El término koinonía tiene sus raíces en el Nuevo Testamento griego, donde se utiliza para describir diversas formas de relación y participación1,2. San Pablo lo emplea para articular la relación entre Jesús y los cristianos, así como la unidad entre los propios cristianos2.
Comunión con la Santísima Trinidad
La koinonía cristiana se origina en la comunión trinitaria de Dios: la unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo3,4. Esta unidad divina es el modelo y la fuente de la comunión que se concede a los creyentes como un don de santificación4. La comunión teologal y trinitaria de cada fiel con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se extiende y se derrama en la comunión de los creyentes entre sí, uniéndolos en un solo pueblo3.
Participación en Cristo y el Espíritu Santo
La unión con Dios en Cristo Jesús a través del Espíritu es el corazón de la koinonía cristiana5. Los creyentes participan en la misma realidad divina, convirtiéndose verdaderamente en miembros del Cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo5. Esta participación no es meramente pasiva, sino un compartir activo en la vida de Cristo2. San Pablo, en 2 Corintios 13:13, habla de la «comunión del Espíritu Santo»2,6.
