La inscripción INRI tiene sus raíces en el relato bíblico de la crucifixión de Jesús. Según el Evangelio de Juan, Poncio Pilato, el procurador romano, mandó escribir un título y lo puso en la cruz de Jesús1. El texto decía: «Jesús de Nazaret, el Rey de los Judíos»1. Este título fue leído por muchos judíos porque el lugar de la crucifixión estaba cerca de la ciudad1. La inscripción fue escrita en tres idiomas: hebreo, latín y griego2,3,1.
San Agustín de Hipona explicó que estas tres lenguas eran prominentes en aquel lugar: el hebreo por los judíos que se gloriaban en la ley de Dios, el griego por los sabios de entre los gentiles, y el latín por los romanos, quienes ejercían su poder soberano en ese momento2. Este detalle subraya la universalidad del mensaje de Cristo, que se extendía más allá de las fronteras culturales y lingüísticas2.
Los sumos sacerdotes de los judíos protestaron ante Pilato, pidiéndole que no escribiera «El Rey de los Judíos», sino «Este hombre dijo: 'Yo soy el Rey de los Judíos'»1. Sin embargo, Pilato se mantuvo firme en su decisión, respondiendo: «Lo que he escrito, he escrito»1,4. Esta insistencia de Pilato es vista por algunos como un acto de ironía divina, ya que, sin saberlo, proclamó una verdad fundamental sobre Jesús4.

