Episodios bajo los primeros emperadores
Las medidas contra los cristianos no mantuvieron siempre el mismo alcance ni respondieron a una política uniforme. Durante el reinado de Nerón, tras el incendio de Roma del año 64, las autoridades castigaron a cristianos en la ciudad. Una tradición antigua sitúa en ese contexto la muerte de Pedro y Pablo. La asociación de Domiciano con otra persecución también aparece en la tradición cristiana, aunque los detalles de algunos martirios atribuidos a esa época resultan discutidos.,
A comienzos del siglo II, Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, consultó al emperador Trajano sobre cómo tratar a los cristianos. La respuesta imperial, transmitida en la correspondencia entre ambos, no ordenaba buscar a los creyentes, pero permitía castigarlos cuando las autoridades los identificaban y comprobaban que persistían en su fe. El caso refleja una situación legal ambigua: el cristianismo no contaba con reconocimiento oficial, pero tampoco sufrió en todo momento una persecución general en las provincias.
Durante los siglos II y III hubo periodos de relativa tranquilidad y episodios de represión. Bajo Marco Aurelio tuvo lugar una persecución en Lyon, en el año 177, que causó numerosas víctimas. En Roma también hubo mártires en distintas etapas, aunque algunos relatos tardíos requieren cautela histórica.,
Las persecuciones generales del siglo III
La política imperial se endureció durante el siglo III. En el año 250, bajo el emperador Decio, los ciudadanos debían realizar actos de culto exigidos por el poder. La medida afectó a los cristianos, que no podían participar en esos ritos sin negar su fe. Algunos huyeron o permanecieron escondidos; otros aceptaron el martirio. También hubo quienes obtuvieron certificados que aparentaban acreditar su cumplimiento, sin haber realizado necesariamente el sacrificio. La Iglesia tuvo que afrontar después el problema pastoral de reconciliar a quienes habían cedido bajo presión.
La persecución de Valeriano, iniciada en 257 y agravada al año siguiente, prohibió el culto cristiano y las reuniones. Las autoridades dirigieron las medidas especialmente contra los responsables y miembros destacados de la Iglesia. La represión perdió fuerza después de la captura del emperador por los persas; en 260, Galieno suspendió las medidas contra los cristianos y comenzó un periodo de paz.,
Las persecuciones no impidieron el crecimiento de las comunidades. Durante los periodos de calma, la Iglesia reforzó su organización y sus redes entre ciudades. En Roma, la comunidad cristiana llegó a ser suficientemente numerosa como para que las persecuciones del siglo III afectaran a una población ya extensa.