Bautismo
El ministro debe querer bautizar, no simplemente lavar o representar un bautismo. La persona adulta debe querer recibir el sacramento. En los niños, la Iglesia admite el bautismo sin una intención personal consciente, porque el niño todavía no puede ejercer la libertad racional necesaria para formularla.
Cuando existe una duda razonable sobre la validez de un bautismo anterior, la Iglesia puede administrar el bautismo bajo condición, siempre que persista la duda y la práctica respete las normas litúrgicas y canónicas correspondientes.
Confirmación
El ministro debe querer conferir la confirmación mediante el rito de la Iglesia. El destinatario necesita una disposición adecuada, aunque la validez no dependa de una emoción religiosa concreta ni de una comprensión teológica desarrollada. La falta de fervor momentáneo no equivale por sí sola a ausencia de intención.
Eucaristía
En la Eucaristía, el sacerdote debe querer realizar la acción eucarística de la Iglesia, especialmente la consagración del pan y del vino conforme al rito sacramental. Una celebración distraída o espiritualmente tibia no invalida por sí misma la consagración.
El destinatario debe acercarse a la comunión queriendo recibir la Eucaristía. La recepción puramente accidental, involuntaria o carente de todo acto humano consciente plantea una cuestión distinta de la comunión recibida con fe débil o con escasa devoción. La disposición espiritual afecta principalmente al fruto de la recepción.
Penitencia
La penitencia exige una cooperación especialmente intensa del penitente. El ministro debe querer absolver sacramentalmente, y el penitente debe acudir con una voluntad real de reconciliación.
La confesión pronunciada como simple fórmula social, sin arrepentimiento ni voluntad de conversión, no expresa adecuadamente la intención propia del sacramento. La contrición imperfecta puede bastar para la recepción válida cuando existe verdadera apertura a la misericordia de Dios, pero la ausencia total de arrepentimiento contradice la naturaleza de la penitencia.
Unción de los enfermos
La unción requiere que el ministro quiera conferir este sacramento y que el enfermo pueda recibirlo conforme a las condiciones de la Iglesia. Una persona privada del uso de razón puede recibirlo cuando antes de perderlo poseía una disposición suficiente y no existe un rechazo conocido del sacramento. La intención actual no siempre resulta posible en una situación de enfermedad grave.
Orden sagrado
El obispo debe querer conferir el sacramento del orden, y el candidato debe querer recibirlo. La intención del ordenando no consiste únicamente en aceptar una función social o administrativa, sino en recibir el sacramento mediante el cual la Iglesia confiere el orden sagrado.
La ausencia de entusiasmo, una comprensión incompleta o una debilidad espiritual no equivalen automáticamente a falta de intención. En cambio, la exclusión positiva del sacramento, del ministerio ordenado o de aquello que la Iglesia confiere mediante el rito puede afectar a la validez.
Matrimonio
El matrimonio presenta una configuración particular. Los propios contrayentes son quienes expresan el consentimiento matrimonial; por ello, la intención matrimonial ocupa un lugar central. La Iglesia latina entiende que el matrimonio sacramental entre bautizados presupone un verdadero matrimonio natural.
Los contrayentes deben querer establecer una unión matrimonial, no una convivencia provisional, una relación meramente aparente o un acuerdo sometido a condiciones incompatibles con la esencia del matrimonio. La intención matrimonial incluye, al menos implícitamente, la indisolubilidad, la fidelidad, el bien de los cónyuges y la apertura al bien de los hijos. Una exclusión positiva de alguno de estos elementos puede afectar a la existencia misma del consentimiento matrimonial.
La falta de fe explícita no destruye automáticamente la validez del matrimonio entre bautizados. La cuestión decisiva consiste en determinar qué quisieron realmente los contrayentes al prestar el consentimiento. Cuando una persona rechaza de manera consciente y deliberada el matrimonio tal como la Iglesia lo entiende, puede surgir una grave deficiencia de intención.,