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Imagen de Jesús Misericordioso

La Imagen de Jesús Misericordioso, también llamada Imagen de la Divina Misericordia, representa a Cristo resucitado que ofrece al mundo el perdón, la paz y las gracias nacidas de su pasión, muerte y resurrección. La pintura muestra a Jesús caminando, con la mano derecha levantada en actitud de bendición y dos rayos -uno pálido y otro rojo- que brotan de la zona del corazón. La inscripción habitual dice: «Jesús, en ti confío».1,2

Gailestingasis Jėzus Divine Mercy
Ver información de la imagenMisericordia Divina. Pintura en el Santuario de la Misericordia Divina en Vilna, c. 1934. cisza2.krakow.dominikanie.pl, Eugeniusz Kazimirowski, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreImagen de Jesús Misericordioso
CategoríaArte sacro
DescripciónJesús resucitado con mano derecha bendiciendo, dos rayos (pálido y rojo) y la inscripción «Jesús, en ti confío». Pintura encargada por el confesor de Santa Faustina, muestra a Cristo caminando, halo, mano bendiciendo, rayos que brotan del pecho, símbolo de sangre y agua, y la frase devocional
Aplicación MoralInvita a la confianza en Dios y a obras de caridad y misericordia hacia el prójimo.
ArtistaEugenio Kazimirowski
Autoridad EclesiásticaArzobispo Romuald Jałbrzykowski (examen 1944).
Contexto HistóricoVisión de Santa Faustina (1931), pintura terminada junio 1934, exhibida en el Año Jubilar 1935, bendecida 1937, evaluada por el arzobispo Jałbrzykowski en 1944.
Fecha de Creación1934
FestividadDomingo de la Divina Misericordia (segundo domingo de Pascua).
ImportanciaCentro de la devoción a la Divina Misericordia y de la espiritualidad de Santa Faustina.
InfluenciaGeneró reproducciones, versiones de Batowski y Hyła, y su presencia en iglesias y hogares a nivel mundial.
Interpretación TradicionalRepresenta la misericordia divina manifestada en la Resurrección y señala la devoción del Domingo de la Divina Misericordia.
LugarVilna, Lituania
ObservacionesLa imagen es señal para la oración, no un objeto de adoración; dirige la devoción a Jesucristo.
SimbolismoRayo pálido = agua (bautismo, penitencia); rayo rojo = sangre (Eucaristía); la mano bendice perdón; la frase expresa confianza en Cristo.
TipoArte sacro, Pintura
Uso LitúrgicoVenerada en el segundo domingo de Pascua (Domingo de la Divina Misericordia) y en la Hora de la Misericordia (tres de la tarde).

Tabla de contenido

Origen de la imagen

Las revelaciones a santa Faustina Kowalska

La imagen está vinculada a las experiencias místicas de santa María Faustina Kowalska, religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. El 22 de febrero de 1931, mientras se encontraba en Płock, Faustina escribió que recibió de Cristo la petición de pintar una imagen conforme al modelo que contemplaba. Como no dominaba las técnicas pictóricas, buscó ayuda entre sus superioras y confesores.2

La santa describió en su Diario los rasgos principales de la visión: Cristo aparecía con una túnica blanca, la mano derecha elevada para bendecir y la izquierda tocando la zona del pecho, desde donde salían dos rayos. La representación debía incluir también la frase «Jesús, en ti confío», que expresa el núcleo espiritual de esta devoción.2

El confesor de Faustina en Vilna, el sacerdote Miguel Sopoćko, encargó al pintor Eugenio Kazimirowski la ejecución de la pintura conforme a las indicaciones de la religiosa. La obra quedó terminada en junio de 1934 y fue colocada en un espacio del convento de las religiosas de Bernardinas, próximo a la iglesia de San Miguel, donde Sopoćko ejercía como rector.2

La primera pintura de Vilna

La imagen realizada por Kazimirowski es conocida como la imagen de Vilna. En 1935, durante las celebraciones del Año Jubilar de la Redención, la pintura fue trasladada a la Puerta de la Aurora, en Vilna, donde permaneció expuesta del 16 al 28 de abril. El 4 de abril de 1937 recibió la bendición y fue colocada en la iglesia de San Miguel.2

