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Juez Gedeón

Gedeón, también llamado Yerubaal, fue uno de los principales jueces de Israel y protagonista de los capítulos 6-8 del libro de los Jueces. Dios lo llamó para liberar a Israel de la opresión madianita, restaurar la fidelidad a la alianza y mostrar que la salvación procede de Él, no de la fuerza militar. Su figura presenta una profunda ambivalencia: aparece como instrumento dócil de Dios y defensor del culto legítimo, pero también como un hombre marcado por el miedo, la violencia, la búsqueda de signos y una conducta final que contribuyó a la idolatría de Israel.

Juez Gedeón
Ver información de la imagenGideon es un juez que aparece en el Libro de los Jueces, en la Biblia, c. 1553. "Promptuarii Iconum Insigniorum", publicado por Guillaume Rouille (1518?-1589), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreJuez Gedeón
CategoríaPersona
Nombre CompletoYerubaal
DescripciónJuez de Israel llamado por Dios para liberar al pueblo de la opresión madianita y restaurar la fidelidad a la alianza
Lugar de NacimientoOfrá
NacionalidadIsraelita
Contexto históricoIsrael bajo dominio madianita; ciclo teológico de abandono, opresión, clamor, liberación y paz
Duración40 años de paz después de la victoria
ImportanciaLiberó a Israel de los madianitas, reformó la práctica religiosa destruyendo el altar de Baal, y gobernó como juez durante un tiempo de paz
Lugar de SepulturaTumba de su padre en Ofrá
TipoFigura bíblica, Juez, Periodo de los Jueces, opresión madianita
VirtudesFe, obediencia a Dios

Tabla de contenido

Nombre, origen y época

El nombre Gedeón procede del hebreo y suele relacionarse con la idea de «talar» o «derribar», en probable alusión a su misión de destruir el altar de Baal. El libro de los Jueces también lo llama Yerubaal, nombre que su padre, Joás, explicó con una fórmula desafiante: «Que Baal contienda contra él».1,2

Gedeón pertenecía a la tribu de Manasés y al clan de Abiezer. Vivía en Ofrá, donde su padre Joás poseía un altar dedicado a Baal. El relato bíblico sitúa su actuación en un período de grave debilitamiento nacional y religioso de Israel.1,2

El libro de los Jueces presenta a estos dirigentes como jueces de Israel, aunque la palabra no designa únicamente a un magistrado. El juez bíblico es un líder suscitado por Dios para liberar al pueblo, administrar justicia y restablecer, al menos provisionalmente, la fidelidad a la alianza. Su autoridad no procede de una sucesión dinástica ordinaria, sino de una elección divina.3

Israel bajo la opresión de Madián

La historia de Gedeón comienza con una nueva infidelidad de Israel. El pueblo abandonó al Señor y quedó sometido durante siete años a los madianitas. Las incursiones de Madián, Amalec y otros pueblos orientales devastaban las cosechas y destruían los recursos de la tierra. Los israelitas tuvieron que refugiarse en cuevas, montañas y fortificaciones.1

La opresión no aparece presentada como un simple conflicto político o económico. El relato la interpreta dentro del ciclo teológico característico del libro de los Jueces:

  1. Israel abandona al Señor.
  2. El pueblo cae bajo el dominio de sus enemigos.
  3. La aflicción provoca el clamor a Dios.
  4. Dios suscita un libertador.
  5. La liberación trae un período de paz.
  6. Tras la muerte del juez, Israel vuelve a la infidelidad.

Antes de llamar a Gedeón, Dios envió un profeta que recordó la historia de la alianza: la liberación de Egipto, la entrega de la tierra y el mandamiento de no venerar a los dioses de los pueblos vecinos. El profeta interpretó la desgracia nacional como consecuencia de no haber escuchado la voz divina.1

La vocación de Gedeón

El encuentro bajo la encina

Gedeón trillaba trigo en el lagar para ocultarlo de los madianitas. La escena expresa su situación: no actúa en un espacio abierto ni con seguridad, sino escondido y preocupado por salvar una pequeña cantidad de alimento. El ángel del Señor se le apareció y lo saludó como «valiente guerrero», aunque Gedeón todavía no se comportaba como un combatiente victorioso.1

Gedeón respondió con una pregunta de gran fuerza religiosa: si el Señor estaba con Israel, ¿por qué habían ocurrido todas aquellas desgracias? También recordó los prodigios del éxodo transmitidos por los antepasados. Su reacción no nace de la indiferencia, sino de una fe herida que busca comprender el silencio de Dios.

