La noción de kerygma está profundamente arraigada en las Escrituras, tanto en la predicación de Jesús como en la de los apóstoles.
La Proclamación de Jesús
Jesús mismo inició su ministerio público con una proclamación kerygmática. El Evangelio de Marcos, por ejemplo, registra: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Esta declaración encapsula los elementos esenciales del kerygma: el anuncio de la acción salvífica de Dios (el Reino está cerca), la invitación a una respuesta (convertíos) y la llamada a la fe (creed en el Evangelio). Aunque el recurso proporcionado menciona las palabras de Jesús en la cruz y la resurrección como kerygma, la tradición bíblica y teológica generalmente se refiere a la proclamación inicial de su ministerio como el kerygma fundacional de Jesús.
Los Apóstoles y la Primera Predicación
Después de la resurrección y Pentecostés, los apóstoles continuaron la misión de Jesús, proclamando el kerygma con poder.
El Kerygma de Pedro
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, encontramos el ejemplo más claro de la predicación kerygmática. Tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, Pedro se levanta y pronuncia un discurso que se considera un modelo del kerygma apostólico. Sus puntos clave incluyen:
La explicación de los eventos actuales a la luz de las Escrituras.
La afirmación de que Jesús de Nazaret, a quien crucificaron, ha sido constituido por Dios como Señor y Cristo.
La proclamación de su resurrección de entre los muertos.
La invitación a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados y la recepción del Espíritu Santo: «Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,38).
El Kerygma de Pablo
San Pablo, el Apóstol de los Gentiles, también articuló el kerygma en sus cartas y predicaciones. En su primera carta a los Corintios, resume el contenido esencial de su evangelio: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué… que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y luego a los Doce» (1 Co 15,1-5). Esta es la formulación más concisa y teológicamente densa del kerygma paulino, centrada en la Pascua de Cristo. El pasaje de 1 Cor 1:17, donde Pablo menciona «¿Qué es el kerygma?», hace referencia a la predicación del Evangelio, subrayando que su poder no reside en la elocuencia humana, sino en la cruz de Cristo.