Un comité de expertos examinó la pintura en 1944 por orden del arzobispo Romuald Jałbrzykowski. El dictamen valoró la ejecución artística de la obra y su importancia dentro del arte religioso contemporáneo.2

La imagen de Vilna presenta a Cristo sobre un fondo sencillo. Jesús avanza hacia el espectador con la cabeza rodeada por un halo estrecho y la mirada ligeramente inclinada. La mano derecha bendice; la izquierda abre la túnica a la altura del pecho, aunque el corazón no aparece representado de forma visible. De esa abertura parten un rayo pálido y otro rojo, cuya luz atraviesa las manos y la vestidura.2

Descripción iconográfica

Cristo resucitado

La figura representa a Jesús vivo y glorioso después de la resurrección. La relación con el misterio pascual resulta esencial: la escena recuerda la aparición del Señor a los discípulos reunidos en el cenáculo y su anuncio de la paz junto con el poder de perdonar los pecados. Por ello, la imagen no presenta únicamente a Cristo como maestro o taumaturgo, sino como Salvador resucitado, vencedor de la muerte y fuente de reconciliación.1

La actitud de caminar hacia quien contempla la imagen expresa la iniciativa de Cristo. Él sale al encuentro de la humanidad y ofrece la misericordia divina. La mano levantada recuerda la bendición, mientras que la mirada serena y ligeramente descendida comunica cercanía, compasión y atención hacia el pecador. La iconografía conserva así una tensión propia del Evangelio: Cristo es el Señor glorioso, pero también el Salvador que se aproxima al ser humano herido.

Los dos rayos

Los dos rayos constituyen el elemento más característico de esta representación. El rayo pálido simboliza el agua que purifica y justifica a las almas; el rayo rojo representa la sangre, entendida como vida de las almas. La tradición devocional relaciona ambos signos con los sacramentos y con las gracias del Espíritu Santo.1

La fuente bíblica de esta simbología aparece en la escena de la pasión: después de la muerte de Jesús, un soldado atraviesa su costado con una lanza, y de él brotan sangre y agua. Aunque el corazón atravesado no aparece visualmente en la pintura, los rayos aluden a ese acontecimiento del Viernes Santo y vinculan la imagen con el sacrificio redentor de Cristo.1

El rayo pálido suele relacionarse especialmente con el Bautismo y la Penitencia, sacramentos que purifican al ser humano. El rayo rojo alude de modo particular a la Eucaristía, que alimenta la vida cristiana con la entrega de Cristo. En conjunto, ambos rayos expresan la plenitud de las gracias que brotan del misterio pascual.1

La inscripción

La frase «Jesús, en ti confío» resume la respuesta que la imagen espera del creyente. La confianza cristiana no consiste en un optimismo genérico ni en la mera seguridad psicológica, sino en abandonarse a Cristo, reconocer su misericordia y acudir a él con fe.

La inscripción también impide interpretar la imagen como un objeto mágico. La devoción auténtica exige una vida transformada por la confianza en Dios y por el amor activo al prójimo. La veneración de la imagen recuerda las exigencias de la misericordia y no puede separarse de las obras de caridad.1

Significado teológico

La misericordia manifestada en Cristo

La imagen presenta la misericordia divina en el rostro y en la persona de Jesucristo. La misericordia no aparece como una cualidad abstracta o impersonal, sino como el amor de Dios que llega a los seres humanos por medio del Hijo y alcanza su plenitud en el misterio pascual.3

La tradición teológica vinculada a la espiritualidad del Corazón de Cristo entiende que Jesús revela el rostro del Padre. Desde esta perspectiva, contemplar al Cristo misericordioso conduce a reconocer el amor trinitario: el Padre es la fuente del amor salvador, Cristo lo manifiesta en la historia y el Espíritu Santo comunica sus frutos a los creyentes.3

La misericordia no elimina la verdad ni convierte el pecado en algo irrelevante. Manifiesta el amor de Dios precisamente ante la realidad del mal y llama a la conversión. Por eso, la imagen une la gloria del Resucitado con las heridas de la pasión: la misericordia que salva tiene como fundamento la entrega de Cristo en la cruz.1

Confianza y conversión

La confianza constituye la primera actitud espiritual asociada a la imagen. El creyente contempla a Cristo y responde con abandono filial, especialmente en momentos de pecado, sufrimiento, enfermedad o muerte.

