Primeras referencias litúrgicas
Los primeros indicios de la celebración de la anunciación aparecen en el siglo VII, cuando el Concilio de Trullo (692) estableció la conmemoración del «Evangelismo» el 25 de marzo1. En la tradición occidental, la fiesta se menciona en el Sacramentario de San Gregorio (604) y de Gelasio (496), aunque su difusión generalizada se consolidó en el siglo séptimo en Roma2.
Desarrollo en la liturgia occidental
Con el tiempo la anunciación pasó a ser una solemnidad dedicada tanto a Cristo como a la Madre de Dios. El Concilio de Trento y posteriores reformas litúrgicas mantuvieron la fecha, y el Papa Pablo VI, en Marialis Cultus, reafirmó la restauración del título «Anunciación del Señor» como una celebración conjunta del Incarnado Verbo y de la Virgen María3. El Papa Juan Pablo II resaltó que la veneración a la Madre de Dios «invierte todo el año litúrgico» y que la anunciación marca el inicio de la expectativa mariana que culmina en la Navidad4.

