La justicia restaurativa, desde la óptica católica, se define como un modelo de resolución de conflictos que busca restaurar las relaciones rotas por el pecado o el delito, priorizando la reconciliación entre el ofensor, la víctima y la comunidad. A diferencia de enfoques puramente retributivos, que se centran en la proporcionalidad del castigo, este paradigma incorpora elementos de misericordia y reparación, reconociendo que la verdadera justicia debe sanar las heridas causadas y promover el bien común.
Entre sus principios clave se encuentran:
Reconocimiento de la dignidad humana: Toda persona, incluso el delincuente, es creada a imagen de Dios y merece oportunidades de redención.3
Proporcionalidad y corrección: El castigo debe ser justo y orientado a la reforma del ofensor, no a la venganza.4
Reconciliación social: La paz surge del perdón mutuo y la integración del culpable en la sociedad.5
Estos principios se alinean con la virtud cardinal de la justicia, descrita como la «constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo su debido», extendiéndose a formas como la justicia conmutativa, distributiva y social.1
