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José de Arimatea

José de Arimatea fue un discípulo de Jesús que, tras la crucifixión, pidió a Poncio Pilato el cuerpo del Señor y lo depositó en un sepulcro nuevo. Los cuatro evangelios canónicos lo presentan como un hombre rico, justo y miembro del consejo judío, cuya valentía pública contrastó con la discreción que había mantenido durante la vida de Jesús.

St Joseph of Arimathea
Ver información de la imagenJosé de Arimatea. Icono de José de Arimatea. Anónimo, el cargador original fue Guard en ru.wikipedia, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreJosé de Arimatea
CategoríaPersona
Nombre Completode Arimatea
DescripciónRico miembro del Sanedrín que pidió el cuerpo de Jesús a Pilato y lo sepultó en un sepulcro nuevo. cumple Isaías 53,9; modelo de fe valiente y servicio al cuerpo de Cristo
Títulodiscípulo de Jesús
Lugar de NacimientoArimatea, Judea
NacionalidadJudeano
SexoMasculino
Contexto HistóricoJerusalén, siglo I, durante la crucifixión y sepultura de Jesús
Estado de Vidadiscípulo secreto durante la vida de Jesús, público al solicitar el cuerpo
Fecha de Celebración31 de julio (Igreja greca); 17 de marzo (romana)
Iconografíasolicita a Pilato el cuerpo, envuelve a Jesús en sábana, lo lleva al sepulcro, a veces con Nicodemo
Importancia Eclesialmemoria litúrgica en Semana Santa y ejemplo de caridad y valentía cristiana
Observacionesleyenda de fundar un oratorio en Glastonbury y custodiar el Santo Grial; tradición de traslado de sus restos a Toul
TipoSanto
Virtudesvalentía, justicia, generosidad

Tabla de contenido

Identidad y origen

José procedía de Arimatea, localidad de Judea cuyo emplazamiento exacto no resulta completamente seguro. Algunos autores antiguos la identificaron con Ramá, ciudad vinculada al profeta Samuel, mientras que otros propusieron la localidad de Ramla. El sobrenombre «de Arimatea» distingue a José de otros personajes llamados José en el Nuevo Testamento.1

Los evangelios describen a José como un hombre rico y respetado. Mateo lo llama «discípulo de Jesús»; Marcos y Lucas lo presentan como miembro del consejo judío y Lucas añade que era «bueno y justo». Marcos afirma también que esperaba la llegada del Reino de Dios.1,2

El término griego bouleutés, aplicado a José por Marcos y Lucas, suele entenderse como «miembro del consejo» o del Sanedrín, la principal autoridad religiosa y jurídica judía de Jerusalén. El Evangelio de Lucas afirma expresamente que José no había aprobado la decisión adoptada contra Jesús.1

José como discípulo de Jesús

El Evangelio según san Juan llama a José «discípulo de Jesús», aunque añade que lo era en secreto por miedo a las autoridades judías. Esta reserva refleja la situación de algunos dirigentes que habían acogido la predicación de Jesús sin atreverse a manifestarlo públicamente.3

José no pertenecía al grupo de los Doce. La palabra «discípulo» tenía en los primeros tiempos un sentido más amplio y comprendía a numerosos creyentes que seguían a Jesús y aceptaban su enseñanza.3

Su actitud ante el proceso de Jesús resulta significativa. Lucas sostiene que no había dado su consentimiento a la condena, mientras que la tradición exegética ha relacionado esta afirmación con la posibilidad de que José no estuviera presente en la sesión decisiva del consejo o que hubiera expresado su desacuerdo. El dato seguro es que los evangelios lo presentan como un hombre que no compartió la condena de Jesús.1

La petición a Pilato

Después de la muerte de Jesús, José acudió valerosamente a Poncio Pilato para pedirle el cuerpo. Marcos recalca el carácter decidido de esta acción: José entró con audacia ante el gobernador y solicitó personalmente el cadáver del crucificado.1,3

La petición comportaba riesgos. Jesús había sido ejecutado como condenado político y la identificación pública con él podía perjudicar la posición social de José. Además, el contacto con un cadáver podía implicar impureza ritual en el contexto judío, especialmente en vísperas del sábado y de la Pascua. A pesar de esas circunstancias, José asumió la responsabilidad de organizar la sepultura.

