La Trinidad como misterio salvífico
Rahner criticó el aislamiento de la doctrina trinitaria respecto de la vida cristiana. Consideraba paradójico que los cristianos profesasen la fe en la Trinidad y, sin embargo, viviesen su relación con Dios de una manera prácticamente ajena a esa verdad.
Para él, la Trinidad no constituye un tratado abstracto separado de la historia de la salvación. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan realmente en la creación, la encarnación, la redención, la gracia y la vida de la Iglesia. La doctrina trinitaria tiene carácter salvífico porque revela quién es Dios y cómo comunica su propia vida a la humanidad.
Rahner relacionó la reflexión trinitaria con la cristología y la pneumatología. Por esa razón, consideraba conveniente estudiar la Trinidad después de haber tratado la autocomunicación de Dios, Jesucristo y la gracia.
El axioma fundamental
La formulación más famosa de su teología trinitaria recibe el nombre de axioma fundamental:
«La Trinidad económica es la Trinidad inmanente y la Trinidad inmanente es la Trinidad económica».
La Trinidad económica designa la acción de Dios en la historia de la salvación. La Trinidad inmanente designa la vida eterna de Dios en sí mismo. Rahner quiso expresar que el Dios que actúa en la historia no es distinto del Dios eterno. La revelación de Dios en Jesucristo y en el Espíritu Santo manifiesta realmente la vida divina.
La encarnación del Hijo constituye para Rahner un ejemplo decisivo. Jesús no es simplemente Dios en sentido genérico hecho hombre: el Hijo se hace hombre. La misión histórica de una Persona divina permite relacionar la economía salvífica con la vida trinitaria eterna.
Debates sobre el axioma
Diversos teólogos consideraron ambigua la afirmación en su forma completa, especialmente por la expresión «y a la inversa». Walter Kasper aceptó que la Trinidad manifestada en la historia revela la Trinidad eterna, pero rechazó equiparar sin matices ambas dimensiones. La acción histórica de Dios revela verdaderamente quién es Dios, aunque la encarnación y la economía salvífica introduzcan condiciones históricas, creadas y temporales que no pueden identificarse sin más con la vida eterna de Dios.
La crítica sostiene que la Trinidad económica posee una auténtica historicidad. El Hijo eterno existe desde siempre como Hijo del Padre, pero mediante la encarnación comienza a existir de un modo nuevo en la historia: como hombre verdadero. La generación eterna del Hijo y su nacimiento histórico de María no constituyen dos acontecimientos equivalentes.
Rahner reconoció también una distancia entre la Trinidad revelada en la economía y la plenitud de la Trinidad eterna. La autocomunicación divina alcanzará su plenitud escatológica en la visión beatífica; durante la historia, Dios se comunica mediante una condescendencia que incluye humillación, servicio y kénosis, es decir, abajamiento.