Orígenes tempranos y Padres de la Iglesia
Aunque la palabra «corazón» aparece en los Evangelios (Lucas 2, 19; 2, 51) y en algunos comentarios patrísticos, la devoción formal no se estableció hasta el siglo XVII, bajo la influencia de San Juan Eudes, quien popularizó la veneración al Corazón de María como parte de su carisma eucarístico.
Siglo XIX: la Medalla Milagrosa y la expansión
El 1830 marcó un punto de inflexión con la aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré en la capilla de las Hijas de la Caridad de París. La visión incluyó dos corazones —el Sagrado Corazón de Jesús y el Corazón Sagrado de María, este último perforado por una espada— y ordenó la fabricación de la Medalla Milagrosa. La rápida difusión de la medalla, aprobada por el Arzobispo de París en 1832, impulsó la popularidad de la devoción a nivel mundial.
Siglo XX: Fatima y la consagración universal
Las apariciones de Fátima (1917) reforzaron la devoción al Inmaculado Corazón, culminando en la consagración universal del mundo a su Inmaculado Corazón por el Papa Pío XII en 1942, en el vigésimo quinto aniversario de las apariciones. El Concilio de la Liturgia, mediante la Directory on Popular Piety and the Liturgy (2001), reconoce la estrecha relación litúrgica entre el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, celebrados en días contiguos.
El Papa Juan Pablo II, en su discurso del Simposio Internacional sobre la Alianza de los Corazones (1986), subrayó que la devoción al corazón de María «expresa la reverencia a su compasión maternal» y que su intercesión ayuda a vencer el mal que asedia los corazones contemporáneos.