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Josué

Josué, hijo de Nun, fue el sucesor de Moisés al frente de Israel y el protagonista del relato bíblico sobre la entrada de las tribus en Canaán y el reparto de la tierra. El libro que lleva su nombre presenta su liderazgo como continuación de la misión de Moisés y como cumplimiento de la promesa divina; también plantea cuestiones teológicas sobre la conquista y la violencia que la acompaña.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreJosué
CategoríaPersona
Nombre CompletoJosué, hijo de Nun
DescripciónSucesor de Moisés al frente de Israel y protagonista del relato bíblico sobre la entrada en Canaán
Contexto BíblicoAntiguo Testamento, libro de Josué
Escritos RelacionadosLibro de Josué
ImportanciaCondujo al pueblo a la tierra prometida y repartió el territorio entre las tribus de Israel.
Personas RelacionadasMoisés, San Agustín, Tertuliano
SimbolismoPrefiguración de Cristo en la tradición cristiana por su nombre y misión de introducir al pueblo en la tierra prometida.
TipoFigura bíblica, Sucesor de Moisés y jefe militar de Israel

Tabla de contenido

Identidad y misión

Josué aparece en la tradición bíblica como ayudante de Moisés y jefe militar de Israel. Tras la muerte de Moisés, recibe la misión de cruzar el Jordán con el pueblo y conducirlo a la tierra prometida. El relato vincula su autoridad con la de su predecesor: Dios promete acompañarlo como acompañó a Moisés y le ordena actuar con valor y fidelidad a la Ley.2

El nombre de Josué guarda relación con el de Jesús: la tradición cristiana antigua reconoció en la figura de Josué una prefiguración de Cristo. San Agustín observó que Josué, cuyo nombre llegó a ser llamado también Jesús, introdujo al pueblo en la tierra prometida, mientras que la plenitud de la promesa para todas las naciones llegaría por Cristo. Esta lectura es tipológica: contempla una figura de la historia de Israel como anticipación de una realidad cristiana, sin confundir a Josué con Jesús.4

Josué en el relato bíblico

La narración de Josué ocupa el libro homónimo, situado entre los libros históricos del Antiguo Testamento en la Biblia cristiana. La tradición judía lo incluye entre los «primeros profetas». El relato se organiza en torno a la entrada en Canaán, la conquista de territorios, el reparto de la tierra entre las tribus y las últimas palabras de Josué.1,5

El cruce del Jordán

Al asumir el mando, Josué prepara al pueblo para cruzar el Jordán. El paso del río marca el comienzo de una nueva etapa: Israel deja atrás la travesía del desierto y entra en el territorio que, conforme a la promesa recibida por sus antepasados, habría de habitar. El libro describe el cruce como una intervención divina y relaciona el liderazgo de Josué con la continuidad de la misión de Moisés.1,2

En Guilgal, el relato sitúa varios acontecimientos que afianzan la identidad religiosa del pueblo en la nueva tierra: la circuncisión de los israelitas nacidos durante la travesía, la celebración de la Pascua y el fin del maná. Después, Josué recibe ánimo mediante una visión antes de iniciar las campañas militares.1

Jericó, Ay y Gabaón

La primera gran conquista narrada es la de Jericó. El relato atribuye la caída de sus murallas a la acción de Dios y a la obediencia ritual del pueblo. Rahab y su familia quedan a salvo, en contraste con el destino que la narración asigna a los demás habitantes de la ciudad.1

La campaña contra Ay comienza con una derrota que el libro relaciona con la falta cometida por Acán. Después de castigarla, Josué toma la ciudad. Más adelante, los gabaonitas obtienen una alianza con Israel mediante un engaño; el relato presenta el episodio como una decisión que compromete a los israelitas cuando han prestado juramento.1

El libro cuenta también las campañas contra una coalición de reyes del sur y contra fuerzas del norte. Sin embargo, su propia narración no debe entenderse como una descripción sencilla de una conquista completa e inmediata de todo Canaán: presenta la ocupación de la tierra como un proceso ligado a las tribus y a la distribución de sus territorios.1,6

