Bienes y servicios básicos
La distribución de recursos destinados a la protección social, la sanidad y las pensiones ofrece ejemplos concretos de justicia distributiva. La evaluación moral de un sistema de prestaciones atiende a si los bienes comunes llegan a los miembros de la sociedad, si las reglas son justas y si las personas necesitadas pueden acceder a servicios esenciales.
La aplicación de estos criterios no prescribe un único modelo administrativo o económico. Sí plantea una pregunta moral común a modelos diversos: si las instituciones distribuyen los recursos de modo que nadie quede apartado de los bienes y servicios básicos y si atienden debidamente a las contribuciones y necesidades relevantes.
Impuestos y cargas públicas
Los impuestos y otras obligaciones públicas son cargas que la comunidad distribuye entre sus miembros. La tradición católica considera injusto imponerlas sin atender a las capacidades de las personas, del mismo modo que considera injusto repartir los beneficios públicos sin respetar criterios de equidad. La evaluación concreta exige examinar la finalidad de la carga y la proporción que recae sobre cada miembro.,
La autoridad puede exigir contribuciones orientadas al bien común, pero su poder no elimina la obligación de actuar justamente. El reparto de cargas debe guardar relación con las capacidades y circunstancias pertinentes, mientras que las decisiones públicas también han de respetar los derechos de las personas.
Cargos, honores y responsabilidades
La adjudicación de puestos, funciones y reconocimientos también entra en el ámbito distributivo cuando una autoridad o comunidad los asigna. La justicia requiere considerar la idoneidad, los servicios y los méritos pertinentes, en lugar de favorecer a alguien por su riqueza o condición social. Una distribución arbitraria de cargos y honores perjudica tanto a las personas afectadas como a la confianza en las instituciones.,
Propiedad privada y distribución de bienes
La justicia distributiva no equivale a negar la propiedad privada ni a atribuir al Estado un poder ilimitado sobre los bienes. La tradición católica clásica reconoce la propiedad como un derecho y, al mismo tiempo, admite la regulación de su ejercicio por razones de bien común. La tarea distributiva concierne a bienes comunes y obligaciones sociales, sin borrar la distinción entre lo común y lo que pertenece legítimamente a personas particulares.,
La administración de recursos compartidos debe distinguirse del bien común en sentido estricto. Algunos bienes comunes pueden distribuirse y pasar al uso particular; el bien común como orden de participación social, en cambio, no funciona como un objeto que pueda dividirse y entregarse por completo a individuos. La justicia exige organizar tanto el acceso a bienes repartibles como la participación de las personas en la vida de la comunidad.,