Papado de Pablo III y la bula Licet ab initio
La fundación formal de la Inquisición romana marcó el comienzo de una autoridad centralizada en Roma para juzgar cuestiones doctrinales en todo el mundo católico.
Pablo IV y la consolidación del tribunal
Pablo IV confirmó la Inquisición al inicio de 1550 y, mediante la constitución Licet a diversis (1551), condenó la interferencia de autoridades civiles en los procesos inquisitoriales, reforzando la independencia eclesiástica.
Sixto V y la expansión de competencias
Con la constitución Immensa aeterni Dei (1588), Sixto V otorgó al tribunal autoridad universal sobre todo lo relacionado directa o indirectamente con la fe y la moral, extendiendo su alcance a territorios como Malta, Avignon y diversas ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico.
Pío V y la institucionalización
Pío V (1566‑1572) reorganizó la sede del tribunal, creando archivos para preservar los actos procesales y estableciendo normas de confidencialidad estrictas.
Pío X y la reforma del siglo XX
En 1908, mediante la constitución Sapienti consilio, Pío X cambió el nombre a Congregación del Santo Oficio, adaptando la institución a las nuevas circunstancias históricas.
Pablo VI y la orientación pastoral
El motu propio Integrae servandae (1965) transformó la Congregación del Santo Oficio en la Congregación para la Doctrina de la Fe, desplazando el énfasis de la mera condena hacia la corrección caritativa y la promoción de la verdad doctrinal.