La bioética católica, entendida con seriedad, no es solo una disciplina aplicada a casos clínicos: posee un alcance cultural, político y jurídico. Por eso, cuando se discute bioética se está discutiendo también qué valores han de encuadrar el derecho civil y cómo deben dialogar la ciencia y la moral.1
En este marco, la justicia aparece como una virtud y como un principio moral con consecuencias concretas en medicina. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la justicia consiste en la «voluntad firme y constante de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido».4
Cuando se aplica a la bioética, «dar lo debido» implica, por ejemplo, que los pacientes no sean tratados como medios, que el sistema sanitario no seleccione arbitrariamente a quién atiende y que la sociedad asuma su responsabilidad ante el sufrimiento real, especialmente el de los vulnerables. Esta orientación no es una opción secundaria: en la perspectiva cristiana, justicia y caridad no son caminos alternativos, sino inseparables.2,3
