Los tres Evangelios sinópticos -Mateo, Marcos y Lucas- narran el encuentro de Jesús con el padre de la niña y la curación de esta. Solo Lucas da su nombre: Jairo. Marcos lo presenta como uno de los dirigentes de la sinagoga, mientras que Mateo habla de un dirigente sin identificarlo.1,2,3
En el relato de Marcos, Jairo se acerca a Jesús, cae a sus pies y le suplica que vaya a su casa, pues su hija está a punto de morir. Lucas precisa que era su única hija y que tenía unos doce años. Jesús acepta acompañarlo, pero la multitud dificulta el avance.1,2
Durante el trayecto, una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años toca el manto de Jesús y queda curada. Jesús se detiene para hablar con ella. Mientras tanto, llegan mensajeros desde la casa de Jairo para comunicarle que la niña ha muerto. Jesús le dice que no tema y que crea.1,2
Al llegar, Jesús encuentra a los presentes llorando y lamentándose. Afirma que la niña no está muerta, sino dormida; quienes lo oyen se burlan de él. Entra en la habitación con los padres y algunos discípulos, toma a la niña de la mano y la llama a levantarse. Ella se incorpora y comienza a caminar. Marcos conserva las palabras arameas de Jesús, Talitha cum, que traduce como «Muchacha, levántate». Jesús pide después que le den de comer.1,2
Mateo ofrece una versión más breve: Jairo anuncia que su hija acaba de morir y pide a Jesús que la toque para que vuelva a vivir. Jesús va a la casa y la niña se levanta cuando él la toma de la mano.3


