La preocupación por una distribución justa de los bienes no es nueva en la enseñanza católica, aunque el término «justicia distributiva» y su desarrollo sistemático se han consolidado a lo largo de los siglos, especialmente con el surgimiento de la doctrina social de la Iglesia.
Primeras Reflexiones
Desde los primeros Padres de la Iglesia hasta los grandes teólogos medievales como Santo Tomás de Aquino, la reflexión sobre la propiedad y la distribución de los bienes siempre estuvo presente. Santo Tomás, por ejemplo, consideraba que Dios es el distribuidor de todas las perfecciones y que la justicia distributiva se refiere a lo que la comunidad debe a sus ciudadanos en proporción a su contribución y necesidades1. La justicia, como virtud social, implica dar a Dios y a cada persona lo que le corresponde2.
Rerum Novarum y el Nacimiento de la Doctrina Social
La encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891) marcó un hito crucial al abordar la «condición de los obreros» y la injusticia social que afectaba a las masas trabajadoras3,4. En ella, el Papa León XIII enfatizó que el Estado tiene el deber principal de actuar con estricta justicia —la que se llama distributiva— hacia todas las clases por igual5. Subrayó que, aunque no todos contribuyen de la misma manera, los intereses de todos son iguales ante el Estado, y la administración pública debe velar por el bienestar de las clases trabajadoras para no violar la ley de justicia que ordena dar a cada uno lo suyo5,6. La encíclica también defendió la propiedad privada como un derecho fundamental, pero insistió en que debe estar al servicio del bien común y que el gobierno tiene el deber de proteger a los pobres y necesitados7,8.
Quadragesimo Anno y la Consolidación del Concepto
Cuarenta años después, Pío XI, en su encíclica Quadragesimo Anno (1931), profundizó en la cuestión de la justicia distributiva y la justicia social. El Papa Pío XI afirmó que a cada uno debe dársele su parte de los bienes, y que la distribución de los bienes creados debe ser efectivamente devuelta y ajustada a las normas del bien común, es decir, a la justicia social9. Denunció la enorme disparidad entre los pocos extremadamente ricos y la innumerable masa de desposeídos9. Enfatizó que la riqueza, que aumenta continuamente con el progreso económico y social, debe distribuirse de tal manera que se preserve intacto el bien común de toda la sociedad, prohibiendo que una clase excluya a la otra de la participación en los beneficios10.
Desarrollos Posteriores
Pío XII, en su mensaje radiofónico a los trabajadores españoles (1951), reiteró la importancia de una distribución más justa de la propiedad y denunció la situación social donde, frente a un pequeño grupo de privilegiados y riquísimos, hay una enorme masa popular empobrecida, aunque reconoció que siempre habrá desigualdades económicas11. Juan Pablo II, en un discurso a la juventud europea (1982), también hizo hincapié en la distribución equitativa de los bienes de la tierra, urgiendo a los cristianos a remediar las desigualdades que impiden a gran parte de la humanidad satisfacer sus necesidades más básicas12.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (2004) resume que la justicia es un valor que acompaña el ejercicio de la virtud moral cardinal y que se traduce en la voluntad constante y firme de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido13. Destaca la importancia de la justicia social como un desarrollo real de la justicia general, que regula las relaciones sociales según el criterio de la observancia de la ley, y que concierne a los aspectos sociales, políticos y económicos, así como a la dimensión estructural de los problemas y sus soluciones13.
