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Ingeniería genética

La ingeniería genética comprende las técnicas destinadas a modificar deliberadamente el material genético de un organismo. En el ámbito humano puede orientarse a fines terapéuticos, preventivos o de mejoramiento. La Iglesia católica no juzga la investigación genética desde una competencia científica particular, sino desde la dignidad de la persona, el respeto a la vida humana y el bien integral del ser humano. Por ello, distingue cuidadosamente entre la legitimidad de investigar y la licitud moral de cada aplicación concreta.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreIngeniería genética
CategoríaTérmino
DescripciónTécnicas destinadas a modificar deliberadamente el material genético de un organismo con fines terapéuticos, preventivos o de mejoramiento
ReferenciasSal 139,16
Autoridad EclesiásticaCongregación para la Doctrina de la Fe
Doctrinas RelacionadasDignidad de toda persona, Ciencia al servicio del ser humano, Terapia génica en células somáticas, Intervención sobre la línea germinal, Principio de precaución, Eugenesia, Embrión humano y la investigación genética, Diagnóstico prenatal
EnseñanzasDistingue entre la legitimidad de investigar y la licitud moral de cada aplicación concreta, subordinando la ciencia a la dignidad de la persona y al bien integral.
Menciones en DocumentosEvangelium Vitae, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Dignitatis Personae, Acta Apostolicae Sedis
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Concepto y finalidad

La ingeniería genética interviene sobre los genes, que contienen información fundamental para el desarrollo y el funcionamiento del organismo. En medicina, la terapia génica pretende corregir o reducir alteraciones genéticas responsables de determinadas enfermedades. La intervención puede introducir, sustituir o modificar información genética con una finalidad curativa.

La técnica, considerada en sí misma, no determina por completo la moralidad de una actuación. Una misma capacidad científica puede servir para curar a una persona o para seleccionar, destruir y producir seres humanos conforme a determinados criterios. La valoración moral depende de la finalidad, los medios empleados, los riesgos asumidos y el respeto efectivo de la persona afectada.

La Iglesia reconoce la investigación científica y la investigación aplicada como expresiones legítimas del dominio humano sobre la creación, siempre que estén al servicio de la persona y promuevan su desarrollo integral. Sin embargo, la ciencia y la tecnología no pueden establecer por sí solas el sentido de la existencia humana ni los límites morales de la acción.1

Principios antropológicos y morales

La dignidad de toda persona

La moral católica considera que cada ser humano posee una dignidad propia, que no depende de su salud, de sus capacidades actuales, de su autonomía, de su utilidad social ni de las expectativas que otros depositen en él. El ser humano no queda reducido a su patrimonio genético: el genoma constituye una base biológica, pero no agota la realidad personal.

La Iglesia enseña que el ser humano merece respeto como persona desde la concepción. Por tanto, la identidad y la dignidad humanas no nacen de la manifestación progresiva de ciertas capacidades ni de la aceptación social, sino de la naturaleza personal del individuo.2

Esta distinción impide identificar el hacer técnico con el ser personal. La capacidad de modificar genes no concede dominio absoluto sobre la persona, del mismo modo que la eficacia de una intervención no convierte automáticamente su resultado en moralmente bueno.

La ciencia al servicio del ser humano

La Iglesia no pretende fijar los criterios técnicos propios de la investigación biomédica. Su misión consiste en recordar los límites morales que protegen el bien humano. La libertad científica merece respeto, pero debe ordenarse a la verdad y al bien de la persona.2

La eficiencia técnica, la utilidad para determinados grupos o la aceptación cultural de una práctica no bastan para justificarla. La investigación y sus aplicaciones tampoco poseen una neutralidad moral absoluta cuando afectan a la vida, la integridad corporal, la identidad genética o la descendencia humana.1

Terapia génica en células somáticas

Las células somáticas forman el organismo humano, pero no transmiten normalmente sus modificaciones a la descendencia. La terapia génica somática busca eliminar o reducir defectos genéticos en las células del paciente tratado.3

Licitud moral fundamental

La terapia génica aplicada a células somáticas con una finalidad estrictamente terapéutica resulta, en principio, moralmente lícita. La intervención debe dirigirse a curar una enfermedad o a mejorar la condición de salud del paciente, no a producir una modificación arbitraria de sus características personales.3

Esta licitud no significa que toda terapia concreta sea aceptable. El tratamiento debe respetar varios requisitos:

  • Finalidad terapéutica real, orientada a curar o aliviar una enfermedad.
  • Proporcionalidad entre riesgos y beneficios.
  • Fundamento científico suficiente.
  • Protección de la integridad física del paciente.
  • Consentimiento informado del paciente o de su representante legítimo.
  • Rechazo de cualquier instrumentalización de la persona.

La intervención no puede exponer al paciente a riesgos excesivos o desproporcionados respecto de la gravedad de la enfermedad que pretende tratar. El consentimiento informado constituye además una exigencia moral propia del respeto debido a la libertad y responsabilidad del paciente.3

Límites de la terapia somática

La terapia génica somática no puede utilizarse para transformar al paciente en un objeto de experimentación. La investigación clínica exige una relación proporcionada entre el riesgo asumido y el posible beneficio, junto con una información honesta sobre la incertidumbre del procedimiento.

