Los Improperios son una parte integral de la liturgia del Viernes Santo, específicamente durante la Adoración de la Cruz1. En esta conmovedora ceremonia, el Salvador, a través de estas expresiones, reprocha al pueblo judío por su ingratitud ante los favores divinos, culminando en su Pasión y muerte1. La Iglesia Católica ha mantenido esta tradición para meditar sobre el inmenso amor de Cristo y el dolor de su sacrificio.
La fecha exacta de la aparición de los Improperios en la liturgia no está completamente determinada, pero se encuentran referencias claras en documentos de los siglos IX y X, con rastros incluso en manuscritos de épocas anteriores1. Martène, en su obra «De antiquâ ecclesiæ disciplinâ», menciona fragmentos de Ordines que datan del año 600, los cuales ya incluyen los Improperios1.
Originalmente, el orden de los Improperios no era idéntico al actual. En muchos lugares, el oficiante del Viernes Santo cantaba los versos de los reproches, y el pueblo se unía en las respuestas o estribillos, lo que acentuaba el carácter representativo de estas palabras1.