Pilato comprobó la muerte de Jesús antes de entregar el cuerpo. Marcos relaciona este procedimiento con la intervención del centurión encargado de confirmar el fallecimiento.1

La sepultura de Jesús

José compró una sábana limpia y envolvió con ella el cuerpo de Jesús. Después lo colocó en un sepulcro nuevo, excavado en la roca y situado en un jardín próximo al lugar de la crucifixión. Finalmente, hizo rodar una gran piedra ante la entrada. Los evangelios sinópticos coinciden en los elementos principales de este relato, aunque cada uno aporta detalles propios.1,4

El Evangelio según san Juan incorpora la colaboración de Nicodemo, otro discípulo que había tratado con Jesús durante su vida pública. Nicodemo llevó una gran cantidad de aromas, y ambos hombres prepararon el cuerpo conforme a las costumbres funerarias judías.1,3

La sepultura tuvo lugar antes del comienzo del sábado. Este dato explica la premura con la que José actuó: la Ley judía exigía resolver el entierro antes del descanso sabático. La tumba nueva y la ausencia previa de otros cadáveres permitieron identificar con claridad el lugar donde Jesús había sido depositado.4,5

Significado teológico

El cumplimiento de la Escritura

La sepultura de Jesús por parte de un hombre rico ha sido relacionada tradicionalmente con Isaías 53,9, donde el Siervo sufriente aparece asociado a la tumba de un rico. La tradición cristiana contempla así la intervención de José como parte del cumplimiento de las Escrituras sobre el Mesías.1

La sepultura confirma también la realidad de la muerte de Jesús. El cristianismo no presenta la Pasión como una apariencia ni como una mera pérdida de conciencia: Jesús murió verdaderamente, recibió sepultura y permaneció en el sepulcro hasta la mañana de Pascua.5

De la discreción a la valentía

La figura de José contiene un contraste espiritual muy marcado. Durante la vida de Jesús, su discipulado permaneció oculto por miedo; después de la crucifixión, cuando muchos seguidores habían huido, José dio la cara públicamente y reclamó el cuerpo del Señor. La cercanía de la muerte de Jesús transformó su prudencia temerosa en una acción valiente.3

La tradición cristiana ha visto en este cambio una enseñanza sobre la necesidad de manifestar la fe cuando las circunstancias resultan adversas. José no pudo impedir la condena de Jesús, pero ofreció su posición, sus bienes y su influencia para honrar el cuerpo del Maestro.

El servicio corporal a Cristo

José no pronuncia en los evangelios ningún discurso teológico. Su testimonio aparece en forma de servicio concreto: pedir el cuerpo, proporcionar una sepultura digna, envolver a Jesús y depositarlo en una tumba. La fe de José adquiere así una expresión práctica y silenciosa.

La espiritualidad cristiana ha relacionado su gesto con las obras de misericordia y con el respeto debido al cuerpo humano, especialmente al cuerpo de Cristo. Su acción manifiesta que la dignidad de Jesús no desaparece con la muerte ni depende del reconocimiento de las autoridades.

José de Arimatea y Nicodemo

José y Nicodemo aparecen unidos en el relato joánico de la sepultura. Ambos habían mostrado anteriormente una adhesión reservada a Jesús y ambos participaron finalmente en el cuidado de su cuerpo.3

La tradición cristiana los considera compañeros en una obra de misericordia realizada en el momento de mayor abandono. Mientras los apóstoles permanecían escondidos y las autoridades habían condenado a Jesús, estos dos hombres influyentes se ocuparon de su entierro.

Su colaboración también permite comprender la continuidad entre la muerte de Jesús y la proclamación de la Resurrección. El cuerpo que ellos depositaron en el sepulcro era verdaderamente el cuerpo muerto de Jesús; la tumba vacía de la mañana de Pascua no corresponde a una sepultura simbólica, sino al sepulcro donde el Señor había sido colocado.5

Relación con la Resurrección

José no aparece como testigo directo de la Resurrección en los relatos evangélicos. Su papel pertenece al momento inmediatamente anterior: garantiza la sepultura y permite localizar el sepulcro. Las mujeres que acudieron después para ungir el cuerpo encontraron la tumba vacía, y la fe cristiana proclama que Jesús había resucitado.5

Por esta razón, José ocupa un lugar relevante en la estructura narrativa de la Pasión. Su intervención conecta tres acontecimientos inseparables de la fe cristiana: la muerte real de Jesús, su sepultura y la proclamación pascual de la tumba vacía.

