El cumplimiento de la Escritura
La sepultura de Jesús por parte de un hombre rico ha sido relacionada tradicionalmente con Isaías 53,9, donde el Siervo sufriente aparece asociado a la tumba de un rico. La tradición cristiana contempla así la intervención de José como parte del cumplimiento de las Escrituras sobre el Mesías.
La sepultura confirma también la realidad de la muerte de Jesús. El cristianismo no presenta la Pasión como una apariencia ni como una mera pérdida de conciencia: Jesús murió verdaderamente, recibió sepultura y permaneció en el sepulcro hasta la mañana de Pascua.
De la discreción a la valentía
La figura de José contiene un contraste espiritual muy marcado. Durante la vida de Jesús, su discipulado permaneció oculto por miedo; después de la crucifixión, cuando muchos seguidores habían huido, José dio la cara públicamente y reclamó el cuerpo del Señor. La cercanía de la muerte de Jesús transformó su prudencia temerosa en una acción valiente.
La tradición cristiana ha visto en este cambio una enseñanza sobre la necesidad de manifestar la fe cuando las circunstancias resultan adversas. José no pudo impedir la condena de Jesús, pero ofreció su posición, sus bienes y su influencia para honrar el cuerpo del Maestro.
El servicio corporal a Cristo
José no pronuncia en los evangelios ningún discurso teológico. Su testimonio aparece en forma de servicio concreto: pedir el cuerpo, proporcionar una sepultura digna, envolver a Jesús y depositarlo en una tumba. La fe de José adquiere así una expresión práctica y silenciosa.
La espiritualidad cristiana ha relacionado su gesto con las obras de misericordia y con el respeto debido al cuerpo humano, especialmente al cuerpo de Cristo. Su acción manifiesta que la dignidad de Jesús no desaparece con la muerte ni depende del reconocimiento de las autoridades.