El Señor no le ofreció una explicación abstracta. Le confió una misión: liberar a Israel de Madián. Gedeón objetó que su clan era el más débil de Manasés y que él ocupaba el último lugar dentro de su familia. Dios respondió con la promesa decisiva: «Yo estaré contigo». La misión no dependería de la importancia social de Gedeón, sino de la presencia divina.1

El sacrificio y el altar del Señor

Gedeón pidió una señal para confirmar que Dios realmente le hablaba. Preparó un cabrito, panes ácimos y caldo. El ángel le ordenó colocar la carne y los panes sobre una roca y derramar el caldo. Al tocar la ofrenda con la punta de su bastón, brotó fuego de la roca y consumió el sacrificio.1

Gedeón comprendió entonces que había visto al ángel del Señor y temió morir. Dios le respondió con un mensaje de paz y le aseguró que no moriría. Como respuesta, Gedeón levantó un altar y lo llamó «El Señor es paz». El altar expresa la verdadera finalidad de su vocación: la liberación militar debía conducir a la reconciliación de Israel con Dios.1

San Ambrosio leyó este sacrificio en clave cristológica. Para él, la roca que recibe la ofrenda evoca a Cristo, la roca espiritual, y el fuego que consume el sacrificio anticipa una comprensión de la acción salvífica de Dios cumplida en Cristo. Esta lectura pertenece a la interpretación espiritual cristiana y no elimina el sentido histórico inmediato del relato: Gedeón recibe una misión y ofrece un sacrificio al Señor.4

La destrucción del altar de Baal

La purificación de la casa paterna

Antes de enfrentarse a Madián, Gedeón tuvo que enfrentarse a la idolatría dentro de su propio entorno. Dios le ordenó derribar el altar de Baal que pertenecía a su padre y cortar el poste sagrado asociado a su culto. Después debía levantar un altar al Señor y ofrecer allí un sacrificio.1

Gedeón obedeció, pero actuó de noche porque temía a su familia y a los habitantes de la ciudad. El detalle muestra que la fe bíblica no presenta al héroe como un personaje sin debilidades. Gedeón obedece, aunque todavía conserva miedo. Su valentía no consiste en la ausencia de temor, sino en cumplir la voluntad de Dios a pesar del temor.

Al descubrir la destrucción del altar, los habitantes reclamaron la muerte de Gedeón. Joás, su padre, lo defendió con un razonamiento irónico: si Baal era realmente un dios, debía defender por sí mismo su altar. De este episodio procede el nombre Yerubaal, entendido como «Que Baal contienda contra él».1,2

Sentido religioso

La destrucción del altar no constituye un episodio secundario. Gedeón no recibe primero una misión nacional y después una tarea religiosa accidental. La liberación de Israel exige restaurar el reconocimiento del Señor como único Dios. La opresión de Madián se encuentra vinculada a la ruptura de la alianza, y la victoria únicamente tendrá sentido si Israel abandona el culto a Baal.

Así, Gedeón actúa como mediador de la alianza. Su función no se reduce a organizar tropas. Debe conducir al pueblo desde la idolatría hacia la confianza en Dios. El juez bíblico es, por tanto, un liberador militar, pero también un reformador religioso y un signo de la soberanía divina.

La acción del Espíritu y la convocatoria de Israel

Cuando los madianitas, amalecitas y otros pueblos orientales se reunieron en el valle de Jezreel, el Espíritu del Señor tomó posesión de Gedeón. Él tocó el cuerno y convocó a los abiezeritas, a los hombres de Manasés y a miembros de Aser, Zabulón y Neftalí.1

La expresión bíblica describe una acción carismática: Dios reviste a Gedeón de fuerza y autoridad para una misión concreta. El Espíritu no aparece aquí como una posesión permanente independiente de la historia de la alianza, sino como la iniciativa divina que capacita a un elegido para liberar al pueblo.

La teología cristiana distingue esta acción del Espíritu en la historia de Israel de la plenitud de la gracia propia del Nuevo Testamento. En Gedeón, el Espíritu lo impulsa para una misión particular; en Cristo, el Espíritu Santo actúa en plenitud y comunica la vida nueva a la Iglesia. San Ambrosio interpreta los signos de Gedeón desde esa plenitud posterior y relaciona las vasijas quebradas, las antorchas y la proclamación guerrera con el testimonio cristiano, el ardor de la gracia y la confesión de Cristo.5

La acción del Espíritu en Gedeón, por tanto, no convierte automáticamente cada una de sus decisiones posteriores en modelo moral. La elección divina garantiza la misión recibida, pero el personaje continúa necesitando discernimiento y permanece capaz de actuar de manera ambigua.

