Jericó

Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo y un lugar de gran relevancia en la tradición bíblica y cristiana. Situada en el valle del Jordán, cerca del mar Muerto, es conocida por la conquista milagrosa liderada por Josué, donde los muros de la ciudad cayeron por obra de Dios tras el rodeo de los israelitas con el arca de la alianza. En el Nuevo Testamento, Jesús pasó por Jericó, curando a ciegos y encontrándose con Zaqueo. Su simbolismo teológico, interpretado por los Padres de la Iglesia como representación del mundo en revuelta o de obstáculos espirituales, la convierte en un emblema de fe y conversión. Arqueológicamente confirmada como una de las urbes más antiguas, Jericó sigue siendo un destino de peregrinación cristiana, evocando la presencia divina en la historia de la salvación.1,2
Tabla de contenido
Jericó en el Antiguo Testamento
Jericó ocupa un lugar central en la narrativa del Éxodo y la entrada de los israelitas en la Tierra Prometida. La ciudad, descrita como fortificada y cerrada herméticamente, representaba el primer obstáculo significativo tras el cruce del Jordán.1
La conquista por Josué
Según el Libro de Josué, Dios reveló a Josué que entregaba Jericó en sus manos. Las instrucciones divinas eran precisas: durante seis días, los guerreros israelitas rodearían la ciudad una vez al día, precedidos por siete sacerdotes con trompetas de cuerno de carnero ante el arca de la alianza. El séptimo día, darían siete vueltas, y al sonar prolongadamente las trompetas, el pueblo gritaría, haciendo caer los muros por poder divino.1
«Cuando hagan un toque largo con el cuerno de carnero, en cuanto oigáis el sonido de la trompeta, todo el pueblo dará un gran grito y el muro de la ciudad caerá por tierra, y el pueblo avanzará derecho a la carga».1
Así ocurrió: tras el séptimo rodeo, los muros se derrumbaron, permitiendo la toma de la ciudad. Todo su contenido fue anatemizado (destinado a la destrucción), salvo Rahab la prostituta y su familia, por haber protegido a los espías israelitas. Los tesoros de metales preciosos se destinaron al santuario de Dios. Josué maldijo a quien reconstruyera la ciudad, profetizando la muerte de su primogénito al fundar sus cimientos y de su hijo menor al colocar las puertas.1,3
Este episodio subraya la fe obediente como instrumento de victoria divina, un tema recurrente en la Escritura.4
Otras menciones en el Antiguo Testamento
Jericó reaparece como ciudad de las palmeras en el territorio de Benjamín (Josué 18:21). Fue dominada por Eglón, rey de Moab (Jueces 3:12), y sirvió de refugio a los emisarios de David (2 Samuel 10:5). Hiel de Betel la reconstruyó en tiempos de Acab, cumpliendo la maldición de Josué al perder a sus hijos (1 Reyes 16:34). Eliseo purificó sus aguas amargas (2 Reyes 2:18-22), y tras el exilio, 345 habitantes regresaron (Esdras 2:34; Nehemías 7:36). En los Macabeos, fue fortificada contra invasores.2
Jericó en el Nuevo Testamento
En los Evangelios, Jericó es escenario de encuentros transformadores con Jesús, destacando su misericordia hacia los marginados.
Al salir de Jericó rumbo a Jerusalén, Jesús curó a dos ciegos (Mateo 20:29-34) o uno, Bartimeo (Marcos 10:46; Lucas 18:35), que lo siguieron. Poco antes, había encontrado a Zaqueo, el publicano jefe, quien trepó a un sicómoro para verlo, prometiendo restitución cuádruple a los defraudados (Lucas 19:1-10). Estos eventos, cerca de las aguas del Jordán donde Jesús fue bautizado (Mateo 3:13), vinculan Jericó con el inicio y culminación de su misión pública.2,5,6
San Jerónimo describe estos sitios en su peregrinación: el sicómoro de Zaqueo como símbolo de penitencia, y el lugar de los ciegos como prefiguración de los pueblos que creerían en Cristo.6
Simbolismo teológico en la tradición católica
Los Padres de la Iglesia interpretan Jericó alegóricamente, enriqueciendo su significado espiritual.
