«Vaciarse» no es perder lo divino
La teología católica interpreta la kénosis como la abajamiento del Verbo que consiste en dos elementos unidos:
Asunción real de la humanidad: el Hijo entra en la condición de criatura, con un modo de existir verdaderamente humano.
Ocultamiento simultáneo de la divinidad: la gloria divina no desaparece, pero su manifestación visible no domina la escena cotidiana; aparece bajo el velo de la vida humana.
Esta comprensión evita una lectura equivocada que convertiría la kénosis en una especie de «abandono» de la divinidad. En la interpretación de la tradición escolástica, «vaciarse» se explica como un modo nuevo de existir: Cristo no deja de ser Dios, sino que comienza a existir de un modo nuevo en la tierra mediante la asunción de lo humano.
La explicación de Tomás de Aquino: asumir lo que no es y no «quitar» lo que es
En el comentario a Filipenses, Tomás de Aquino subraya que no se trata de que Cristo «se vacíe» de su naturaleza divina (porque permanecería plenamente lo que es), sino de que «vaciarse» significa que asume aquello que no era: la naturaleza humana.
Por eso, «vaciarse» no se entiende como una renuncia que cambia el sujeto divino, sino como el inicio de una existencia en condiciones humanas: como bajar «de cierta manera» no equivale a dejar de existir en el cielo, así «vaciarse» no equivale a abandonar la divinidad, sino a existir de modo verdaderamente nuevo por la Encarnación.
Kénosis y verdadera humanidad: forma de siervo, semejanza humana y límites
El mismo pasaje bíblico describe el contenido de la asunción: «forma de siervo» y «semejanza humana». Tomás de Aquino interpreta que Cristo asume una condición humana completa en lo que corresponde a la especie humana, con excepciones vinculadas a la santidad: se incluyen límites y propiedades humanas (como cansancio, hambre y otros), con la notable excepción del pecado.
En la exposición católica clásica se afirma igualmente que la humillación de Cristo no implica una pérdida efectiva de justicia o santidad; más bien, se manifiesta en los padecimientos asumidos (los dolores y penurias propios del modo humano, sin que eso reduzca la santidad del Verbo).