El signo del vellón

Gedeón pidió a Dios una señal mediante un vellón de lana colocado en la era. Primero pidió que el rocío cubriera únicamente el vellón y dejara seca la tierra. Después solicitó lo contrario: que el vellón permaneciera seco mientras el rocío cubría el suelo. Dios concedió ambas señales.1

El episodio manifiesta la inseguridad de Gedeón, pero también la paciencia divina. Gedeón ya había recibido una misión, una señal sacrificial y la promesa de la presencia de Dios. Sin embargo, continuó pidiendo confirmaciones.

La tradición cristiana interpretó el vellón de manera simbólica. San Ambrosio lo relacionó con el misterio de la salvación y con el signo de una intervención divina que no depende de la multitud ni de las capacidades humanas.6

La lectura espiritual no debe ocultar el sentido narrativo inmediato: Gedeón es un elegido que necesita crecer en confianza. Su fe es real, pero todavía imperfecta. El relato evita presentar la vocación como una transformación instantánea de un hombre temeroso en un héroe sin dudas.

La reducción del ejército

La victoria pertenece a Dios

Gedeón reunió un ejército de treinta y dos mil hombres. Dios consideró que la cifra era demasiado elevada, porque Israel podía atribuirse la victoria y decir que su propia fuerza lo había salvado. Primero regresaron veintidós mil hombres temerosos; después, mediante una prueba junto al agua, el grupo quedó reducido a trescientos.7,8

La reducción tiene una finalidad teológica clara: la victoria no debe confundirse con el resultado normal de una superioridad militar. Dios libra a Israel con un grupo insignificante frente a un enemigo descrito como innumerable. La debilidad humana se convierte en el marco que permite reconocer la iniciativa divina.

El número trescientos no funciona principalmente como una cifra militar precisa, sino como un recurso narrativo para subrayar que la liberación procede del Señor. San Ambrosio relacionó posteriormente los trescientos hombres con el misterio de la cruz y con la victoria de Dios sobre enemigos más profundos que los adversarios de Israel.6

El sueño del campamento enemigo

Aunque Dios había reducido el ejército, también tuvo en cuenta el miedo de Gedeón. Le permitió descender de noche al campamento madianita con su siervo Purá. Allí escuchó a un hombre contar un sueño: una torta de pan de cebada rodaba contra la tienda de Madián y la derribaba. Su compañero interpretó el sueño como señal de que Dios entregaría Madián en manos de Gedeón.7

Gedeón adoró al Señor al escuchar la interpretación y regresó al campamento fortalecido. Este detalle vuelve a mostrar la pedagogía divina: Dios no humilla la fragilidad de Gedeón, sino que lo conduce gradualmente hacia la confianza.

La batalla de Madián

Gedeón dividió a los trescientos hombres en tres grupos. Entregó a cada soldado un cuerno, una vasija vacía y una antorcha escondida dentro de la vasija. Al comienzo de la guardia nocturna, los hombres tocaron los cuernos, rompieron las vasijas y levantaron las antorchas. El grito de guerra proclamaba la acción del Señor y la mediación de Gedeón.7

El desconcierto se apoderó del campamento madianita. El Señor hizo que los enemigos volvieran sus espadas unos contra otros, y el ejército huyó. Después, hombres de varias tribus persiguieron a los fugitivos y capturaron a los jefes Oreb y Zeeb.7

La estrategia contiene una paradoja: Israel vence mediante instrumentos que parecen insuficientes para la guerra. Las vasijas deben romperse para que aparezca la luz; el ruido de los cuernos produce confusión; la victoria se atribuye explícitamente a Dios.

San Ambrosio ofreció una interpretación espiritual de las vasijas, las antorchas y los cuernos. Las vasijas representan la fragilidad corporal, mientras que la luz escondida evoca la gracia del Espíritu y la proclamación sonora recuerda el testimonio de Cristo.5

La persecución y el conflicto con las tribus

La respuesta a los efraimitas

Los hombres de Efraín reprocharon a Gedeón no haberlos convocado desde el principio. Gedeón evitó la confrontación mediante una respuesta conciliadora: comparó las acciones posteriores de Efraín con la cosecha de Abiezer y afirmó que sus logros superaban los propios. La respuesta calmó la indignación de los efraimitas.9

Este episodio muestra una faceta política de Gedeón. El juez no solo debe derrotar al enemigo exterior; también debe mantener unida a una confederación tribal vulnerable a rivalidades internas. Su prudencia verbal permitió continuar la persecución sin abrir una guerra entre israelitas.