Tomás de Aquino ve en Jericó la «revolta» o el mundo rebelde contra Dios. La salida de Jesús de Jericó simboliza la liberación de las revueltas humanas hacia la fe, como ovejas que siguen al Buen Pastor (Juan 10:27). Los ciegos representan la devoción que precede a la curación divina.7
En Hebreos 11:30-31, la caída de los muros por fe (después de siete días de rodeo) ilustra cómo la predicación continua derriba fortalezas mundanas (2 Corintios 10:4). Rahab, prostituta o idólatra, se salva por acoger a los espías con paz, prefigurando la salvación de gentiles que reciben el Evangelio (Mateo 10:11).4,3
Jericó evoca la circuncisión del corazón (Romanos 2:28-29) en el monte de los prepucios (Josué 5:3) y las aguas purificadas por Eliseo, símbolo de gracia bautismal.6
Historia y arqueología de Jericó
Tres Jericós sucesivas ocuparon la zona: la cananea conquistada por Josué en Tell es-Sultán, cerca de la fuente de Eliseo ('Ain es-Sultán). Excavaciones (1907-1908) revelaron un recinto de 840 yardas, murallas dobles cananeas, viviendas israelitas y cerámica postexílica.2
Herodes fundó una segunda Jericó con palacios, hipódromo y acueductos, donde murió. Restos incluyen Khirbet Qaqun y Birket Musa. La tercera, bizantina, fue sede suffragánea de Cesarea Marítima, con obispos como Januarius (325) o Basilius (800). Hoy, er-Riha es un oasis con iglesias griega y latina, y mezquita.2
Juan Pablo II la llamó «oasis floreciente en el desierto», rica en memoria divina, cerca del bautismo de Cristo y curaciones.5
Jericó en la piedad cristiana y peregrinaciones
La Iglesia fomenta peregrinaciones a Jericó como expresión de fe, armonizada con la liturgia. Toda vida cristiana es peregrinación al santuario celestial, pero sitios como Jericó reviven la historia salvífica.8
Pilgrims visitan la fuente de Eliseo, el sicómoro de Zaqueo y Al-Maghtas (bautismo de Jesús). En la tradición, evoca el misterio del Templo cumplido en Cristo (Juan 2:22-23).5,6,8
En la Edad Media, cruzados la ligaron al Santo Sepulcro. Hoy, es promesa de paz para Tierra Santa.2,5
Cuadro resumen
| Cuadro resumen[Datos abiertos] | |
|---|---|
| Nombre | Jericó |
| Categoría | Lugar sagrado |
| Tipo de Lugar | Ciudad |
| Ubicación | Valle del Jordán, cerca del mar Muerto |
| Contexto Histórico | Ciudad cananea conquistada por Josué; citada en Antiguo y Nuevo Testamento |
| Importancia Eclesial | Destino de peregrinación cristiana; vinculada a episodios de Jesús y a la historia de la salvación |
| Simbolismo | Representa obstáculos espirituales y la fe que derriba muros |
| Descripción Breve | Una de las ciudades más antiguas del mundo, con gran relevancia bíblica y cristiana |
| Historia | Conquista milagrosa bajo Josué con la caída de sus muros; refugio de Rahab; menciones como ciudad de las palmeras, lugar de encuentro de Jesús con Zaqueo y los ciegos; sucesivas reconstrucciones y su papel actual como oasis de peregrinación |
Citas y referencias
- La Santa Biblia, Versión Revisada Estándar Nueva, Edición Católica (NRSV‑CE). La Santa Biblia, §Josué 6 (1993). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
- Jericó, The Encyclopedia Press 🔗. Enciclopedia Católica, §Jericó (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
- Capítulo XI, Tomás de Aquino. Comentario a Hebreos, § 11:31 (1272). ↩ ↩2
- Capítulo XI, Tomás de Aquino. Comentario a Hebreos, § 11:30 (1272). ↩ ↩2
- Papa Juan Pablo II. Peregrinación del Jubileo a Tierra Santa: Visita a Al‑Maghtas, lugar del Bautismo de Cristo (22 de marzo de 2000) – Discurso (2000). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
- Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Stridon o San Jerónimo). Carta 108 – A Eustocio, § 12 (404). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
- Capítulo XX, Tomás de Aquino. Comentario a Mateo, § 20:29 (1272). ↩
- Parte II: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia – Capítulo VIII: Santuarios y peregrinaciones – Peregrinación cristiana, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, § 281 (2001). ↩ ↩2
