Las revelaciones a santa Faustina Kowalska
La imagen está vinculada a las experiencias místicas de santa María Faustina Kowalska, religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. El 22 de febrero de 1931, mientras se encontraba en Płock, Faustina escribió que recibió de Cristo la petición de pintar una imagen conforme al modelo que contemplaba. Como no dominaba las técnicas pictóricas, buscó ayuda entre sus superioras y confesores.2
La santa describió en su Diario los rasgos principales de la visión: Cristo aparecía con una túnica blanca, la mano derecha elevada para bendecir y la izquierda tocando la zona del pecho, desde donde salían dos rayos. La representación debía incluir también la frase «Jesús, en ti confío», que expresa el núcleo espiritual de esta devoción.2
El confesor de Faustina en Vilna, el sacerdote Miguel Sopoćko, encargó al pintor Eugenio Kazimirowski la ejecución de la pintura conforme a las indicaciones de la religiosa. La obra quedó terminada en junio de 1934 y fue colocada en un espacio del convento de las religiosas de Bernardinas, próximo a la iglesia de San Miguel, donde Sopoćko ejercía como rector.2
La primera pintura de Vilna
La imagen realizada por Kazimirowski es conocida como la imagen de Vilna. En 1935, durante las celebraciones del Año Jubilar de la Redención, la pintura fue trasladada a la Puerta de la Aurora, en Vilna, donde permaneció expuesta del 16 al 28 de abril. El 4 de abril de 1937 recibió la bendición y fue colocada en la iglesia de San Miguel.2
Un comité de expertos examinó la pintura en 1944 por orden del arzobispo Romuald Jałbrzykowski. El dictamen valoró la ejecución artística de la obra y su importancia dentro del arte religioso contemporáneo.2
La imagen de Vilna presenta a Cristo sobre un fondo sencillo. Jesús avanza hacia el espectador con la cabeza rodeada por un halo estrecho y la mirada ligeramente inclinada. La mano derecha bendice; la izquierda abre la túnica a la altura del pecho, aunque el corazón no aparece representado de forma visible. De esa abertura parten un rayo pálido y otro rojo, cuya luz atraviesa las manos y la vestidura.2


