En el uso cristiano, kerygma designa ante todo el anuncio público de Jesucristo como Señor resucitado. Su núcleo es el acontecimiento pascual: la muerte de Cristo y su resurrección. No consiste simplemente en transmitir información religiosa, sino en proclamar un acontecimiento salvífico e invitar a quien escucha a responder con fe.1
La fe cristiana nace de la escucha de la Palabra. El anuncio apostólico presenta a Jesús y llama a creer en él; esa respuesta conduce a la conversión, al bautismo y al seguimiento de Cristo. Por ello, el kerygma posee una dimensión doctrinal y, a la vez, personal y comunitaria: anuncia quién es Jesús y convoca a una nueva forma de vida.1
El anuncio no queda reducido a una fórmula verbal. La vida de la comunidad cristiana ofrece también un testimonio del Evangelio que proclama. Palabra y testimonio se corresponden: la comunidad anuncia al Resucitado y procura que su vida haga visible esa fe.1


