El Imprimátur es un acto de la autoridad pastoral de la Iglesia, que tiene el deber y el derecho de preservar y salvaguardar la integridad de la fe y la moral entre los fieles1. Este permiso de publicación no implica una aprobación de las opiniones privadas del autor, ni significa que la autoridad eclesiástica o el censor respalden la verdad de las afirmaciones o la excelencia de la obra en sí, sino que funciona como una garantía oficial de que el escrito no contiene errores doctrinales o morales2,3.
El Deber de Vigilancia de los Pastores de la Iglesia
Los Pastores de la Iglesia, en particular los obispos como sucesores de los Apóstoles, tienen la tarea de proclamar el Evangelio y de defender la integridad de la fe y la moral1. Cristo confió a los Apóstoles la misión de predicar el Evangelio, que es la fuente de toda verdad salvífica y enseñanza moral, y el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios está confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, ejercido de manera especial por el Sucesor de Pedro1.
Para cumplir con esta responsabilidad, los obispos tienen el derecho de vigilar que los escritos no dañen la fe o la moral de los fieles. Esto incluye la potestad de exigir que las publicaciones relativas a la fe y la moral se sometan a su aprobación previa y, si es necesario, condenar aquellos libros o escritos que ataquen la fe o la moral1,2.