Sucot y Penuel

Gedeón cruzó el Jordán con sus trescientos hombres, agotados y hambrientos, en persecución de los reyes madianitas Zébaj y Salmuná. Pidió alimento a los habitantes de Sucot y Penuel, pero ambas ciudades se negaron a ayudarlo mientras no tuviera a los reyes en sus manos.9

Gedeón respondió con amenazas. Prometió castigar a los dirigentes de Sucot con espinos y zarzas y derribar la torre de Penuel. Tras capturar a los reyes, cumplió sus amenazas: maltrató a los dirigentes de Sucot, derribó la torre de Penuel y mató a los hombres de la ciudad.9

Estos hechos introducen una notable ambivalencia. La negativa de Sucot y Penuel podía interpretarse como falta de solidaridad con la causa de Israel, pero la respuesta de Gedeón muestra una violencia severa contra sus propios compatriotas. El relato no convierte automáticamente sus acciones en modelo para la conducta cristiana. La narración bíblica conserva el dato y permite valorar críticamente la mezcla de celo, venganza y autoridad que aparece en el personaje.

La muerte de Zébaj y Salmuná

Gedeón interrogó a Zébaj y Salmuná sobre unos hombres muertos en Tabor. Los reyes madianitas reconocieron que aquellos hombres tenían apariencia de hijos de rey. Gedeón declaró que eran sus hermanos y ordenó inicialmente a su hijo Jéter que los matara. El muchacho no se atrevió a desenvainar la espada, por lo que Gedeón ejecutó personalmente a los dos reyes.9

El episodio responde a la lógica de la venganza familiar y de la guerra tribal propia del mundo narrado. Desde una perspectiva cristiana, conviene distinguir entre describir la conducta de un personaje bíblico y aprobarla como norma moral. La Escritura presenta aquí a un libertador que, después de actuar bajo una misión divina, permite que la venganza personal influya en sus decisiones.

Gedeón y la realeza

Después de la victoria, los israelitas ofrecieron a Gedeón la realeza para él, su hijo y su nieto. Gedeón rechazó formalmente la propuesta: ni él ni su hijo gobernarían sobre Israel, porque el Señor debía gobernar al pueblo.9

Esta respuesta contiene una verdad teológica fundamental. Israel no debía convertirse en una monarquía personal fundada en el prestigio militar de un caudillo. La soberanía última pertenecía a Dios. Gedeón reconoció, al menos en sus palabras, que la liberación no lo convertía en propietario del pueblo.

Sin embargo, el relato introduce una tensión entre sus palabras y su conducta posterior. Gedeón rechazó el título de rey, pero acumuló riquezas, tuvo numerosas mujeres y ejerció una influencia familiar y política considerable. La negativa a aceptar la corona no eliminó la tentación del poder.

El efod de Ofrá

La petición del oro

Gedeón pidió a los israelitas una parte del botín: un aro de oro de cada hombre. Con el oro fabricó un efod y lo colocó en Ofrá. En el contexto bíblico, el efod podía relacionarse con un objeto cultual, pero el relato presenta su resultado de manera negativa: todo Israel acudió allí y el efod se convirtió en una trampa para Gedeón y su familia.9

El pasaje constituye el punto culminante de la ambivalencia del personaje. Gedeón había destruido el altar de Baal y defendido el señorío de Dios; después creó un objeto que favoreció una nueva desviación religiosa. Aunque había rechazado la realeza en nombre del gobierno divino, su prestigio, su riqueza y su iniciativa cultual terminaron alimentando una forma de infidelidad.

Una advertencia sobre el éxito religioso

El efod enseña que una reforma inicial no garantiza la perseverancia. Gedeón supo derribar un altar pagano, pero no evitó convertirse en centro de una devoción ambigua. El peligro no procedía ya de un dios extranjero claramente identificado, sino de la instrumentalización de un símbolo religioso asociado a la victoria.

La narración conserva así una visión equilibrada: Gedeón fue verdaderamente elegido por Dios y realizó una liberación decisiva, pero su elección no lo hizo impecable. La gracia recibida para una misión no suprime la libertad ni impide el pecado personal.

