Joaquina de Vedruna Vidal nació el 16 de abril de 1783 en Barcelona, en el seno de una familia de la burguesía catalana. Según el relato biográfico difundido por el Dicasterio para las Causas de los Santos, el ambiente familiar y su educación favorecieron una piedad temprana y una sensibilidad viva hacia Dios y hacia el prójimo.1
El Decreto Materna caritas, con el que se proclamó su santidad, detalla los rasgos de su vida interior desde la niñez: se insiste en que sus primeras palabras y gestos fueron oraciones, y que su virtud fue creciendo «día tras día». En esa misma línea, se subraya la acción providente de Dios en su crecimiento espiritual y la guía que recibió a través de quienes la formaban.2
Desde muy joven, la joven Joaquina mostró una inclinación marcada hacia el culto eucarístico, la oración y la coherencia entre la fe y la vida cotidiana. El decreto afirma que buscaba aprender a vivir con un sentido de obediencia y de ofrecimiento a Dios, y que deseaba particularmente participar del misterio eucarístico como una respuesta de amor y de fidelidad.2,3
En la catequesis hagiográfica pronunciada con motivo de la canonización, se describe además el contraste entre su origen social y la dirección interior de su vida: pese a haber tenido «todas las dotes» para el camino del éxito mundano, su corazón se orientó a lo celestial y a la búsqueda de Dios desde la juventud.4,3
