El incensario, conocido también en contextos litúrgicos como turíbulo, consiste en un recipiente diseñado para contener brasas ardientes sobre las que se coloca el incienso, permitiendo que su humo aromático se eleve de manera controlada. Generalmente fabricado en metales nobles como el hierro, la plata o el oro, se suspende mediante tres o cuatro cadenas unidas a un disco superior que facilita su manejo. El cuerpo principal, similar a una copa o cuenco, incluye una tapa perforada para la salida del humo y un mecanismo para regular la intensidad del fuego. Este utensilio no solo cumple una función práctica, sino que incorpora elementos simbólicos que enriquecen la celebración litúrgica, evocando la presencia del Espíritu Santo a través del aroma y el ascenso del humo.1,2
Elementos componentes
Cuerpo o cuenco: El recipiente central donde se colocan las brasas y el incienso, a menudo con una base estable para reposo.
Cadenas y disco: Permiten el balanceo suave durante la incensación, manteniendo una altura adecuada para evitar riesgos.
Tapa o cubierta: Perforada para dispersar el humo, y unida a una cadena adicional para su apertura.
Barco de incienso: Complemento accesorio que transporta el incienso en grano, esencial para su preparación inmediata.
Estos componentes aseguran un uso seguro y reverente, adaptándose a las exigencias de la liturgia romana.

