La inteligencia humana como imagen de Dios
La tradición cristiana reconoce la inteligencia como un don esencial del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (Gén 1, 27). Esta capacidad de razonamiento y creatividad está destinada al cuidado y cultivo de la creación (Gén 2, 15) y a la participación en la obra creadora de Dios1.
La visión católica de la tecnología
El Concilio Vaticano II, en Gaudium et Spes, afirma que el desarrollo social debe «trabajar siempre al beneficio de la persona humana»2. San Juan Pablo II, en Centesimus Annus, subraya que la ciencia y la tecnología son «evidencia de la nobleza de la vocación humana» para participar responsablemente en la acción creativa de Dios3. El Papa Francisco, en Laudato Si’, destaca que la tecnología es «producto maravilloso de la creatividad humana» pero advierte que su poder debe acompañarse de una ética y responsabilidad crecientes4,5.