Reparto de la tierra y últimas palabras

Tras las campañas, Josué distribuye el territorio entre las tribus de Israel. La tierra constituye el eje de la promesa y de la vida del pueblo, aunque la tradición bíblica también la presenta como propiedad de Dios: Israel la recibe como don y debe habitarla en fidelidad al Señor.1,3

En la parte final del libro, Josué exhorta al pueblo a servir a Dios y a rechazar a los dioses extranjeros. El relato concluye con su muerte y con la memoria de su papel como guía de Israel después de Moisés.1,3

El libro de Josué y su interpretación

El libro reúne relatos de carácter diverso y los organiza en una narración sobre la posesión de la tierra, la fidelidad a la alianza y el liderazgo de Josué. La tradición cristiana lo ha leído como parte de la historia de la salvación: Dios libera y guía a Israel, y la ocupación de Canaán representa una etapa de la promesa que, para los cristianos, alcanza su horizonte definitivo en el Reino de Dios.1,5

La lectura católica atiende tanto al sentido religioso del relato como a su contexto y a sus dificultades morales. El libro describe episodios de destrucción de poblaciones bajo la categoría bíblica del herem, término asociado a la consagración de la victoria a Dios y, en algunos pasajes, a la destrucción de personas y bienes. La Pontificia Comisión Bíblica invita a tener en cuenta las preocupaciones religiosas y sociales de la época, así como la tendencia humana a mezclar la religión con la violencia. También recuerda que la Biblia contiene, junto a esos relatos, otros textos que orientan hacia la compasión y el perdón divinos.3,7

Por ello, estos pasajes no autorizan a los cristianos a justificar la violencia contra otros pueblos en nombre de Dios. Las conferencias episcopales de Inglaterra, Gales y Escocia describen las órdenes de exterminio como elementos condicionados por su tiempo y explican que la comprensión bíblica avanza hacia la afirmación de que todos los pueblos están llamados a conocer al único Dios. La promesa de la tierra encuentra para los cristianos su cumplimiento último en el Reino, no en una apropiación violenta del territorio.5

Significado en la tradición cristiana

Los autores cristianos antiguos vieron en Josué una figura de Cristo por su nombre y por su misión de conducir al pueblo a la tierra prometida. San Agustín interpretó que la entrada en Canaán anticipaba, de modo limitado, una promesa que se abriría a todas las naciones con la venida de Cristo y la predicación del Evangelio. Tertuliano desarrolló una lectura semejante al relacionar el paso de Moisés a Josué con el paso de la Ley a la gracia.4,8

Esta interpretación no elimina el significado propio de Josué en la historia de Israel. En el relato bíblico, Josué es ante todo el sucesor de Moisés, responsable de guiar al pueblo y repartir la tierra. En la lectura cristiana, su figura también expresa la esperanza de que Dios conduzca a su pueblo hacia una vida plena, entendida finalmente como participación en el Reino.2,3,4

Citas y referencias

  1. Josué (Josué), Enciclopedia Católica, Josué (Josué) (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Josué 1 (1993). 2 3 4
  3. II. Temas fundamentales en las Escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - B) La tierra prometida, Pontificia Comisión Bíblica. El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 56 (2002). 2 3 4 5
  4. Capítulo 43, Agustín de Hipona. La ciudad de Dios, 16,43 (426). 2 3
  5. Tercera parte: Lectura del Antiguo Testamento. «Tus palabras fueron para mí un gozo y la alegría de mi corazón» (Jeremías 15,16), Conferencias Episcopales de Inglaterra y Gales, y de Escocia. El don de la Escritura, 32 (2005). 2 3
  6. Israelitas, Enciclopedia Católica, Israelitas (1913).
  7. Tercera parte: La interpretación de la palabra de Dios y sus desafíos, Pontificia Comisión Bíblica. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 127 (2014).
  8. De las profecías sobre el nacimiento y los logros de Cristo, Quintus Septimius Florens Tertullianus (Tertuliano de Cartago). Respuesta a los judíos, Capítulo 9.
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