El Concilio Vaticano II y la necesidad de reforma curial
El Concilio Vaticano II (1962‑1965) impulsó una profunda actualización de la Iglesia, incluyendo la revisión de sus órganos administrativos. En la Decretación Christus Dominus (28 octubre 1965) se subrayó la necesidad de adaptar la Curia a los cambios culturales y sociales contemporáneos1. Esta visión preparó el terreno para que el Papa Pablo VI propusiera una reorganización del Santo Oficio, una de las instituciones más controvertidas de la Iglesia.
Críticas al Santo Oficio y al Índice
Antes del motu proprio, el Santo Oficio ejercía una autoridad casi absoluta en la censura de libros, sin ofrecer a los autores la posibilidad de defenderse. Esta práctica había generado críticas por su falta de justicia procesal y por la percepción de opacidad que alimentaba el escándalo de censura1.
