La crisis religiosa de Israel
El Libro de los Jueces presenta un ciclo repetido: Israel abandona al Señor, adopta el culto de divinidades cananeas, cae bajo la dominación de un enemigo, clama a Dios y recibe un libertador. Tras la muerte de Josué y de la generación que había conocido las obras del Señor, una nueva generación abandonó al Dios de sus antepasados y rindió culto a los Baales y a las Astartés.
La infidelidad religiosa constituye, dentro de la teología narrativa del libro, la causa profunda de la opresión. El autor no interpreta la derrota de Israel como un simple fracaso militar o diplomático. La relaciona con la ruptura de la alianza y con el abandono de los mandamientos recibidos mediante Moisés.
La opresión de Cusán-Risatáyim
Como consecuencia de la infidelidad de Israel, el Señor entregó al pueblo al poder de Cusán-Risatáyim, rey de Aram-Naharaim. Israel permaneció sometido durante ocho años. La designación de Aram-Naharaim suele relacionarse con una región situada en el ámbito de la Alta Mesopotamia, aunque la identificación histórica exacta de Cusán-Risatáyim continúa siendo discutida.
La situación cambió cuando los israelitas clamaron al Señor. El relato afirma que Dios suscitó un libertador: Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
El Espíritu del Señor
El rasgo teológico central de Otniel aparece en la frase: «El Espíritu del Señor vino sobre él». A continuación, el texto afirma que Otniel juzgó a Israel, salió a combatir y recibió de Dios la victoria sobre Cusán-Risatáyim.
La expresión no describe simplemente una emoción religiosa ni una inspiración privada. Dentro del Libro de los Jueces, el Espíritu del Señor capacita al elegido para una misión pública de liberación. Otniel actúa como instrumento de la misericordia divina en favor de un pueblo que ha experimentado las consecuencias de su infidelidad.
La victoria no recibe una explicación basada en la superioridad militar de Otniel. El texto atribuye expresamente el resultado a la intervención de Dios: el Señor entregó al rey enemigo en manos de Otniel y otorgó la victoria a Israel.
El periodo de paz
Después de la victoria, la tierra disfrutó de cuarenta años de paz. El relato concluye esta primera historia con la muerte de Otniel.
El número cuarenta posee en la Biblia un valor frecuente de periodo completo o de duración significativa. En este pasaje, además de indicar la extensión de la paz, establece un contraste con los ocho años de opresión. La liberación obtenida por Otniel no constituye una breve interrupción de la violencia, sino una etapa prolongada de estabilidad.
Tras su muerte, Israel volvió a hacer el mal ante el Señor. El libro comienza entonces un nuevo ciclo de pecado, opresión y liberación, esta vez bajo Eglón, rey de Moab.