Algunas expresiones católicas dirigidas a María pueden parecer, fuera de su contexto teológico, semejantes a las empleadas en la oración dirigida a Dios. Los católicos llaman a María «Madre de Dios», «Señora», «Reina», «Abogada» o «Mediadora». También le piden que interceda, celebran fiestas en su honor, peregrinan a santuarios marianos y emplean imágenes, himnos y oraciones de gran intensidad afectiva.
Estas prácticas pueden llevar a la conclusión equivocada de que María ocupa el lugar de una divinidad. Sin embargo, la Iglesia distingue cuidadosamente entre la grandeza recibida por María y la divinidad, que ella no posee. María es una criatura redimida por Cristo y elevada por la gracia; no es eterna, omnipotente, omnisciente ni creadora.
La dificultad aumenta cuando ciertas expresiones devocionales se traducen literalmente o se interpretan desde categorías ajenas a la teología cristiana. La palabra «culto», por ejemplo, puede designar en sentido amplio una manifestación pública de honor, pero la Iglesia reserva la adoración propiamente dicha a Dios. El uso popular de términos como «adorar» para expresar admiración o amor no modifica la doctrina católica sobre el culto divino.
