La teología católica sobre Israel ha evolucionado significativamente, especialmente a partir del Concilio Vaticano II.
Rechazo al Supersesionismo
El supersesionismo, la creencia de que Israel fue rechazado definitivamente y reemplazado por la Iglesia gentil de la Nueva Alianza, ha sido la creencia predominante entre muchos católicos a lo largo de la historia. Sin embargo, los Padres y los mejores teólogos de la Iglesia, así como los Papas, nunca sucumbieron a ella, ya que leyeron y aceptaron las enseñanzas de la Carta a los Romanos, que excluye tal posición.
Las enseñanzas magisteriales modernas, especialmente a partir de 1980, parecen descartar el supersesionismo. El Papa Juan Pablo II afirmó en 1980 que la alianza con Israel era una alianza irrevocable y que se aplica al judaísmo contemporáneo. Esta enseñanza migró posteriormente al Catecismo de la Iglesia Católica.
La Alianza Única y sus Etapas
Joseph Ratzinger (Papa Benedicto XVI), como teólogo, afirmó que en el tiempo presente, hasta que la plenitud de los gentiles entre en la Iglesia, «Israel conserva su misión» y que «Israel está en manos de Dios que lo salvará 'en su totalidad' en el momento oportuno cuando el número de los gentiles sea completo». Esto no implica dos alianzas paralelas, sino que hay una sola alianza que tiene varias etapas en la historia, cada una dirigida hacia Cristo, cumplida en Él y hecha efectiva por Él. La Alianza Mosaica fue y es salvífica para los judíos de buena fe que expresan su confianza en la promesa de redención de Dios mediante su obediencia a la Ley Mosaica.
La Iglesia como el «Nuevo Israel»
La Iglesia Católica se refiere a sí misma como el «nuevo Israel», aunque no «de la carne». Esto refleja la enseñanza de Pablo de que los gentiles son injertados en las raíces y el brote natural de Israel de la carne (Romanos 11:19-24).
La Ley Ceremonial Mosaica
Un punto importante en el desarrollo doctrinal se refiere a la Ley Ceremonial Mosaica. Documentos magisteriales como Cantate Domino (1442) y Mystici Corporis (1943) han enseñado que la ley ceremonial judía está muerta y es mortal. Sin embargo, esta enseñanza se entiende como una prohibición de la práctica de la ley ceremonial mosaica dentro y fuera de la Iglesia Católica, y no como una negación de la validez de la alianza con el pueblo judío,. La Ley de Cristo, junto con sus misterios, promulgaciones, instituciones y ritos sagrados, fue ratificada para todo el mundo en la sangre de Jesucristo, reemplazando la Antigua Ley.