Sin embargo, la confianza no puede reducirse a pedir favores. La devoción reclama una conversión concreta: reconciliarse con Dios, practicar la caridad y ejercer la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración. La espiritualidad atribuida a santa Faustina pide realizar diariamente al menos un acto de amor al prójimo.4

La imagen, por tanto, contiene una dimensión moral inseparable de su contenido iconográfico. Quien venera a Cristo misericordioso debe aprender a mirar a los demás con compasión, especialmente a quienes sufren necesidades materiales o espirituales. El culto al Corazón de Cristo no puede encerrarse en una experiencia individualista, porque el amor de Jesús impulsa a buscar el bien y la salvación de todos.5

Relación con la liturgia pascual

La Imagen de Jesús Misericordioso mantiene una relación estrecha con el Domingo de la Divina Misericordia, celebrado el segundo domingo de Pascua, es decir, el domingo siguiente a la solemnidad de la Resurrección del Señor. La elección de este día conecta la devoción con el Evangelio de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos y con la institución del sacramento de la Penitencia.1

La imagen reúne dos momentos fundamentales del Evangelio:

  • La pasión y muerte de Cristo, evocadas por la sangre y el agua que brotan de su costado.
  • La resurrección y el don de la paz, representados por Jesús vivo que se acerca a sus discípulos y ofrece el perdón de los pecados.1

Esta unión evita separar la misericordia de la Pascua. La misericordia cristiana nace del sacrificio redentor de Cristo y alcanza su manifestación plena en el Resucitado. La imagen no sustituye el Evangelio ni los sacramentos, sino que orienta la contemplación hacia ellos.

Difusión de la imagen

Otras versiones pictóricas

La primera imagen de Vilna no fue la única representación vinculada a la devoción. En 1943, Stanisław Batowski pintó otra imagen en Leópolis, a petición de las religiosas de Nuestra Señora de la Misericordia. La pintura fue colocada en una capilla de Varsovia, pero quedó destruida durante la insurrección de Varsovia.2

Batowski realizó posteriormente otra pintura para la casa de Cracovia, adonde llegó en octubre de 1943. Al mismo tiempo, el pintor Adolf Hyła había preparado otra imagen como exvoto por haber sobrevivido a la guerra. Esta última, realizada con ayuda de una descripción tomada del Diario de santa Faustina y de una copia de la pintura de Kazimirowski, quedó instalada en la capilla de la congregación de Cracovia.6

La imagen de Hyła adquirió una gran difusión y recibió veneración en la capilla de las religiosas de Nuestra Señora de la Misericordia en Cracovia. Numerosos fieles acudieron ante ella para pedir gracias, y muchas reproducciones llegaron a distintos países.6

Las diversas pinturas no son idénticas. Algunas reproducen con mayor fidelidad la composición de Kazimirowski; otras presentan a Cristo con cambios en la postura, el rostro, el fondo, la intensidad de los rayos o la disposición de la túnica. La unidad de la tradición depende sobre todo de los elementos esenciales: Cristo misericordioso, la mano que bendice, los dos rayos y la invocación de confianza.

Presencia en la piedad católica

La imagen aparece en iglesias, capillas, conventos y hogares católicos. Muchos fieles la colocan en lugares destinados a la oración personal o familiar. Su presencia pretende recordar que Cristo ofrece continuamente la reconciliación y que el cristiano debe vivir con confianza en Dios y misericordia hacia los demás.

La veneración de una imagen cristiana no equivale a adorar la materia de la pintura. La adoración corresponde únicamente a Dios. La imagen dirige la memoria y la oración hacia Jesucristo, que constituye su verdadero centro. En este sentido, la pintura funciona como un signo visible de una realidad espiritual: el amor misericordioso manifestado por Cristo crucificado y resucitado.

