Qué significa «demostrar»
En filosofía, una demostración no tiene que consistir necesariamente en un experimento repetible. Una demostración racional parte de premisas conocidas y llega mediante una inferencia válida a una conclusión. La demostración metafísica estudia los principios últimos de la realidad, mientras que la ciencia natural analiza las causas próximas y las regularidades de los fenómenos.
Santo Tomás de Aquino distingue entre dos clases de demostración:
- La demostración a priori, que parte de la causa para llegar al efecto.
- La demostración a posteriori, que parte de los efectos conocidos y asciende racionalmente hacia su causa.
Como las criaturas resultan más conocidas para la experiencia humana que Dios, la existencia de Dios puede investigarse a partir de sus efectos. Santo Tomás sostiene que, cuando existe un efecto y conocemos que depende de una causa, la razón puede avanzar desde el efecto hacia la causa correspondiente.
La contingencia y el fundamento último
Las realidades del mundo son contingentes: pueden existir o no existir, comienzan a existir, cambian y dependen de otras realidades. Nada contingente posee en sí mismo la explicación completa de su existencia. La filosofía pregunta entonces por el fundamento último de un conjunto de seres que no tienen en sí mismos la razón suficiente de existir.
El razonamiento no afirma simplemente que cada acontecimiento tenga una causa anterior dentro del universo. Pregunta por qué existe el conjunto de causas dependientes y por qué hay realidad en lugar de nada. La respuesta teísta identifica el fundamento último con un Ser no contingente, cuya existencia no depende de otro. La tradición cristiana llama Dios a ese Ser necesario y fundamento de todo lo creado.,
El movimiento y la causalidad
La primera de las llamadas cinco vías de Santo Tomás parte del movimiento. «Movimiento» no significa únicamente desplazamiento físico, sino también cambio: paso de la potencia al acto. Todo lo que cambia recibe la actualización de una realidad que ya está en acto respecto de ese cambio.
Una serie de causas subordinadas no puede explicar adecuadamente la actualidad presente si carece de un principio primero. Santo Tomás compara esta relación con los instrumentos de un artesano: una sierra corta porque recibe su eficacia dentro de una actividad ordenada por el carpintero. De modo análogo, las causas dependientes requieren un fundamento primero que no dependa de otra causa del mismo modo. A ese primer motor la razón lo llama Dios.
Este argumento no pretende localizar un acontecimiento inicial dentro de una cronología cósmica. Su propósito consiste en explicar la dependencia actual de las realidades cambiantes. Por ello, no equivale sin más a una teoría física sobre el comienzo del universo.
El orden, la inteligibilidad y la inteligencia
El universo manifiesta estructuras ordenadas e inteligibles. La ciencia puede describir matemáticamente muchas regularidades naturales, pero la metafísica pregunta por qué la realidad resulta cognoscible y por qué posee un orden que la razón puede comprender.
La tradición católica interpreta el orden del mundo como signo de una inteligencia creadora. La existencia de seres racionales, capaces de verdad y libertad, también plantea una cuestión filosófica: si la realidad última careciera por completo de inteligencia, resultaría difícil explicar el origen de la inteligencia sin reducirla a una ilusión. La argumentación clásica concluye que la causa debe poseer, de modo eminente, las perfecciones que aparecen en sus efectos, aunque no de una manera material o limitada.
Este razonamiento no convierte cada detalle natural en una prueba aislada ni autoriza a sustituir la investigación científica por explicaciones religiosas improvisadas. La finalidad consiste en mostrar que la estructura de la realidad resulta compatible con una causa inteligente y trascendente, y que la pregunta por esa causa pertenece a la filosofía.