciende el tiempo y el espacio, reflejando la communio sanctorum.

Características esenciales de la Iglesia militante

La Iglesia militante se distingue por su peregrinación temporal, su combate espiritual y su misión evangelizadora:

En el contexto moderno, esta noción contrasta con visiones secularizadas de la Iglesia como mera institución social, recordando su dimensión sobrenatural.

La lucha espiritual: enemigos y armas

El núcleo de la militancia radica en la confrontación con tres enemigos clásicos:

El mundo

Influencias culturales contrarias al Evangelio, como el materialismo o el relativismo moral. La Iglesia militante responde con la doctrina social, promoviendo la justicia y la paz.6

La carne

Concupiscencia y desórdenes pasionales. Se combate con la ascesis, penitencia y sacramentos de reconciliación y unción.

El demonio

El «príncipe de este mundo» (Jn 12:31), que tienta y acusa. Las armas son la oración (Padre Nuestro: «líbranos del mal»), exorcismos y devociones marianas.

Santo Tomás equipara esta lucha a la virtud de la valentía, afirmando que los peligros de la muerte en batalla justa provienen de un bien: la defensa del bien común.3 En homilías y catequesis, se insta a los fieles a «vestir la armadura de Dios» (Ef 6:11).

Enseñanza del Magisterio

El Magisterio ha reafirmado esta doctrina a lo largo de los siglos:

En sínodos recientes, se aplica a desafíos como la secularización o conflictos bélicos, equilibrando paz y defensa legítima.4,5

La Iglesia militante impregna la liturgia:

En España, cofradías y procesiones semanales santas evocan esta militancia, con pasos de Cristo atado o flagelado simbolizando la Pasión como victoria sobre el pecado.

Implicaciones éticas y pastorales

En ética, legitima la autodefensa y guerras justas, rechazando pacifismo absoluto o belicismo.3 Pastoralmente, invita a una espiritualidad militante: discernimiento vocacional, formación doctrinal y apostolado laical.

Hoy, ante crisis como el laicismo o terrorismo, la Iglesia militante urge a los laicos a ser «levadura en la masa» (Mt 13:33), promoviendo cultura de vida contra la «cultura de muerte».10

Referencias en la tradición española

En España, teólogos como San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales usan imágenes militares para el combate interior. La Reconquista y órdenes militares (Santiago, Calatrava) encarnaron esta militancia histórica, siempre bajo obediencia al Papa.

Conclusión

La Iglesia militante encapsula la tensión dinámica de la vida cristiana: ya salvados por Cristo, pero no consumados. Invita a cada bautizado a unirse al Crucificado en la cruz, para resucitar gloriosos. Como enseña el Catecismo de Trento, esta parte de la Iglesia sigue a la triunfante hacia la bienaventuranza eterna, unida en la oración y el amor.1

Citas

  1. El credo ‑ Artículo 9 ‑ Las partes de la Iglesia, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, §El Credo ‑ Artículo 9. 2 3 4

  2. A) Sentido y espíritu sobrenatural, Papa Juan XXIII. Discurso sobre la preparación, los objetivos y las esperanzas del Segundo Concilio Ecuménico Vaticano (5 de junio de 1960), § IV. a (1960). 2 3

  3. John R. Bowlin, Edward T. Oakes. Simposio del Libro: Introducción a la Teología Moral, § 27 (2004). 2 3

  4. Introducción de los editores al simposio de la guerra justa, Joseph Koterski, S.J, Robert Araujo, S.J, Gregory Reichberg. Introducción de los Editores al Simposio de la Guerra Justa, § 1 (2012). 2

  5. ¿Descontinuidad en la enseñanza católica de la guerra justa? De Tomás de Aquino a los papas contemporáneos, Gregory M. Reichberg. Descontinuidad en la Enseñanza Católica de la Guerra Justa? De Aquino a los Papas Contemporáneos, § 1 (2012). 2

  6. Papa Juan Pablo II. Discurso de Su Santidad Juan Pablo II al Sr. Francisco José Fíallos Navarro, Nuevo Embajador de Nicaragua ante la Sede Santa (3 de enero de 1991) ‑ Discurso, § 3 (1991).

  7. Papa Pío XII. Discurso «Vous avez vouloir» a los participantes del 10.º Congreso Internacional de Ciencias Históricas (7 de septiembre de 1955), § 3.

  8. Richard Schenk, O.P. Trabajo: ¿La corrupción o la perfección del ser humano? , § 2 (2004).

  9. Inde a primis promoviendo la devoción a la sangre más preciosa de nuestro Señor Jesucristo (30 de junio de 1960), Papa Juan XXIII. Inde a Primis promoviendo la devoción a la Sangre Más Preciosa de Nuestro Señor Jesucristo (30 de junio de 1960) (1960).

  10. Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Posición de la Iglesia contra la pena de muerte, § 1 (2016).