Jacques Maritain nació en Francia en 1882 y murió en Toulouse en 1973. Recibió inicialmente una formación intelectual vinculada a la filosofía moderna. Durante sus años de juventud experimentó una profunda crisis espiritual e intelectual, provocada por la dificultad de encontrar una verdad firme en las corrientes filosóficas dominantes de su tiempo.
En 1906, Jacques Maritain y su esposa, Raïssa Oumançoff, recibieron el bautismo católico. La conversión no supuso para Maritain el abandono de la razón, sino el descubrimiento de que la inteligencia humana alcanza su plenitud cuando permanece abierta a la verdad y a la trascendencia. Una interpretación de este periodo sostiene que Maritain superó la aparente oposición entre fe e inteligencia comprendiendo que el conflicto no enfrentaba propiamente a la fe con la razón, sino a la fe con una razón desviada de su orientación hacia el ser y la verdad.1
La conversión transformó también su itinerario filosófico. Maritain comenzó a estudiar con especial intensidad a santo Tomás de Aquino, a san Agustín, a los Padres de la Iglesia y a los comentaristas de la tradición escolástica. Su tomismo no consistió en una repetición arqueológica de fórmulas medievales. Pretendió recuperar los principios de la filosofía tomista para responder a problemas contemporáneos planteados por la ciencia, la política, el arte y la cultura.
Raïssa desempeñó un papel esencial en su vida espiritual e intelectual. Ambos mantuvieron una intensa vida de oración, estudio y amistad con artistas, escritores, filósofos y conversos. Su casa de Meudon se convirtió en un centro de encuentro para numerosos intelectuales católicos y no católicos. En ese ambiente, Jacques Maritain ejerció también una labor de acompañamiento intelectual y catequético. En 1925 participó en la preparación doctrinal de Maurice Sachs, quien recibió el bautismo con Raïssa como madrina.2



