La infalibilidad de la Iglesia no se reduce a las definiciones papales solemnes. El Concilio Vaticano II enseña que el cuerpo de los obispos, unido al Papa, también ejerce el magisterio infalible cuando propone una doctrina de fe o costumbres como definitiva. Esta enseñanza puede presentarse mediante un concilio ecuménico o mediante el magisterio ordinario y universal de los obispos dispersos por el mundo, siempre unidos entre sí y con el sucesor de Pedro.
El magisterio ordinario y universal
El magisterio ordinario y universal consiste en la enseñanza constante y concorde de los obispos en comunión con el Papa cuando presentan una doctrina como revelada por Dios o como definitivamente vinculante. La universalidad no depende de que todos los obispos pronuncien idénticas palabras, sino de la concordancia moral de su enseñanza y de su comunión con la sede de Pedro.
Este modo de infalibilidad posee una importancia decisiva porque muchas doctrinas no reciben una definición solemne inmediata. La Iglesia también enseña infaliblemente mediante la continuidad de su predicación, la liturgia, la catequesis episcopal, la tradición teológica y la recepción universal de los fieles bajo la guía del magisterio.
La infalibilidad de la Iglesia incluye, por tanto:
El consenso de los fieles también participa en la vida infalible de la Iglesia mediante el sentido sobrenatural de la fe (sensus fidei fidelium). El pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio, recibe la palabra de Dios y permanece indefectiblemente unido a la fe transmitida por los apóstoles.
Relación entre el Papa y el magisterio ordinario universal
La expresión «magisterio ordinario» puede producir cierta confusión. En sentido estricto, el magisterio ordinario y universal designa la enseñanza universal y concorde del colegio episcopal, no cualquier intervención habitual del Papa. Muchas enseñanzas ordinarias del Papa son auténticas y vinculantes en distinto grado, pero no resultan infalibles simplemente por proceder del Romano Pontífice.
Sin embargo, el Papa ocupa un lugar constitutivo en el magisterio ordinario y universal. Los obispos solo ejercen infaliblemente este magisterio cuando permanecen unidos entre sí y con el sucesor de Pedro. Además, el Papa puede confirmar, expresar y recibir formalmente una doctrina ya enseñada universalmente por los obispos.
Por ello, la infalibilidad no queda limitada a los actos papales solemnes, aunque tampoco toda enseñanza papal ordinaria sea infalible. La clave reside en distinguir entre:
- Una enseñanza ordinaria no definitiva.
- Una doctrina enseñada por el magisterio ordinario y universal.
- Una definición papal definitiva, que pertenece al ejercicio extraordinario del magisterio pontificio.