Familia, Abimélec y muerte

Gedeón tuvo setenta hijos, fruto de sus numerosas mujeres. También tuvo un hijo con una concubina de Siquén, al que llamó Abimélec. Después de la muerte de Gedeón, Abimélec desempeñaría un papel central en los conflictos narrados en los capítulos siguientes del libro de los Jueces.9

Gedeón murió anciano y fue enterrado en la tumba de su padre, en Ofrá. Tras su muerte, los israelitas volvieron a prostituirse con los baales y olvidaron al Señor, que los había librado de sus enemigos. También olvidaron la lealtad hacia la casa de Yerubaal, a pesar del bien que Gedeón había hecho por Israel.9

La conclusión muestra la fragilidad de una renovación religiosa apoyada principalmente en la autoridad de un líder. Mientras Gedeón vivió, la tierra disfrutó de cuarenta años de descanso; después, el pueblo regresó a la idolatría. La verdadera fidelidad a la alianza no puede depender únicamente de la presencia de un caudillo carismático.

Gedeón como juez y mediador de la alianza

Más que un jefe militar

Gedeón desempeña varias funciones simultáneas:

  • Liberador militar, porque derrota a Madián.
  • Reformador religioso, porque destruye el altar de Baal.
  • Convocador del pueblo, porque reúne a varias tribus.
  • Mediador de conflictos, porque apacigua a Efraín.
  • Gobernante provisional, porque dirige a Israel durante un período de paz.
  • Figura profética, porque actúa a partir de una palabra y una misión recibidas de Dios.

Reducirlo a un estratega militar empobrece el relato. La guerra constituye el medio histórico de la liberación, pero el problema central es la relación de Israel con Dios. El Señor no busca simplemente que Israel sobreviva a Madián; quiere que el pueblo vuelva a reconocer quién lo ha liberado.

La alianza como centro de la historia

La vocación de Gedeón comienza con el recuerdo del éxodo y con la denuncia de la idolatría. Continúa mediante la destrucción del altar de Baal y alcanza su expresión militar cuando la victoria impide que Israel atribuya la salvación a su propia fuerza. La historia termina, sin embargo, con la recaída del pueblo y la idolatría vinculada al efod.

Esta estructura muestra que la alianza requiere una fidelidad perseverante. Una victoria externa no basta para sanar la infidelidad interior. El juez puede abrir un camino de retorno, pero no puede sustituir la conversión personal y comunitaria del pueblo.

Ambivalencia teológica de Gedeón

Fe y temor

Gedeón escucha la llamada de Dios, formula objeciones, pide signos y finalmente obedece. Su temor no invalida su fe, pero revela que su confianza está en proceso de maduración. El relato muestra una fe concreta, probada y vulnerable.

Reforma y recaída

Gedeón destruye el altar de Baal y levanta un altar al Señor. Sin embargo, el efod de Ofrá se convierte en una trampa religiosa. El mismo personaje que combate la idolatría participa posteriormente en una práctica que desvía al pueblo.

Rechazo de la realeza y ejercicio del poder

Gedeón afirma que el Señor debe gobernar Israel, pero su vida posterior presenta signos de poder personal: riqueza, numerosas mujeres y una descendencia extensa. El texto no lo llama rey, pero tampoco presenta su autoridad como enteramente ajena a las estructuras de dominación propias de su tiempo.

Instrumento de Dios y hombre violento

El Señor utiliza a Gedeón para salvar a Israel, pero la narración también recoge sus amenazas, castigos y actos de venganza. La elección divina no equivale a una canonización de todas las decisiones del elegido. La lectura católica debe mantener juntas ambas dimensiones: Dios obra mediante Gedeón, y Gedeón continúa necesitando conversión.

Gedeón en la tradición cristiana

La tradición cristiana leyó varios episodios de Gedeón como figuras de realidades cumplidas en Cristo y en la Iglesia. San Ambrosio interpretó el vellón, el sacrificio sobre la roca y la batalla de los trescientos desde el misterio de Cristo, de la cruz y de la acción del Espíritu.6,4

También explicó las vasijas rotas y las antorchas como una imagen de la fragilidad humana transformada por la gracia. La luz escondida dentro de recipientes de barro evocaba, para él, la manifestación de la gracia espiritual en personas débiles que confiesan a Cristo.5

Estas interpretaciones no presentan a Gedeón como una anticipación perfecta de Jesucristo. Gedeón es una figura limitada y ambigua; Cristo es el cumplimiento pleno de la salvación. El juez libera mediante una victoria militar temporal, mientras que Cristo vence el pecado y la muerte y comunica la plenitud de la vida divina.

