La inerrancia bíblica se entiende como la propiedad de los libros sagrados de no contener error en aquello que los autores inspirados afirman bajo la guía divina. Según la doctrina católica, todo lo afirmado por los hagiógrafos o autores sagrados debe considerarse afirmado por el Espíritu Santo.1 Esto implica que la Escritura es «sólidamente, fielmente y sin error» en la enseñanza de la verdad salvífica.1
Este concepto no equivale a una infalibilidad en todos los detalles históricos o científicos, sino que se limita al propósito divino: la salvación eterna. La Iglesia enseña que Dios, en su infinita sabiduría, se ha condescendido al lenguaje humano para revelar su misterio, adaptándose a nuestra condición limitada.2 Así, la inerrancia protege la integridad del mensaje divino sin pretender una precisión enciclopédica moderna.
Diferencia con el inerrantismo protestante
En contraste con ciertas interpretaciones protestantes que postulan una inerrancia absoluta e incondicional en todos los aspectos, la visión católica es más matizada. La Iglesia rechaza tanto el racionalismo que niega la inspiración como el fundamentalismo que ignora el género literario y el contexto histórico. La inerrancia católica se ancla en la intención del hagiógrafo, discernida a la luz de la Tradición y el Magisterio.3
