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Jesucristo

Jesucristo es el nombre con el que la fe cristiana confiesa a Jesús de Nazaret como el Cristo -el Mesías esperado- y el Hijo eterno de Dios hecho hombre. Para la Iglesia católica, su persona y su misión son inseparables: en su vida, muerte y resurrección, Dios revela su amor y ofrece la salvación a la humanidad.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreJesucristo
CategoríaPersona
Nombre CompletoJesús de Nazaret
DescripciónEl Hijo eterno de Dios hecho hombre, el Mesías esperado y el Salvador de la humanidad. Jesucristo es el nombre con el que la fe cristiana confiesa a Jesús de Nazaret como el Cristo y el Hijo eterno de Dios hecho hombre. Su vida, muerte y resurrección revelan el amor de Dios y ofrecen la salvación
TítuloCristo, Mesías, Hijo de Dios, Señor
Contexto HistóricoNacido en Belén durante el reinado de Herodes el Grande y el gobierno de César Augusto; muerto en Jerusalén bajo Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio.
Doctrinas RelacionadasEncarnación, Cristología, Soteriología, Trinidad, Redención, Resurrección
Importancia EclesialOcupa el centro de la fe y de la catequesis cristianas; mediador entre Dios y los seres humanos.
TipoFigura bíblica

Tabla de contenido

Nombre y títulos

Jesús es el nombre que expresa su identidad y su misión salvadora. La fe cristiana lo entiende como el Hijo de Dios hecho hombre, cuya persona lleva a cumplimiento la historia de la salvación. Por eso, el nombre de Jesús no designa solo a un personaje del pasado: remite al misterio de Dios que viene al encuentro de los seres humanos para reconciliarlos con él.3

Cristo procede del griego Christós, traducción del hebreo Mesías, y significa «Ungido». El título vincula a Jesús con la esperanza de Israel, aunque la fe cristiana reconoce que su identidad excede las expectativas de un mesías entendido solo como descendiente de David o dirigente humano: Jesús es el Hijo de Dios, existente en la naturaleza divina.2,1

El título Hijo de Dios expresa su relación única con el Padre. La profesión cristiana no presenta a Jesús como un hombre especialmente cercano a Dios, sino como el Hijo eterno que asumió la condición humana. Los títulos aplicados a Jesús adquieren su sentido pleno a la luz de su muerte y resurrección.2,1

Señor manifiesta tanto el respeto y la confianza de quienes se acercaban a Jesús como la confesión de su autoridad divina. En la fe de la Iglesia, Jesucristo es el Señor de la historia y de la creación.1,4

Jesús de Nazaret en la historia

La fe cristiana sitúa a Jesús en unas coordenadas históricas concretas. Lo reconoce como judío, nacido de una hija de Israel en Belén durante el reinado de Herodes el Grande y el gobierno de César Augusto. Los Evangelios lo presentan como artesano y sitúan su muerte en Jerusalén, bajo el poder de Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio.1

Esta referencia histórica forma parte de la profesión de fe: Jesús no es una figura legendaria ni un principio abstracto, sino el Hijo de Dios que vivió una existencia humana real. La afirmación cristiana de su divinidad no elimina su humanidad ni lo separa de su tiempo, su pueblo y las circunstancias de su vida.1,2

Identidad y misión

La cristología, es decir, la reflexión sobre quién es Jesucristo, no puede separarse de la soteriología, el estudio de la salvación que trae. La Iglesia comprende a Jesús atendiendo a la vez a su identidad personal y a su misión: el don que comunica a la humanidad procede de quien es él, el Hijo de Dios hecho hombre.2

Jesucristo es mediador entre Dios y los seres humanos no como un ser intermedio, sino porque es verdadero Dios y verdadero hombre. En su humanidad, Dios reconcilia consigo al mundo; por eso, su persona no se limita a transmitir un mensaje de salvación, sino que constituye el centro de ese mensaje.3

La encarnación manifiesta definitivamente la cercanía de Dios. En Jesús, Dios entra en la historia humana y comparte la condición de los hombres. La finalidad de esa entrega consiste en hacer posible que los seres humanos participen, por la gracia, de la filiación divina.2

Vida y enseñanza

La vida de Jesús como revelación

La vida entera de Jesucristo forma una unidad. Sus palabras y obras, su obediencia, su sufrimiento, su muerte y su resurrección revelan al Padre y pertenecen a la obra de la redención. Por ello, la importancia teológica de Jesús no queda reducida a los últimos días de su vida: también sus años de vida ordinaria forman parte de su misión.5

La vida oculta de Jesús, marcada por la obediencia filial y el trabajo, tiene un significado propio dentro de esa misión. La cotidianidad vivida por Jesús anticipa su entrega final y, desde la perspectiva cristiana, repara la desobediencia humana mediante su obediencia.5

Reino de Dios y cumplimiento de la Ley

La predicación de Jesús anuncia el Reino de Dios. Su enseñanza y su actuación se entienden en relación con la esperanza de que Dios reine y lleve a plenitud su designio de salvación.5

