La Iglesia Católica reconoce diversas manifestaciones de la iluminación divina en la vida de los fieles y en la historia de la salvación.
Iluminación Bautismal
Desde los primeros tiempos del cristianismo, se ha hablado de la iluminación recibida en el Bautismo. Este sacramento inicia a los fieles en los misterios divinos, llevándolos a conocer a Cristo mediante la fe que obra por la caridad. El Bautismo es llamado «iluminación» porque aquellos que reciben la instrucción catequética son iluminados en su entendimiento. Una vez bautizado, el creyente ha sido «iluminado» y se convierte en un «hijo de la luz», e incluso en «luz» en sí mismo. Esta luz de Cristo que irradia visiblemente de la Iglesia se comunica a todos los hombres.
Iluminación Intelectual y de la Razón
La inteligencia humana es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios Creador a partir de sus obras, por la luz natural de la razón humana,. Sin embargo, este conocimiento natural a menudo puede verse oscurecido por el error, por lo que la fe viene a confirmar e iluminar la razón para una correcta comprensión de esta verdad.
La gracia de la fe es la fuente de una iluminación sobrenatural que «abre los ojos de la mente», concentrándose en la esfera cognitiva del hombre. Esta gracia permite la aceptación de los contenidos de la revelación y capacita a la facultad cognoscitiva para una comprensión cada vez más profunda de las verdades reveladas, apoyándose en los dones del Espíritu Santo como la ciencia, el intelecto y la sabiduría.
Iluminación de la Conciencia y de la Fe
Los dogmas de la fe actúan como luces en el camino de la fe, iluminándolo y haciéndolo seguro. De manera recíproca, una vida recta abre el intelecto y el corazón para acoger la luz que los dogmas de la fe derraman. La Palabra de Dios es una luz para nuestro camino, que debemos asimilar en la fe y la oración, y poner en práctica para formar la conciencia moral,.
La luz de la fe es un don sobrenatural, no el resultado necesario del asentimiento a los motivos de credibilidad. Ninguna cantidad de estudio o convicción intelectual puede producir esta luz; es un don gratuito de Dios. El Concilio Vaticano I enseña que la fe es una virtud sobrenatural por la cual creemos las verdades reveladas con la inspiración y asistencia de la gracia de Dios. Aunque el asentimiento de fe no es ciego, nadie puede asentir a la enseñanza del Evangelio de la manera necesaria para la salvación sin la iluminación del Espíritu Santo.
Iluminación en la Escritura y la Sagrada Tradición
Dios, como causa principal, subordina las facultades cognitivas del escritor sagrado para que cumpla las acciones necesarias para componer un libro. La gracia de la inspiración no exime al escritor del esfuerzo personal, pero Santo Tomás de Aquino da el nombre de luz o iluminación al movimiento intelectual comunicado por Dios al escritor sagrado. Esta moción es una participación sobrenatural peculiar de la luz divina, en virtud de la cual el escritor concibe exactamente la obra que el Espíritu Santo quiere que escriba.
La iluminación también se refiere a la forma en que un intelecto puede ser fortalecido o guiado por otro al conocimiento de algo. Esto ocurre, por ejemplo, cuando un maestro, a través de sus palabras, proporciona a su alumno un medio de conocimiento que fortalece su intelecto. De manera similar, los sacerdotes son descritos como iluminadores del pueblo al mostrar y administrar los misterios que los conducen a las verdades divinas.
Iluminación en la Contemplación y la Visión Beatífica
En el camino de la vida cristiana, la iluminación sigue a la purificación a través del amor del Padre y la unción del Espíritu Santo. Las gracias de iluminación que Dios concede ayudan a clarificar la profundidad de los misterios confesados y celebrados por la Iglesia, mientras esperamos el día en que el cristiano pueda contemplar a Dios tal como es en la gloria. Algunos escritores eclesiásticos se refieren explícitamente a la iluminación recibida en el Bautismo como la base de ese conocimiento sublime de Cristo Jesús, definido como theoria o contemplación.
Para Santo Tomás, la luz de gloria es una disposición sobrenatural añadida al intelecto para que pueda elevarse a la visión de la esencia de Dios. Esta luz, que hace a los bienaventurados «deiformes», es necesaria porque la capacidad natural del intelecto creado no es suficiente para ver la esencia divina. La luz de gloria puede ser concedida brevemente a una persona en esta vida, como en el caso de San Pablo en su rapto, pero solo la posee de manera connatural y permanente en el cielo.