La estola es un vestimento litúrgico fundamental en la Iglesia Católica, tanto en los ritos occidentales como en los orientales1. Consiste en una banda de tela, generalmente de seda o una mezcla de seda, que mide entre dos y cuatro pulgadas de ancho y alrededor de ochenta pulgadas de largo1. Aunque su ancho puede ser uniforme, a menudo se estrecha hacia el medio y se ensancha en los extremos, adoptando una forma de trapecio o pala1. Es común que la estola lleve una pequeña cruz cosida o bordada en ambos extremos y en el centro, siendo esta última la única prescrita, ya que el sacerdote la besa antes de ponérsela1.
Desde una perspectiva simbólica, la estola representa las cualificaciones necesarias para los ministros en el manejo de las cosas divinas2. Para los diáconos y presbíteros, es la marca específica de su oficio, siendo la insignia de sus órdenes diaconal y sacerdotal1. San Alfonso María de Ligorio menciona una oración que se recita al ponerse la estola alrededor del cuello: «Devuélveme, Señor, la estola inmortal»3. En la tradición maronita, la estola simboliza el yugo que se ponía en el cuello de las bestias para labrar la tierra, interpretándose como un signo de la obediencia del sacerdote a la autoridad de la Iglesia4. El Papa Benedicto XVI también asoció la estola con las vestiduras festivas que el padre dio al hijo pródigo, simbolizando la purificación y la dignidad que Cristo confiere para el servicio litúrgico5.
