El concepto del Jubileo tiene sus raíces en la Ley Mosaica del Antiguo Testamento, específicamente en el libro del Levítico1,2.
El Jubileo en el Antiguo Testamento
En el antiguo Israel, el Año del Jubileo se celebraba cada cincuenta años, después de siete ciclos de años sabáticos (cada siete años)1,3. Este año era proclamado con el sonido de un jobel, un cuerno de carnero, de donde probablemente deriva la palabra «Jubileo»1,2. Durante este tiempo, se establecían prácticas de justicia social y restauración2,3:
Remisión de deudas: Todas las deudas eran canceladas3.
Liberación de esclavos: Los esclavos hebreos eran liberados1,3.
Restauración de tierras: Las tierras vendidas o perdidas regresaban a sus propietarios originales o a sus familias, ya que la tierra era considerada propiedad de Dios y no podía ser permanentemente enajenada3,4.
El propósito de estas leyes era recordar al pueblo de Israel que nadie estaba condenado a la opresión y que todos eran hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre, llamados a vivir en libertad y de acuerdo con la voluntad del Señor2.
Desarrollo en la Iglesia Primitiva y Medieval
Aunque la idea de solemnizar aniversarios era familiar para los escritores medievales a través de su conocimiento de la Biblia, la institución del Jubileo cristiano, tal como lo conocemos, se atribuye al Papa Bonifacio VIII1,5.
El primer Jubileo cristiano fue inaugurado solemnemente en el año 1300 por Bonifacio VIII con la bula Antiquorum fida relatio1,5. En esta bula, el Papa concedió una «remisión y perdón de los pecados» a aquellos que visitaran las Basílicas de San Pedro y San Pablo en Roma, cumpliendo ciertas condiciones como la confesión y la penitencia1. Inicialmente, se estableció que se celebraría cada cien años1.
Posteriormente, la frecuencia de los Jubileos fue modificada por diversos Papas:
Clemente VI (1343): Redujo el intervalo a cincuenta años.
Pablo II (1470): Lo estableció cada veinticinco años, una práctica que se ha mantenido para los Jubileos ordinarios6.
