La Iglesia Católica enseña que la jerarquía eclesiástica, en su triple gradación de obispos, presbíteros y diáconos, debe su existencia a la institución divina1. Esta jerarquía es también conocida como hierarchia ordinis porque sus grados corresponden a los del sacramento del Orden Sagrado1. El Señor Jesús instituyó una variedad de ministerios en su Iglesia para el bien de todo el cuerpo, y para el alimento y crecimiento constante del Pueblo de Dios2.
Cristo, el Pastor eterno, estableció su Santa Iglesia enviando a los apóstoles, así como Él fue enviado por el Padre. Quiso que los sucesores de los apóstoles, es decir, los obispos, fueran pastores en su Iglesia hasta la consumación de los siglos2. Para que el episcopado fuera uno e indiviso, colocó a San Pedro sobre los demás apóstoles, instituyendo en él el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de fe y comunión2.
El término «jerarquía» no se interpreta como hiera arche (oficio sagrado), sino como hieron arche (oficio de ritos sagrados)1.
