La escatología católica ofrece una visión clara y coherente de las realidades eternas, tanto para cada individuo como para la consumación final del cosmos1. Tradicionalmente, se habla de las «cuatro últimas cosas»: muerte, juicio, cielo e infierno1. Para un tratamiento más sistemático, la escatología se divide en individual y universal o cósmica1.
Juicio Particular
Inmediatamente después de la muerte, cada alma es sometida a un juicio particular1,2. En este momento, el destino eterno de cada alma separada es decidido por el justo juicio de Dios2. Las almas que mueren en estado de gracia pero necesitan purificación son limpiadas en el Purgatorio; las almas perfectamente puras son admitidas de inmediato a la visión beatífica de Dios; y aquellas que parten en pecado mortal actual, o solo con pecado original, son consignadas de inmediato al castigo eterno, cuya calidad corresponde a su pecado2. Este juicio individual es una verdad implícita en varios pasajes del Nuevo Testamento (Lucas 16:22 ss.; 23:43; Hechos 1:25) y en la enseñanza del Concilio de Florencia1. El Catecismo del Concilio de Trento también distingue claramente entre el juicio particular y el general, explicando que el primero ocurre cuando cada persona muere y es presentada ante el tribunal de Dios para rendir cuenta de su vida3.
El Regreso de Cristo y la Resurrección de los Cuerpos
El Juicio Final está intrínsecamente ligado a la parusía, la venida visible de Cristo en poder y gloria1,4. Este evento será la señal para la resurrección de los muertos1. La enseñanza católica sostiene que todos los muertos que serán juzgados resucitarán, tanto los malvados como los justos, y lo harán con los cuerpos que tuvieron en esta vida1. Aunque no está formalmente definido, se considera cierto que habrá una única resurrección general y simultánea para todos1. Tras el juicio particular, el cuerpo resucitado compartirá la retribución que el alma recibió5.