Tampoco resulta lícito presentar como enfermedad cualquier diferencia humana que una cultura considere indeseable. La medicina debe curar patologías verdaderas y aliviar sufrimientos, pero no convertir la diversidad de las personas en una deficiencia que justifique su eliminación o su marginación.

Intervención sobre la línea germinal

La línea germinal comprende las células reproductoras y las células relacionadas con la transmisión hereditaria. La terapia génica germinal pretende corregir defectos genéticos para que los efectos de la intervención pasen a los descendientes del paciente.3

Diferencia respecto de las células somáticas

La diferencia moral principal no reside solo en el lugar donde actúa la técnica. Una intervención somática afecta directamente al paciente tratado; una intervención germinal puede afectar también a sus hijos, nietos y generaciones posteriores, que no han podido prestar consentimiento.

La modificación germinal introduce, por tanto, una responsabilidad especial hacia personas futuras. Los posibles efectos no quedan necesariamente circunscritos al individuo que recibe el tratamiento y pueden alterar de forma duradera el patrimonio hereditario de una familia o de una población.

Irreversibilidad y riesgo intergeneracional

La línea germinal exige una cautela particularmente estricta porque sus modificaciones pueden transmitirse y resultar difíciles o imposibles de revertir. La Congregación para la Doctrina de la Fe considera que los riesgos de la manipulación genética germinal son considerables y todavía no plenamente controlables. En el estado actual de la investigación, no resulta moralmente lícito actuar de modo que pueda causar daños a la descendencia.3

El carácter irreversible o potencialmente irreversible de estas intervenciones refuerza el principio de precaución: nadie puede disponer unilateralmente de la integridad genética de generaciones futuras cuando los efectos y riesgos no pueden preverse con suficiente seguridad.

La prudencia no equivale a hostilidad hacia la ciencia. La Iglesia anima a los investigadores a buscar caminos nuevos de conocimiento, pero excluye aquellas investigaciones que lesionen la dignidad humana o impidan el desarrollo integral de la persona.4

El principio de precaución

El principio de precaución reclama una evaluación rigurosa antes de autorizar una intervención cuyos riesgos puedan ser graves, prolongados o irreversibles. En ingeniería genética humana, este principio adquiere especial importancia por cuatro razones:

  1. La complejidad del genoma dificulta prever todas las consecuencias de una modificación.
  2. Un error puede afectar a la salud y a la integridad del paciente.
  3. Las intervenciones germinales pueden transmitirse a personas que todavía no existen.
  4. Algunos daños pueden resultar irreparables para el individuo o para su descendencia.

La prudencia exige valorar no solo el beneficio pretendido, sino también los daños previsibles, las incertidumbres científicas y la existencia de alternativas menos arriesgadas. La gravedad de una enfermedad no permite justificar cualquier medio terapéutico.

El principio de precaución tampoco autoriza a rechazar indiscriminadamente toda innovación. Una terapia somática dirigida a una enfermedad grave puede resultar moralmente aceptable cuando ofrece una esperanza proporcionada y protege al paciente. La cautela aumenta cuando la intervención afecta a embriones, gametos o células germinales y sus consecuencias pueden extenderse a generaciones futuras.

Ingeniería genética y eugenesia

La eugenesia pretende mejorar la población humana mediante la selección, eliminación o reproducción preferente de individuos conforme a determinados rasgos. La ingeniería genética puede adquirir una orientación eugenésica cuando deja de buscar la curación de una persona enferma y pretende fabricar seres humanos con cualidades consideradas superiores.

La Iglesia rechaza el mejoramiento genético entendido como la imposición de un modelo humano definido por preferencias culturales, económicas o políticas. La Congregación para la Doctrina de la Fe advierte de que estas intervenciones promoverían una mentalidad eugenésica, estigmatizarían indirectamente a quienes carecen de ciertas cualidades y privilegiarían características valoradas por una sociedad concreta, aunque no constituyan lo específicamente humano.3

La dignidad de una persona no aumenta por poseer mayor inteligencia, fuerza, belleza o resistencia, ni disminuye por padecer una discapacidad o una enfermedad. La igualdad fundamental de todos los seres humanos exige rechazar cualquier jerarquía genética entre personas.

El intento de crear un nuevo tipo de ser humano también puede expresar una pretensión de dominio absoluto sobre la humanidad. La doctrina católica considera incompatible con la dignidad humana sustituir el cuidado responsable de la vida por la fabricación planificada de personas conforme a un proyecto ideológico.3

El embrión humano y la investigación genética

La investigación genética sobre embriones humanos plantea una cuestión moral previa: el embrión no puede tratarse como simple material biológico. La Iglesia exige respetarlo como persona desde la concepción y reconoce su derecho a la vida, a la integridad y al desarrollo humano integral.2

Experimentación con embriones

Las intervenciones sobre embriones pueden ser lícitas cuando respetan su vida e integridad, no implican riesgos desproporcionados y buscan su curación, la mejora de su salud o su supervivencia individual.5