Diferencia entre el Espíritu en Gedeón y la gracia cristiana

El Espíritu del Señor tomó posesión de Gedeón para una tarea histórica determinada: reunir a Israel y conducirlo contra Madián. Esta acción pertenece al modo en que Dios suscitaba líderes carismáticos en el Antiguo Testamento. La presencia del Espíritu capacitaba para una misión concreta, pero no convertía cada acto del elegido en expresión perfecta de la santidad divina.

El Nuevo Testamento manifiesta la plenitud de la gracia en Jesucristo y la comunicación del Espíritu Santo como principio de vida nueva. La interpretación de san Ambrosio contempla los signos de Gedeón desde esa plenitud posterior: la luz, la voz, la roca y el fuego adquieren una profundidad cristológica que el episodio histórico no agotaba por sí solo.5,4

Por eso, la Iglesia puede leer a Gedeón como figura preparatoria sin atribuirle una perfección que no posee. Su historia muestra la acción verdadera de Dios en la historia de la salvación y, al mismo tiempo, la necesidad de una redención más plena que transforme no solo las circunstancias externas, sino también el corazón humano.

Valor espiritual y moral

La historia de Gedeón ofrece varias enseñanzas:

  • Dios puede llamar a personas conscientes de su pequeñez.
  • La misión nace de la presencia de Dios, no del prestigio personal.
  • La reforma de la vida religiosa exige abandonar los ídolos concretos.
  • El éxito no debe atribuirse exclusivamente a la fuerza humana.
  • El miedo puede coexistir con una obediencia auténtica.
  • La prudencia puede evitar divisiones dentro del pueblo.
  • El poder religioso y político puede corromper incluso a quien comenzó defendiendo la verdad.
  • Una victoria temporal no sustituye la perseverancia en la alianza.
  • Los dones recibidos para una misión no garantizan la santidad personal.

La figura de Gedeón invita también a examinar los falsos ídolos que pueden aparecer después de una conversión sincera. El peligro no siempre consiste en abandonar abiertamente a Dios; a veces consiste en convertir los instrumentos de una obra buena -el prestigio, el liderazgo, los símbolos religiosos o los frutos de una victoria- en objetos de confianza desordenada.

Valoración católica

Gedeón pertenece a la historia de la salvación como uno de los jueces suscitados por Dios para liberar a Israel. Su elección, su acción bajo el Espíritu y su victoria sobre Madián manifiestan la iniciativa divina. La Iglesia puede leer su historia como una figura que prepara la comprensión cristiana de la victoria de Dios mediante instrumentos débiles.

Al mismo tiempo, la interpretación católica debe evitar una lectura ingenua o puramente heroica. Gedeón no es un modelo absoluto de conducta. Sus dudas, sus venganzas, su violencia contra Sucot y Penuel, su acumulación de poder familiar y la fabricación del efod revelan una personalidad compleja. El relato bíblico no oculta esas sombras porque la salvación de Dios no depende de la impecabilidad de sus instrumentos humanos.

Gedeón fue juez porque Dios lo llamó; no fue salvador en sentido pleno. Su actuación trajo descanso a Israel durante cuarenta años, pero no impidió la recaída del pueblo. La plenitud de la liberación aguardaba a Cristo, en quien la acción del Espíritu no aparece como un carisma limitado a una empresa política, sino como la comunicación perfecta de la gracia y de la vida divina.

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Jueces 6 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Gedeón. Enciclopedia Católica, Gedeón (1913). 2 3
  3. Jueces. Enciclopedia Católica, Jueces (1913).
  4. El libro, Ambrosio de Milán. Sobre el Espíritu Santo (Libro I), 2. 2 3
  5. Capítulo 14, Ambrosio de Milán. Sobre el Espíritu Santo (Libro I), 167. 2 3 4
  6. El libro, Ambrosio de Milán. Sobre el Espíritu Santo (Libro I), 5. 2 3
  7. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Jueces 7 (1993). 2 3 4
  8. Capítulo 25, Sulpicio Severus. Historia Sagrada, Libro I, Capítulo 25.
  9. La Santa Biblia, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Jueces 8 (1993). 2 3 4 5 6 7 8
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