Jesús mantiene una relación de cumplimiento con la Ley de Israel: no la presenta como algo que haya venido a abolir, sino como una realidad que interpreta y lleva a su plenitud. Esta actitud ayuda a comprender las controversias que condujeron a su condena. Su relación con la Ley, con el templo y con el monoteísmo judío ocupó un lugar destacado en el conflicto con las autoridades que promovieron su muerte.5

La Transfiguración y la entrada solemne en Jerusalén también forman parte de los acontecimientos decisivos de su vida. La tradición cristiana los lee dentro de la unidad que conduce al misterio pascual.5

Jesús revela al Padre y al Espíritu Santo

Jesucristo revela quién es Dios y, en particular, da a conocer al Padre. Su relación filial con él orienta la oración cristiana, que se dirige a Dios como Padre. La fe cristiana sostiene, además, que Jesús revela y envía al Espíritu Santo, quien guía a los discípulos hacia la verdad y derrama el amor de Dios en sus corazones.6

Así, la misión de Jesús abre a los creyentes a la vida de Dios, que la fe católica confiesa como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La salvación no consiste solo en recibir ayuda o perdón: consiste también en participar, por la gracia, de la comunión con Dios.6,2

Pasión y muerte

La vida pública de Jesús culmina en su pasión y muerte por crucifixión. La Iglesia sitúa este desenlace en la historia y lo considera, al mismo tiempo, el centro del misterio de la redención. La cruz manifiesta la entrega de Jesús y su obediencia al Padre, y da a conocer la realeza mesiánica de un modo que no responde a las expectativas de un poder meramente político.1,7

La muerte de Jesús posee, para la fe católica, un sentido sacrificial y salvador. No puede entenderse al margen de su persona: es el Hijo hecho hombre quien entrega su vida por la humanidad. Su misión de reconciliación y su identidad personal permanecen inseparables.5,2

La cruz también ilumina la comprensión cristiana del amor de Dios. En ella, la entrega humana de Jesús expresa de manera singular el amor del Padre y se integra en la obra por la que Dios reconcilia consigo al mundo.3,7

Resurrección y exaltación

La resurrección

La fe cristiana proclama que Jesús resucitó de entre los muertos. No entiende la resurrección como la mera continuación de su vida anterior, sino como la glorificación de su humanidad. El Resucitado conserva un cuerpo auténtico y real, aunque dotado de propiedades nuevas.4

La resurrección confirma la verdad de la divinidad de Jesús y cumple las promesas del Antiguo Testamento. Para los creyentes, también inaugura la esperanza de su propia resurrección futura: la vida nueva de Cristo constituye su principio y su fuente.4

La ascensión

La Ascensión expresa la exaltación de Jesucristo y su entrada en la gloria del Padre. La fe distingue este acontecimiento de la resurrección: el cuerpo de Cristo ya está glorificado, mientras que la Ascensión manifiesta su paso a la condición gloriosa junto al Padre y la inauguración de su reinado mesiánico.4

La expresión «sentado a la derecha del Padre» significa que Cristo participa, en su humanidad, del poder y de la autoridad de Dios. La Iglesia lo confiesa como Señor del cosmos y de la historia, y como quien lleva la creación a su cumplimiento.4

Significado para la fe católica

Jesucristo ocupa el centro de la fe y de la catequesis cristianas. La transmisión de esa fe anuncia a una persona: Jesús de Nazaret. Su finalidad consiste en conducir a la comunión con él, porque la comunión con Cristo conduce al amor del Padre en el Espíritu Santo.8

La identidad cristiana se configura mediante la identificación con Cristo. La Iglesia anuncia la verdad sobre él y, mediante los sacramentos, llama a los creyentes a vivir unidos a su persona. Esta vida cristiana no separa la confesión de fe de la existencia: reconocer a Jesús como el Señor implica orientar hacia él la propia vida.9

En suma, Jesucristo es para la fe católica el Hijo eterno de Dios hecho hombre, el Mesías anunciado a Israel y el Salvador de la humanidad. Su vida revela al Padre; su muerte manifiesta su entrega redentora; y su resurrección y exaltación fundamentan la esperanza cristiana y anuncian la participación de los hombres en la vida de Dios.2,6,4

Citas y referencias

  1. G. Aranda-Pérez. La Sagrada Escritura en el Catecismo de la Iglesia Católica, 34 (1993). 2 3 4 5 6 7
  2. J.L. Illanes. Reconciliación y alianza, 9 (1984). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. L.F. Mateo-Seco. El misterio de Cristo, 4 (1993). 2 3
  4. L.F. Mateo-Seco. El misterio de Cristo, 21 (1993). 2 3 4 5 6
  5. L.F. Mateo-Seco. El misterio de Cristo, 12 (1993). 2 3 4 5 6
  6. L.F. Mateo-Seco. Notas introductorias al estudio de la Cristología, 37 (1991). 2 3
  7. Marc Ouellet. Jesucristo, el único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre, 8 (1997). 2
  8. L.F. Mateo-Seco. El misterio de Cristo, 1 (1993).
  9. L.F. Mateo-Seco. Notas introductorias al estudio de la Cristología, 3 (1991).
Modificado el 12 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.06 • 219 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/km9fjsxf5

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