Jesús es el nombre que expresa su identidad y su misión salvadora. La fe cristiana lo entiende como el Hijo de Dios hecho hombre, cuya persona lleva a cumplimiento la historia de la salvación. Por eso, el nombre de Jesús no designa solo a un personaje del pasado: remite al misterio de Dios que viene al encuentro de los seres humanos para reconciliarlos con él.3
Cristo procede del griego Christós, traducción del hebreo Mesías, y significa «Ungido». El título vincula a Jesús con la esperanza de Israel, aunque la fe cristiana reconoce que su identidad excede las expectativas de un mesías entendido solo como descendiente de David o dirigente humano: Jesús es el Hijo de Dios, existente en la naturaleza divina.2,1
El título Hijo de Dios expresa su relación única con el Padre. La profesión cristiana no presenta a Jesús como un hombre especialmente cercano a Dios, sino como el Hijo eterno que asumió la condición humana. Los títulos aplicados a Jesús adquieren su sentido pleno a la luz de su muerte y resurrección.2,1
Señor manifiesta tanto el respeto y la confianza de quienes se acercaban a Jesús como la confesión de su autoridad divina. En la fe de la Iglesia, Jesucristo es el Señor de la historia y de la creación.1,4
