El movimiento mariano del siglo XIX
A lo largo del siglo XIX, la devoción a la Virgen María creció de forma notable en todo el mundo. Los fieles, clérigos y religiosos expresaron una profunda piedad mariana, solicitando al Magisterio que declarara oficialmente la Inmaculada Concepción como dogma de fe. Este clamor se manifestó en peticiones escritas de obispos, capítulos canónicos y congregaciones religiosas, que fueron recogidas por el Papa Pío IX como una «conferencia por escrito» de la Iglesia universal3.
Consulta a los obispos
Antes de definir el dogma, Pío IX solicitó a los obispos de todo el mundo que informaran sobre la devoción de sus fieles a la Inmaculada Concepción. La abrumadora mayoría respondió afirmativamente, lo que confirmó el sensus fidelium a favor de la definición2. La Comisión especial de teólogos establecida por el Papa también destacó la importancia de la práctica eclesial en la formulación del dogma3.
Antecedentes doctrinales
La doctrina había sido defendida por teólogos como Domingo Bañez, Juan de la Fuente y, más recientemente, por el Cardenal Perrone, cuya investigación influyó decisivamente en la decisión de Pío IX2. Además, la Tradición patrística y los Padres de la Iglesia ya habían aludido a la santidad singular de María, preparando el terreno para la definición papal4.
