Nombre y actividad evangelizadora
Francisco José «Kiko» Argüello inició, junto con Carmen Hernández, una experiencia de evangelización dirigida inicialmente a personas alejadas de la Iglesia y a habitantes de ambientes socialmente marginados. Con el tiempo, aquella experiencia dio origen al Camino Neocatecumenal, extendido posteriormente por numerosas diócesis y países.
Juan Pablo II reconoció expresamente a Kiko Argüello como cofundador del Camino Neocatecumenal junto con Carmen Hernández. En un encuentro celebrado en 2002, el papa agradeció su servicio y relacionó su intervención pública con la fidelidad del Camino a la Sede de Pedro y con el amor a la Iglesia.1
La documentación pontificia disponible presenta a Argüello ante todo como iniciador y responsable de un carisma eclesial, no como fundador de una congregación religiosa ni como titular de una jurisdicción propia. El Camino nació como un itinerario de formación cristiana vinculado a las parroquias y sometido a la autoridad de la Iglesia.
Colaboración con Carmen Hernández
Carmen Hernández desempeñó un papel decisivo en los orígenes, desarrollo teológico y expansión del Camino. La Iglesia reconoce a ambos como iniciadores de la realidad neocatecumenal. Juan Pablo II hablaba de Argüello y Hernández como los iniciadores del Camino y vinculaba su experiencia a la renovación de la vida bautismal y a la evangelización contemporánea.2
La colaboración entre ambos permitió articular una propuesta que combina:
- Anuncio kerigmático, es decir, proclamación central de la muerte y resurrección de Jesucristo.
- Formación bíblica.
- Celebración litúrgica.
- Vida comunitaria.
- Participación de sacerdotes.
- Misión evangelizadora.
- Discernimiento progresivo de la vocación cristiana.
Presencia pública en la Iglesia
Argüello ha ejercido su actividad principalmente mediante la predicación catequética, la formación de equipos de catequistas, la composición musical y la organización de iniciativas misioneras vinculadas al Camino Neocatecumenal.
Juan Pablo II recibió a sacerdotes y catequistas del Camino en distintas ocasiones. En 1985 recordó la participación espiritual de las comunidades neocatecumenales en la preparación del Sínodo extraordinario celebrado con motivo del vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. En aquel contexto, el Papa presentó el Camino como una experiencia fundada en la dimensión bautismal de la existencia cristiana.3