Prácticas devocionales relacionadas

La hora de la misericordia

La devoción vinculada a santa Faustina concede un lugar especial a las tres de la tarde, hora tradicionalmente asociada con la muerte de Cristo. La oración de esta hora invita a sumergirse en la misericordia divina, adorarla y pedirla para el mundo, especialmente para los pecadores.4

La práctica puede incluir el viacrucis, la adoración eucarística o una breve oración allí donde se encuentre el fiel. El centro no reside en una fórmula mecánica, sino en recordar con fe la pasión de Cristo y recurrir a sus méritos.4

La fiesta de la Divina Misericordia

La celebración del segundo domingo de Pascua ocupa un lugar central en esta espiritualidad. La relación entre la fiesta y la imagen aparece ya en las anotaciones de santa Faustina, que vinculan la bendición solemne de la pintura con el domingo posterior a la Pascua.1

La fiesta invita a contemplar la misericordia como fruto de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La novena y la coronilla de la Divina Misericordia suelen comenzar el Viernes Santo como preparación espiritual para esa celebración.1

Obras de misericordia

La veneración de la imagen exige una respuesta práctica. La espiritualidad de la Divina Misericordia reclama ejercer la misericordia mediante obras, palabras y oración. El creyente no puede limitarse a contemplar los rayos ni a repetir una jaculatoria: debe traducir la confianza en Cristo en ayuda concreta al prójimo.4

Esta exigencia comprende la atención a las personas pobres, enfermas, solas, perseguidas o espiritualmente alejadas. El amor cristiano se dirige a todos, con una atención especial hacia quienes padecen mayores necesidades temporales o espirituales.5

Veneración y discernimiento cristiano

La Iglesia católica distingue entre la veneración de una imagen y la adoración debida exclusivamente a Dios. La imagen de Jesús Misericordioso no posee poder autónomo ni actúa como amuleto. Su finalidad consiste en conducir la mente y el corazón hacia Jesucristo, los sacramentos, la conversión y la caridad.

La devoción pierde su sentido cuando la imagen queda separada de la vida sacramental y del Evangelio. Los dos rayos remiten precisamente al agua y a la sangre, a la purificación, a la vida sacramental y a la alianza nueva establecida por Cristo.1

La veneración auténtica integra tres actitudes:

  1. Confianza en Jesucristo, expresada en la inscripción «Jesús, en ti confío».
  2. Conversión y reconciliación, especialmente mediante la Penitencia.
  3. Misericordia activa, ejercida con obras, palabras y oración.1,4

Importancia espiritual

La Imagen de Jesús Misericordioso ofrece una síntesis visual del centro de la fe cristiana: Dios salva al ser humano por medio de Jesucristo, muerto y resucitado. La túnica blanca y la postura del Señor evocan la victoria pascual; los rayos recuerdan la sangre y el agua de la pasión; la mano levantada anuncia bendición y perdón; la inscripción formula la respuesta del creyente.

Su mensaje no promete una vida sin sufrimiento ni una solución automática a las dificultades. Invita a confiar en Cristo dentro de las pruebas, a recibir su misericordia y a convertirse en instrumento de misericordia para los demás. La imagen alcanza así su finalidad cuando conduce a una fe más viva, a una participación más profunda en los sacramentos y a una caridad concreta.

La tradición espiritual relacionada con santa Faustina presenta la imagen como un signo de la misericordia divina ofrecida a todos. Su contemplación recuerda que el amor de Cristo no permanece distante ante el pecado y el dolor, sino que entra en la historia humana, ofrece el perdón y abre un camino de esperanza.

Citas y referencias

  1. María Faustina Kowalska. Diario de la Santa María Faustina Kowalska: La misericordia divina en mi alma, 9 (2005). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Notas a pie de página, María Faustina Kowalska. Diario de la Santa María Faustina Kowalska: La misericordia divina en mi alma, 401 (2005). 2 3 4 5 6 7 8
  3. A. Bandera. La voluntad salvífica universal en la encíclica «Dives in misericordia» y el culto al Corazón de Cristo, 7 (1987). 2
  4. María Faustina Kowalska. Diario de la Santa María Faustina Kowalska: La misericordia divina en mi alma, 11 (2005). 2 3 4 5
  5. A. Bandera. La voluntad salvífica universal en la encíclica «Dives in misericordia» y el culto al Corazón de Cristo, 6 (1987). 2
  6. María Faustina Kowalska. Diario de la Santa María Faustina Kowalska: La misericordia divina en mi alma, 402 (2005). 2
Modificado el 11 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.42Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/1scf43tmm

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