Por el contrario, utilizar embriones humanos como objetos de experimentación constituye una ofensa contra su dignidad. La condena alcanza también la producción de embriones para emplearlos como material biológico o como fuente de órganos y tejidos. La destrucción deliberada de seres humanos inocentes no queda justificada por el beneficio que otros pudieran obtener.5

Diagnóstico prenatal

Las técnicas de diagnóstico prenatal pueden tener una finalidad legítima cuando permiten conocer una enfermedad, preparar un tratamiento temprano o ayudar a los padres a acoger responsablemente al hijo. Resultan moralmente aceptables cuando no comportan riesgos desproporcionados para el niño ni para la madre.5

El diagnóstico prenatal adquiere una orientación eugenésica cuando sirve para seleccionar quién puede nacer y promover el aborto de los niños afectados por anomalías. La Iglesia rechaza esta actitud porque mide el valor de una vida según la normalidad física o el bienestar esperado.5

La enfermedad y la discapacidad no destruyen la dignidad de la persona. La respuesta moral adecuada incluye la protección del niño, el apoyo a los padres y la solidaridad social con las familias que afrontan situaciones de especial sufrimiento.

Investigación, consentimiento y confidencialidad

La investigación genética en seres humanos requiere respeto integral por la persona investigada. El consentimiento informado debe basarse en una explicación comprensible de la finalidad, los procedimientos, los riesgos, los beneficios esperados y las incertidumbres existentes.

La información genética puede revelar datos relativos no solo al paciente, sino también a sus familiares y a sus descendientes. Por ello, la investigación debe proteger la intimidad y la confidencialidad. La medicina predictiva plantea además responsabilidades particulares cuando identifica predisposiciones futuras a enfermedades o características hereditarias.4

La persona nunca puede quedar reducida a un conjunto de datos genéticos. El conocimiento del genoma debe servir a su bien, no convertirse en instrumento de discriminación, exclusión laboral, presión social o selección reproductiva.

Distinción entre curación y mejoramiento

La curación intenta restablecer o proteger una función alterada por una enfermedad. El mejoramiento, en cambio, pretende añadir capacidades o rasgos que no responden a una necesidad terapéutica. Esta diferencia no siempre resulta sencilla en la práctica, pero posee gran importancia moral.

Una intervención dirigida a corregir una enfermedad grave puede respetar la dignidad del paciente cuando utiliza medios proporcionados. Una intervención destinada a producir personas más inteligentes, fuertes, atractivas o resistentes corre el riesgo de convertir la vida humana en un proyecto de fabricación y de establecer criterios arbitrarios de superioridad.

Las cualidades que una sociedad valora pueden cambiar con el tiempo. No constituyen por sí mismas la esencia de lo humano. La justicia exige proteger por igual a quienes poseen capacidades ordinarias, capacidades excepcionales, enfermedades o discapacidades.3

Valoración moral de la ingeniería genética

La doctrina católica permite formular una valoración diferenciada:

  • La investigación científica, considerada en general, posee legitimidad cuando busca la verdad y sirve al bien humano.
  • La terapia génica somática puede ser lícita si persigue una finalidad estrictamente terapéutica, respeta el consentimiento informado y mantiene una proporción razonable entre riesgos y beneficios.3
  • La terapia génica germinal no resulta moralmente permisible en el estado actual de la investigación debido a sus riesgos graves, inciertos y transmisibles a la descendencia.3
  • La modificación genética para mejorar la especie humana merece rechazo moral cuando promueve una mentalidad eugenésica, discrimina a quienes no poseen determinados rasgos o intenta fabricar un nuevo tipo de ser humano.3
  • La experimentación destructiva con embriones es siempre incompatible con su dignidad y con su derecho a la vida.5

Conclusión

La ingeniería genética puede constituir un instrumento valioso para combatir enfermedades, pero su legitimidad depende de su orientación al bien integral de la persona. La Iglesia católica no identifica el progreso técnico con el progreso humano: una intervención puede ser técnicamente posible y, sin embargo, moralmente injusta.

La norma decisiva consiste en respetar a cada ser humano como persona, desde la concepción y en todas las etapas de su existencia. La terapia somática estrictamente curativa puede resultar lícita bajo condiciones rigurosas; la intervención germinal exige una cautela especial por su transmisión a la descendencia y por su posible irreversibilidad; y todo proyecto eugenésico contradice la igualdad y la dignidad fundamental de la humanidad.

Citas y referencias

  1. Prefacio, Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación: Respuestas a determinadas cuestiones de actualidad, 1 (1987). 2 3
  2. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 9, septiembre, 1994, 27 (1994). 2 3
  3. Respecto a la instrucción Dignitatis Personae - Tercera parte: Nuevos tratamientos que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano - Terapia génica, Congregación para la Doctrina de la Fe. Respecto a la Instrucción Dignitatis Personae, Tercera Parte (2008). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Fascículo 9, septiembre, 1994, 28 (1994). 2
  5. Capítulo 3 - No matarás - La ley santa de Dios - «tus ojos vieron mi embrión» (Sal 139,16): El unspeakable crimen del aborto, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, 63 (1995). 2 3 4 5
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