El término Iglesia triunfante (en latín, Ecclesia triumphans) surge en la tradición patrística y medieval para describir la porción de la Iglesia que ha culminado su peregrinación terrena. Remite a la imagen bíblica de la Jerusalén celestial, donde los elegidos cantan el Agnus Dei en eterna alabanza (Ap 7,9-17). San Agustín, en La Ciudad de Dios, distingue ya entre la Iglesia peregrina y la triunfante, aunque el trinomio completo —militante, purgante y triunfante— se consolida en la escolástica con autores como Santo Tomás de Aquino.2
Esta nomenclatura evoca la batalla espiritual: la Iglesia militante lucha en la tierra, la purgante se purifica y la triunfante celebra la victoria eterna. El Concilio de Trento reafirma esta visión al defender la comunión entre los estados, contra las objeciones protestantes que negaban la invocación de los santos.2