Tradiciones posteriores

Los evangelios apócrifos ampliaron considerablemente la historia de José de Arimatea. Algunas narraciones cuentan que sufrió encarcelamiento por haber reclamado el cuerpo de Jesús y añaden episodios relacionados con los dos ladrones crucificados junto a él. Estas obras poseen interés para la historia de la literatura cristiana, pero sus detalles no cuentan con la misma autoridad que los relatos de los evangelios canónicos.6

La tradición medieval vinculó también a José con la llegada del cristianismo a la Galia y a Britania. Una leyenda muy difundida lo relacionó con Glastonbury, donde habría fundado un antiguo oratorio cristiano. La tradición atribuyó asimismo a José la custodia del Santo Grial. Estas narraciones pertenecen al ámbito legendario y caballeresco, no al testimonio histórico seguro sobre el personaje.

Otra tradición tardía afirmó que sus restos fueron trasladados desde Jerusalén hasta Moyenmonstre, en la diócesis de Toul. La antigüedad y fiabilidad de esta tradición resultan problemáticas.1

Celebración litúrgica

La Iglesia griega celebra la memoria de José de Arimatea el 31 de julio. La tradición litúrgica romana la sitúa el 17 de marzo.1

Su figura aparece especialmente vinculada a la liturgia y a la espiritualidad de la Semana Santa, sobre todo en la contemplación del descendimiento de la cruz, la preparación del cuerpo de Cristo y su sepultura.

Iconografía

La iconografía cristiana representa a José de Arimatea principalmente en escenas de la Pasión de Cristo:

  • Solicitando a Pilato el cuerpo de Jesús.
  • Descendiendo el cuerpo de la cruz.
  • Envolviéndolo en una sábana.
  • Colocando a Jesús en el sepulcro.
  • Acompañando a Nicodemo durante la preparación funeraria.
  • Contemplando a Cristo muerto junto a María y las santas mujeres.

Los artistas suelen representarlo como un hombre maduro y de posición social elevada. A menudo lleva vestiduras ricas para expresar su condición acomodada y su pertenencia al consejo. Nicodemo aparece junto a él con los recipientes de aromas, mientras José sostiene la sábana o participa en el traslado del cuerpo.

Interpretación espiritual

La tradición cristiana ha encontrado en José de Arimatea un modelo de valentía tardía pero auténtica. Su discípulado comenzó bajo el signo del temor, pero alcanzó su expresión pública cuando Jesús parecía derrotado y abandonado. El personaje recuerda que la fe puede madurar en momentos de crisis y que una acción generosa, aunque llegue al final, conserva un valor decisivo.

José también representa la unión entre la riqueza y el servicio. Los evangelios no condenan su posición social; muestran cómo la utilizó para honrar a Cristo. Su sepulcro, sus recursos y su influencia quedaron al servicio de Jesús en el momento de la muerte.

La tradición espiritual ha aplicado su gesto a la vida cristiana: acoger a Cristo cuando otros lo rechazan, proteger la dignidad de los débiles y ofrecer un lugar de honor al Señor en la propia vida. En este sentido, José de Arimatea permanece como figura del discípulo que abandona el anonimato y actúa con decisión cuando el amor exige valentía.

Citas y referencias

  1. José de Arimatea. Enciclopedia Católica, José de Arimatea (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. San José de Arimatea (primer siglo), Alban Butler. Las Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, 632 (1990).
  3. Capítulo XIX, Tomás de Aquino. Comentario sobre Juan, 19:38 (1272). 2 3 4 5 6
  4. Capítulo XXVII, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 27:57 (1272). 2
  5. Parte II, Papa Juan Pablo II. Viaje apostólico a Filipinas: Vigilia de oración con motivo del décimo Día Mundial de la Juventud en Manila (14 de enero de 1995) - Discurso, 7 (1995). 2 3 4
  6. Narrativa de José de Arimatea, que imploró el cuerpo del Señor; en la que también expone los casos de los dos ladrones, autor desconocido. La Narrativa de José de Arimatea, Capítulo I.
Modificado el 15 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.59Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/vzkkhd89c

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