Verdad y fiabilidad
La inteligencia artificial puede producir errores, contenidos inventados, imágenes manipuladas y afirmaciones falsas. La facilidad de generar textos convincentes no garantiza su verdad. El usuario debe comprobar la información, distinguir hechos de opiniones y evitar presentar como propio o cierto aquello que no ha verificado.
La búsqueda de la verdad pertenece esencialmente a la dignidad humana. Nadie puede permanecer indiferente ante la cuestión de si aquello que conoce es verdadero o falso.
En el ámbito periodístico, educativo, científico, judicial o pastoral, la supervisión humana resulta indispensable. Una decisión que afecta gravemente a una persona no debe descansar exclusivamente en una salida automática cuyo funcionamiento y datos no puedan examinarse.
Libertad y responsabilidad
La libertad humana no consiste en elegir cualquier resultado, sino en orientar los actos hacia bienes verdaderos. La IA puede influir en las decisiones mediante recomendaciones, perfiles psicológicos, publicidad personalizada o sistemas de clasificación. Cuando esa influencia permanece oculta, puede limitar la autonomía de las personas.
La responsabilidad moral no puede transferirse a una máquina. Las instituciones deben determinar quién responde por los daños, establecer mecanismos de revisión y corregir los errores. La autonomía técnica nunca elimina la obligación de rendir cuentas.
Privacidad y protección de datos
La recopilación masiva de datos puede revelar la identidad, la salud, las convicciones religiosas, las relaciones y la situación económica de las personas. El respeto a la privacidad exige limitar la recogida de información, protegerla frente a accesos indebidos y utilizarla únicamente para fines legítimos.
La privacidad pertenece al respeto debido a la persona, no a una concesión opcional de las empresas o de las administraciones. El desarrollo responsable de la IA debe incluir seguridad, transparencia, equidad y responsabilidad.
Justicia e inclusión
Los sistemas artificiales pueden reproducir prejuicios presentes en los datos utilizados para su entrenamiento. Una herramienta empleada para contratar trabajadores, conceder créditos, valorar riesgos o distribuir ayudas puede perjudicar injustamente a determinados grupos.
La justicia exige evaluar los efectos reales de la tecnología, corregir discriminaciones y garantizar que los beneficios no queden reservados a quienes poseen más recursos. La innovación debe atender especialmente a las personas pobres, vulnerables, enfermas, ancianas, migrantes y excluidas del acceso digital.
Transparencia y control humano
Las personas afectadas por una decisión automatizada necesitan conocer, en la medida razonable, qué función desempeñó el sistema, qué datos utilizó y quién supervisó el resultado. La opacidad dificulta la defensa de los derechos y debilita la confianza pública.
La Iglesia reclama instituciones capaces de examinar los problemas éticos de la IA y proteger los derechos de quienes utilizan estos sistemas o padecen sus consecuencias.